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POR NUESTROS COMPAÑEROS MUERTOS EN ENFRENTAMIENTOS, POR LOS SECUESTRADOS Y DESAPARECIDOS, MIENTRAS REALIZABAN EL SERVICIO MILITAR OBLIGATORIO, POR LOS VETERANOS NO RECONOCIDOS, POR UN RECONOCIMIENTO
HISTÓRICO A LOS COMPAÑEROS DE MALVINAS, POR QUIENES SOBREVIVIMOS.


JUEVES 17:00 a 19:00 HORAS-AM 740 RADIO REBELDE


Realizan La Voz de los Colimbas...


Gustavo Capra y Ricardo Righi.




Nosotros podríamos ser los Desaparecidos...Hay que Testimoniar...

Nosotros podríamos ser los Desaparecidos...Hay que Testimoniar...


Si cuando hiciste la colimba,
pasaste por situaciones extremas, hacia tu persona o viste gente secuestrada o algún compañero fue secuestrado o asesinado, no sigas sufriendo tu silencio...
"La Voz de los Colimbas" te escucha ponete en contacto y descarga esa mochila, los colimbas también fuimos victimas, nadie te va a entender mejor que otro colimba.
Si no deseas dar tus datos, te comunicas en forma anónima, no hay problemas...
Tu testimonio es confidencial y puede ayudar mucho.

Por correo a: lavozdeloscolimbas@yahoo.com.ar

Por teléfono: 154-091-1192

Ricardo Righi


Mostrando las entradas con la etiqueta lesa humanidad. Mostrar todas las entradas
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martes, 4 de octubre de 2011

Spot Colimbas 75-83

La Dra. Graciela Eder, es hermana de Rodolfo Mario Eder, quien realizaba el Servicio Militar Obligatorio en la Escuela de Suboficiales "Sargento Cabral" era colimba y es es uno de los tantos desaparecidos de la nefasta dictadura civico/militar.
Gracias Graciela, por tu participacion en este nuevo Spot.




Agradecemos la deferencia y colaboración de Taller Imagen.
Spot grabado y editado por Marcelo Goyeneche.
Idea y producción de "La Voz de los Colimbas"

Spot Colimbas 75-83

Miriam Lewin es Periodista, realizó y realiza, Prensa Escrita, Radio, Televisión y Periodismo de Investigación.
Miriam, fue secuestrada y torturada, pero su paso por la ESMA, no doblego su espíritu, en el spot, su voz impacta, es pura Pasión una Pasión que pone en cada cosa que hace.
Gracias Miriam, por tu predisposición y colaboración en el presente Spot.



Agradecemos la deferencia y colaboración de Taller Imagen.
Spot grabado y editado por Marcelo Goyeneche.
Idea y producción de "La Voz de los Colimbas"

Spot Colimbas 75-83

Horacio Pietragalla Corti, hijo de desaparecidos/asesinados por la dictadura cívico/militar y nieto Nº 75, recuperado de quienes lo habían apropiado, por Abuelas Plaza de Mayo.
Gracias Horacio,  por tu predisposición y colaboración para esta serie de Spots.



Agradecemos la deferencia y colaboración de Taller Imagen.
Spot grabado y editado por Marcelo Goyeneche.
Idea y producción de "La Voz de los Colimbas"

Spot Colimbas 75-83

El Dr. Horacio Verstraeten, realizo la colimba en el R.I. 3 de La Tablada, allí fue testigo de un hecho que marco su vida para siempre, lo que vivió se encuadra dentro de Crímenes de Lesa Humanidad.
Horacio, brindo su testimonio ante la Justicia, hoy le agradecemos su participacion en este nuevo Spot. Gracias Horacio.


