Dos ex conscriptos de la Base Aérea aseguraron que el suboficial violaba a las cautivas, hablaron de “vuelos de la muerte” y dijeron que un juez y un abogado decidían la suerte de los detenidos
Dos colimbas clase ’57, (sic***)que hicieron el servicio militar en la Base Aérea desde enero de 1976 hasta marzo del ’77, complicaron la situación del suboficial Gregorio Rafael Molina acusado de crímenes de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino de detención (CCD) “La Cueva” que funcionó en el edificio del viejo radar.
Ambos testigos, cuyos nombres no pueden ser develados por orden de la Justicia, brindaron detalles del funcionamiento de la Base Aérea después del golpe de Estado. Además, aseguraron que como segundo responsable de Inteligencia, Molina “era el jefe de todo”. Uno de ellos vio como subían a prisioneros a un avión que regresaba vacío y el otro, dijo que el abogado Eduardo Cincotta y el juez Pedro Federico Hooft llamaban a la Base y pedían hablar con el sector de Inteligencia. De esos llamados dependía la suerte de algunos detenidos desaparecidos.
El primer testigo cumplió funciones en la compañía de servicio. Estaba a cargo del conmutador. Todas las llamadas telefónicas que entraban a la Base Aérea pasaban por él. El hombre con acento provinciano recordó que después del golpe de Estado, se habilitó un nuevo el interno, el número 2 y correspondía al viejo radar. Según el testigo, “un nido de ratas, un lugar abandonado” que acondicionaron para los detenidos desaparecidos.
Al ex colimba le tocó dos veces hacer guardia en “La Cueva”. Dijo que allí había al menos 18 personas encapuchadas y maniatadas. En una oportunidad tuvo que acompañar a uno de los detenidos al baño. Dijo ser un abogado y se ofreció para llevarle una carta a la familia. El testigo cumplió su promesa. Dejó la esquela debajo de la puerta de una casa del barrio Chauvín.
Ambos testigos dijeron que Molina representaba la autoridad en la Base Aérea. Era el segundo jefe de Inteligencia después del oficial Cerutti y siempre andaba muy armado. Aseguraron que el viejo suboficial había violado a algunas prisioneras. Participaba de los de los operativos de secuestro y lo llamaban “Charles Bronnson o Sapo”. “Siempre andaba con carpetas y una tenía fotos de las personas que buscaban”. Una de esas imágenes era de un hombre que llamaban “Pájaro” y que lo acusaban de haber matado al teniente Fernando Cativa Tolosa.
Los colimbas contaron que durante la noche ingresaban autos de civil con gente encapuchada adentro y se dirigían directamente a La Cueva, al fondo del predio. También recordaron que el Casino de Oficiales era un lugar en que se alojaban presos. Lo llamaron los “presos vip”. Estaban en mejores condiciones y no eran torturados como los otros.
Los dos testigos coincidieron en que a la noche se escuchaban gritos y quejidos en La Cueva. Uno de ellos contó que había dos hombres de civil que venían desde el GADA 601 a interrogar a los detenidos.
A medida que pasaban los días, los colimbas se enteraban de aquellas cosas que en un primer momento fueron secretas y luego se transformaron en cotidianas. Los autos sin identificación llegaban con prisioneros cada vez más seguidos. Un Torino blanco, un Falcón y una Chevy eran los vehículos utilizados para los secuestros.
Según uno de los testigos, un tal “Pepé” –morocho grandote-, era quien manejaba la picana a la hora de los interrogatorios. “Los interrogatorios livianos eran a la tarde y los pesados a la noche”, dijo el ex conscripto. Sus dichos coincidieron con los de su compañero de promoción que relató que los gritos en La Cueva se escuchaban a la noche. La radio a todo volumen no podía tapar el quejido de los prisioneros durante la tortura.
Ambos reforzaron las declaraciones de una sobreviviente. Recordaron el día que una prisionera se cortó al frente tras caer de la escalera de entrada al viejo radar y los enfermeros Silva y Roldán la cosieron sin anestesia. También hablaron del asesinato de unos de los detenidos, el cura Domingo Cachiamani, que se trabó en lucha con uno de los carceleros y éste le pegó un tiro.