Agradecemos la deferencia y colaboración de Taller Imagen.
Spot grabado y editado por Marcelo Goyeneche.
Idea y producción de "La Voz de los Colimbas"

viernes, 16 de septiembre de 2011

Sara Steimberg

Luis Pablo Steimberg fue un colimba secuestrado y desaparecido, su mamá Sara Steimberg, grabó este spot en el que solicita, a todos aquellos ciudadanos que hicieron la colimba durante la dictadura y tengan datos para aportar, referidos crímenes de Lesa Humanidad, se comuniquen con  la Secretaria de Derechos de la Nación.


Todo aporte de datos será confidencial, manda un mail a: colimba75-83@justicia.gov.ar
Teléfonos:

011 5167-6523
011-5167-6524
011-5167-6525




Agradecemos la deferencia y colaboración de Taller Imagen.
Spot grabado y editado por Marcelo Goyeneche.
Idea y producción de "La Voz de los Colimbas"

viernes, 4 de febrero de 2011

Juicio a Represores


“Quisieron que el miedo nos paralizara”

El abogado Pablo Llonto pidió prisión perpetua para los represores acusados de los secuestros y asesinatos de Gastón Gonçalves y Diego Muniz Barreto. Hizo hincapié en el carácter de “genocidio” del plan sistemático aplicado por la dictadura.


Por Alejandra Dandan



-----------------------------------------------------Ana Oberlín y Pablo Llonto

“Quisieron que tuviéramos miedo de la ideología y que ese miedo nos paralizara, pero queremos decir que Gastón Gonçalves era un cuadro de Montoneros; que los hermanos Guillermo y Luis Rodolfo D’Amico eran orgullosamente militantes de la JP y Diego Muniz Barreto, diputado de la Tendencia y un militante político que luchó contra todo tipo de injusticias: ésos son nuestros héroes y desaparecidos –dijo Pablo Llonto– y quienes en la ausencia nos enseñaron a vivir pensando en construir un mundo más justo, más libre y más igualitario.”

Con uno de los ejes puestos en la militancia política de las víctimas de la represión, se abrió la última etapa de alegatos del juicio a Luis Abelardo Patti, y los generales Omar Riveros y Reynaldo Bignone entre otros represores. En el auditorio municipal de José León Suárez, las querellas representadas por Pablo Llonto y Ana Oberlín retomaron la condición de militantes políticos de las víctimas para fundamentar un pedido de condena a prisión perpetua para todos los acusados en el marco de un genocidio. En la lectura del marco general y de las pruebas, pidieron en distintos momentos a los jueces del Tribunal Oral Federal 1 de San Martín que, como viene sucediendo en otros juicios, mencionen la palabra genocidio en la condena y además exhorten a los legisladores a avanzar con una legislación penal que empiece a mirar desde ese lugar la historia reciente en Argentina. Un genocidio definido a su vez como político: “Preferimos calificarlo como genocidio político reconociendo que todos los genocidios son ideológicos, pero los genocidas, entre los que se encuentran los cinco que se están juzgando aquí, querían exterminar a quienes querían impulsar una revolución en la sociedad”, dijo Llonto. El rol de la prensa durante la dictadura y la discusión sobre cómo avanzar con las condenas a perpetua cuando para hacerlo la Justicia todavía requiere de cuerpos o de la materialidad a los desaparecidos.

Las audiencias de José León Suárez recomenzaron después de un mes. El debate había terminado en diciembre con el alegato de los fiscales que pidieron perpetua a los cinco acusados de la causa: Riveros, Bignone, Patti pero además Fernando Meneghini que era el jefe de la comisaría de Escobar durante la dictadura y superior directo de Patti y Martín “El Toro” Rodríguez, torturador de Campo de Mayo y uno de los jefes del centro clandestino. La sala estuvo repleta desde temprano de militantes, integrantes de los organismos de derechos humanos y de la Comisión de Campo de Mayo, hijos y familiares de las víctimas. Del lado de los acusados, estuvo Meneghini y como en cada una de las audiencias, volvió a faltar la figura de Patti. El represor permaneció alojado en una ambulancia durante las primeras tres horas, luego de las cuales uno de los médicos anunció que debía irse por problemas de presión.

Llonto habló poco más de tres horas. Explicó especialmente por qué se estaba hablando de genocidio. Antes de arrancar, sin embargo, detalló una de las particularidades del juicio con un dato: entre las víctimas –dijo– no hay ningún sobreviviente: los dos que no murieron durante la represión, lo hicieron más tarde. Son Juan José Fernández, secretario privado del ex diputado Diego Muniz Barreto que se escapó del auto en el que los arrojaron al río y murió en España. Y también murió el secuestrado y luego liberado Osvaldo Ariosti.

“Las víctimas no están, los victimarios son los que están vivos –marcó Llonto–, pero a las víctimas no las derrotaron, van a retornar sus pensamientos, sus vidas, sus rostros.” Este juicio, siguió, tiene entre los acusados a uno de los represores más jóvenes que tuvo la dictadura: Luis Abelardo Patti que entonces tenía 28 años y acaso uno de los más viejos: Omar Riveros, el general de la muerte, dijo, que entonces tenía 53 años y ahora tiene 87.

Luego de algunos acuerdos, la querella descartó la idea de acusar por el delito de genocidio cuya tipificación en el país está en discusión y que fue un camino de avanzada que usó la fiscalía de Alejandro Alagia en la causa ABO (Atlético, Banco y Olimpo). Optó, en cambio, por el modelo abierto a partir de la sentencia de Carlos Rozanski en La Plata y reforzado por el fallo del Tribunal Oral Federal de Santiago del Estero en el juicio de Cecilio Kamenetzky del año pasado. Ambos fallos, con diferencia de matices, incluyeron la palabra genocidio en la condena: lo que ahora las querellas pidieron al tribunal.

“La represión nazi no incluyó sólo a los judíos”, dijo Llonto cuando intentó explicar por qué el exterminio al enemigo político debería ingresar en la misma categoría. La represión nazi, dijo, incluyó además a “comunistas, anarquistas, homosexuales, gitanos, discapacitados, como aquí sucedió donde miles de ellos estuvieron secuestrados en los campos de concentración”. Para marcar el carácter político del exterminio nazi habló de la Operación Barba Roja y del caso de Margaret Neumann, miembro del Partido Comunista que tras exiliarse en la Unión Soviética a pedido de Hitler fue devuelta a las cárceles alemanas por Stalin. Nombró, además, las presiones de la Unión Soviética y Estados Unidos para retirar la mención de “grupo político” de la definición de genocidio de la Convención de 1948. “Entonces nos quedó el fatídico artículo dos –dijo–: cualquiera de los actos mencionados a continuación para destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso son considerados genocidio y ya no hay más grupo político”, indicó. “Pero aun usando esa estrecha definición, señoras juezas y señor juez, queremos decir que acá en Argentina hubo un genocidio.” Pero, aclaró, “a no preocuparse: porque no discutimos la tipificación, discutimos el concepto para saber si hubo o no”.

"...Aviva giles..."

Durante las audiencias, uno de los testigos contó que alguna vez Patti le explicó por qué se habían llevado a su hermano: “Tu hermano era peligroso –le dijo– porque avivaba giles”. Llonto lo retomó para hablar de ese mismo rol político de los militantes y recuperar palabras como la lógica revolucionaria. “Un término muy argentino que marca a este genocidio político –dijo– al que le molestaba que hubiera jóvenes que avivaran a otros jóvenes, que era despertarles una conciencia de militancia; los genocidas querían giles; querían jóvenes que no discutieran de política, de derechos laborales, de revolución o de lo que pasaba en Latinoamérica.”

El alegato que incluyó la construcción sobre qué sucedió con cada una de las víctimas y la evaluación de las pruebas, se detuvo en asuntos pendientes que están siendo revisados en los juicios. Uno de ellos fue el rol de la Justicia durante la dictadura y la prensa: “Nunca fue debidamente publicado cómo murió Diego Muniz Barreto”, dijo Llonto. Los medios publicaron la falaz noticia del accidente, y eso no era cierto. Habló de “esta vergüenza de la prensa” y también de las escasas excepciones como la agencia Ancla y Rodolfo Walsh que 17 días después del crimen llegó a incluir el dato del asesinato en su Carta a las Juntas. También, el caso de Robert Cox que desde el Buenos Aires Herald “abrió una pequeña ventana para que las penas de los familiares se convirtieran en gritos de auxilio”.

Los cuerpos

La ausencia de cuerpos hizo que los fiscales primero y luego Llonto y Oberlín no pudieran pedir condenas a perpetua por cuatro homicidios, sino por dos porque los otros dos cuerpos no están, son desaparecidos. “Los hermanos D’Amico están desaparecidos pero no vamos a negar que están muertos, sin embargo no vamos a poder reclamar por el homicidio de ellos.” Es la paradoja, dijo, de tener que pedir dos condenas por homicidio por el caso de Gonçalves y de Muniz Barreto, mientras habrá que seguir buscando los otros restos. En ese sentido, también pidió al Tribunal una revisión hacia atrás: que exhorte a los juzgados de instrucción para entender que en los casos de genocidio y terrorismo de Estado, el hecho de que los cuerpos de las personas asesinadas no hayan sido encontrados no impida que se encare la instrucción por homicidio: “Penal y procesalmente se sabe que la ausencia de un cadáver no impide tener probado un homicidio”.

Luego de describir la responsabilidad de cada uno de los acusados con las víctimas, indicó que en Escobar “hubo un circuito que comenzaba en la comisaría de Escobar o Garín, seguía en la Unidad Regional y terminaba en Campo de Mayo, como le pasó a Muniz Barreto. Allí se decidía el destino final del secuestrado o a veces se lo decidía en la misma comisaría, como les ocurrió a Gonçalves y los hermanos D’Amico”, concluyó Llonto.

En la sala se escuchó un “uh” cuando los defensores de Patti anunciaron que debía irse por su estado de salud. Luego un aplauso cuando estaba hablando Llonto. La jueza Lucila Larrandart a cargo del TOF1 pidió silencio en la sala mientras se acercaba el final.

Fuente: Pagina 12

martes, 25 de mayo de 2010

Valiente testimonio de Ex Colimbas

Dos ex conscriptos de la Base Aérea aseguraron que el suboficial violaba a las cautivas, hablaron de “vuelos de la muerte” y dijeron que un juez y un abogado decidían la suerte de los detenidos

Dos colimbas clase ’57, (sic***)que hicieron el servicio militar en la Base Aérea desde enero de 1976 hasta marzo del ’77, complicaron la situación del suboficial Gregorio Rafael Molina acusado de crímenes de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino de detención (CCD) “La Cueva” que funcionó en el edificio del viejo radar.
Ambos testigos, cuyos nombres no pueden ser develados por orden de la Justicia, brindaron detalles del funcionamiento de la Base Aérea después del golpe de Estado. Además, aseguraron que como segundo responsable de Inteligencia, Molina “era el jefe de todo”. Uno de ellos vio como subían a prisioneros a un avión que regresaba vacío y el otro, dijo que el abogado Eduardo Cincotta y el juez Pedro Federico Hooft llamaban a la Base y pedían hablar con el sector de Inteligencia. De esos llamados dependía la suerte de algunos detenidos desaparecidos.

El primer testigo cumplió funciones en la compañía de servicio. Estaba a cargo del conmutador. Todas las llamadas telefónicas que entraban a la Base Aérea pasaban por él. El hombre con acento provinciano recordó que después del golpe de Estado, se habilitó un nuevo el interno, el número 2 y correspondía al viejo radar. Según el testigo, “un nido de ratas, un lugar abandonado” que acondicionaron para los detenidos desaparecidos.
Al ex colimba le tocó dos veces hacer guardia en “La Cueva”. Dijo que allí había al menos 18 personas encapuchadas y maniatadas. En una oportunidad tuvo que acompañar a uno de los detenidos al baño. Dijo ser un abogado y se ofreció para llevarle una carta a la familia. El testigo cumplió su promesa. Dejó la esquela debajo de la puerta de una casa del barrio Chauvín.
Ambos testigos dijeron que Molina representaba la autoridad en la Base Aérea. Era el segundo jefe de Inteligencia después del oficial Cerutti y siempre andaba muy armado. Aseguraron que el viejo suboficial había violado a algunas prisioneras. Participaba de los de los operativos de secuestro y lo llamaban “Charles Bronnson o Sapo”. “Siempre andaba con carpetas y una tenía fotos de las personas que buscaban”. Una de esas imágenes era de un hombre que llamaban “Pájaro” y que lo acusaban de haber matado al teniente Fernando Cativa Tolosa.
Los colimbas contaron que durante la noche ingresaban autos de civil con gente encapuchada adentro y se dirigían directamente a La Cueva, al fondo del predio. También recordaron que el Casino de Oficiales era un lugar en que se alojaban presos. Lo llamaron los “presos vip”. Estaban en mejores condiciones y no eran torturados como los otros.
Los dos testigos coincidieron en que a la noche se escuchaban gritos y quejidos en La Cueva. Uno de ellos contó que había dos hombres de civil que venían desde el GADA 601 a interrogar a los detenidos.
A medida que pasaban los días, los colimbas se enteraban de aquellas cosas que en un primer momento fueron secretas y luego se transformaron en cotidianas. Los autos sin identificación llegaban con prisioneros cada vez más seguidos. Un Torino blanco, un Falcón y una Chevy eran los vehículos utilizados para los secuestros.
Según uno de los testigos, un tal “Pepé” –morocho grandote-, era quien manejaba la picana a la hora de los interrogatorios. “Los interrogatorios livianos eran a la tarde y los pesados a la noche”, dijo el ex conscripto. Sus dichos coincidieron con los de su compañero de promoción que relató que los gritos en La Cueva se escuchaban a la noche. La radio a todo volumen no podía tapar el quejido de los prisioneros durante la tortura.
Ambos reforzaron las declaraciones de una sobreviviente. Recordaron el día que una prisionera se cortó al frente tras caer de la escalera de entrada al viejo radar y los enfermeros Silva y Roldán la cosieron sin anestesia. También hablaron del asesinato de unos de los detenidos, el cura Domingo Cachiamani, que se trabó en lucha con uno de los carceleros y éste le pegó un tiro.

Los vuelos de la muerte

Uno de los testigos declaró que una noche mientras hacía guardia a unos cuantos metros de La Cueva pudo ver que un avión de la Armada que se guardaba en el hangar del aeropuerto carreteó hasta unos 150 metros de La Cueva y vio como sacaban bolsas que cargaban de a dos soldados. Eran personas semidormidas. El avión regresaba a la medía hora pero sin los prisioneros. El comentario entre los colimbas era que los arrojaban al mar.
En otra oportunidad el testigo vio que los prisioneros no eran embolsados y arrastrados sino que los sacaban con los pies maniatados y despiertos. Una vez más el avión volvió vacío.

A propósito de los vuelos de la muerte, uno de los ex conscriptos recordó que entre sus compañeros había un joven de apellido Quiroga. Había pedido prórroga para poder terminar la carrera de bioquímico. Luego hizo carrera dentro de la Fuerza Aérea y un día le confesó al grupo que se quería ir porque “el no había nacido para hacer ciertas cosas”. Le habían ordenado hacer un anestésico para adormecer a los prisioneros antes de subirlos a los aviones.

El conscripto que estaba a cargo del conmutador tenía la función de contestar cada llamada telefónica y derivarla a las distintas dependencias de la Base Aérea. Del GADA 601 llamaba el coronel Pedro Barda, jefe de la subzona militar XV. También lo hacía Alfredo Arrillaga, subjefe del GADA y responsable del servicio de Inteligencia de la zona. Desde la Base Naval se comunicaban Juan José Lombardo y Juan Carlos Malugani. Todos hablaban con el jefe de la Base.
Otros llamados eran directamente para los oficiales de Inteligencia Molina o Cerutti. El titular de la comisaría cuarta, el abogado Eduardo Cincotta y el juez Pedro Cornelio Federico Hooft se comunicaban seguido.
El ex colimba contó que recordaba el nombre del abogado por la firma que fabricaba neumáticos. Contó que cada vez que llamaba Cncotta “había revuelo”. El abogado pedía hablar con Cerutti o Molina. Ese día había movimiento en el Casino de Oficiales porque alguien se iba. Al rato venía el abogado y se llevaba a algunos de los “presos vip”.
Cincotta fue militante de la Concentración Universitaria Nacional (CNU) y después del golpe de Estado pasó a colaborar con la represión como informante. En el 2008 fue procesado por delitos de lesa humanidad y encarcelado. El septiembre de 2009 murió sin ser juzgado a causa de un cáncer fulminante.
Según el testigo, Hooft llamaba para informar sobre algunos recursos de amparos. Lo llamativo era que el magistrado pedía hablar con los oficiales de inteligencia, los encargados de los secuestros y no con la máxima autoridad militar en aquel entonces, el coronel Pedro Barda.
Los colimbas que sabían lo que pasaban celebraban que llamara el juez porque sabían que ese llamado implicaba que alguien era liberado. Uno de los detenidos del casino de Oficiales se iba a su casa. En más de una ocasión –contó el testigo-, el juez llamaba y como no lo podían atender avisaba que mandaba a Cincotta a la Base Aérea.
La declaración del ex conscripto refuerza algunas de las denuncias que pesan sobre el juez con pedido de juicio político. Hooft sabía que en la Base Aérea funcionaba un centro clandestino de detención que había un grupo de militares que secuestraba personas y elegía a quien liberar y a quien no. A sabiendas que aquellos que quedaban a merced de los militares terminarían muertos o desaparecidos.

Fuente: http://juiciomolina.blogspot.com/

***Las clases 56 y 57 no hicieron el SMO, se copio la nota tal como fue publicada

jueves, 11 de junio de 2009

Programa del Jueves 11 de Junio 2009

Arrancamos el programa con el audio de la entrevista al intendente de Goya Ignacio Osella, la misma se realizo en oportunidad de la visita que realizáramos a Goya, Corrientes, el pasado sábado 06/06.

Posteriormente entrevistamos a un groso como es Fernando "Pino" Solanas, lastima que fue muy corta la entrevista, pero fue realmente un orgullo contar con las palabras de quien es muy querido por muchos y respetado por todos.

Se acerco a nuestro programa "Beto" Quiroga Presidente de la Asociación "Destellos" de Monte Grande, quien nos contó lo que están realizando en aquella ciudad, algo verdaderamente destacable y digno de imitar.

También pasamos el audio de la entrevista al Presidente de la Asociación de Paso de los Libres, Corrientes, Sr. José Simeone a quien encontramos en nuestra visita a Goya.

Por ultimo desarrollamos con Gustavo la resolución de la magistrada de Tierra del Fuego, Lilian Herráez, quien consideró crímenes de lesa humanidad e imprescriptibles las torturas sufridas por soldados argentinos cuando la Guerra de Malvinas, recordamos que hubo estaqueos, golpes, torturas y vejaciones de todo tipo que en algún caso llegaron a la muerte.

Todo lo vivido por los Colimbas cuando Malvinas es exactamente lo mismo que nosotros pasamos cuando hicimos el SMO, con el agravante, en nuestro caso, de gran cantidad de colimbas secuestrados y desaparecidos.