Los vuelos de la muerte
Uno de los testigos declaró que una noche mientras hacía guardia a unos cuantos metros de La Cueva pudo ver que un avión de la Armada que se guardaba en el hangar del aeropuerto carreteó hasta unos 150 metros de La Cueva y vio como sacaban bolsas que cargaban de a dos soldados. Eran personas semidormidas. El avión regresaba a la medía hora pero sin los prisioneros. El comentario entre los colimbas era que los arrojaban al mar.
En otra oportunidad el testigo vio que los prisioneros no eran embolsados y arrastrados sino que los sacaban con los pies maniatados y despiertos. Una vez más el avión volvió vacío.
A propósito de los vuelos de la muerte, uno de los ex conscriptos recordó que entre sus compañeros había un joven de apellido Quiroga. Había pedido prórroga para poder terminar la carrera de bioquímico. Luego hizo carrera dentro de la Fuerza Aérea y un día le confesó al grupo que se quería ir porque “el no había nacido para hacer ciertas cosas”. Le habían ordenado hacer un anestésico para adormecer a los prisioneros antes de subirlos a los aviones.
El conscripto que estaba a cargo del conmutador tenía la función de contestar cada llamada telefónica y derivarla a las distintas dependencias de la Base Aérea. Del GADA 601 llamaba el coronel Pedro Barda, jefe de la subzona militar XV. También lo hacía Alfredo Arrillaga, subjefe del GADA y responsable del servicio de Inteligencia de la zona. Desde la Base Naval se comunicaban Juan José Lombardo y Juan Carlos Malugani. Todos hablaban con el jefe de la Base.
Otros llamados eran directamente para los oficiales de Inteligencia Molina o Cerutti. El titular de la comisaría cuarta, el abogado Eduardo Cincotta y el juez Pedro Cornelio Federico Hooft se comunicaban seguido.
El ex colimba contó que recordaba el nombre del abogado por la firma que fabricaba neumáticos. Contó que cada vez que llamaba Cncotta “había revuelo”. El abogado pedía hablar con Cerutti o Molina. Ese día había movimiento en el Casino de Oficiales porque alguien se iba. Al rato venía el abogado y se llevaba a algunos de los “presos vip”.
Cincotta fue militante de la Concentración Universitaria Nacional (CNU) y después del golpe de Estado pasó a colaborar con la represión como informante. En el 2008 fue procesado por delitos de lesa humanidad y encarcelado. El septiembre de 2009 murió sin ser juzgado a causa de un cáncer fulminante.
Según el testigo, Hooft llamaba para informar sobre algunos recursos de amparos. Lo llamativo era que el magistrado pedía hablar con los oficiales de inteligencia, los encargados de los secuestros y no con la máxima autoridad militar en aquel entonces, el coronel Pedro Barda.
Los colimbas que sabían lo que pasaban celebraban que llamara el juez porque sabían que ese llamado implicaba que alguien era liberado. Uno de los detenidos del casino de Oficiales se iba a su casa. En más de una ocasión –contó el testigo-, el juez llamaba y como no lo podían atender avisaba que mandaba a Cincotta a la Base Aérea.
La declaración del ex conscripto refuerza algunas de las denuncias que pesan sobre el juez con pedido de juicio político. Hooft sabía que en la Base Aérea funcionaba un centro clandestino de detención que había un grupo de militares que secuestraba personas y elegía a quien liberar y a quien no. A sabiendas que aquellos que quedaban a merced de los militares terminarían muertos o desaparecidos.
Fuente: http://juiciomolina.blogspot.com/
***Las clases 56 y 57 no hicieron el SMO, se copio la nota tal como fue publicada
martes, 25 de mayo de 2010
domingo, 16 de mayo de 2010
Testimonio de C.A.Bozzi y un Ex Colimba
Fuente: http://www.subzona15.blogspot.com.ar/
Con testimonios desgarradores y el análisis de una perito psiquiátrica sobre el ex militar se desarrolló una nueva audiencia del juicio por delitos de lesa humanidad perpetrados en nuestra ciudad.
Las conclusiones de la perito psicóloga que examinó a Gregorio Rafael Molina, imputado de crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar, complican la situación del suboficial de la Fuerza Aérea.
La doctora Adriana Gaig entrevistó a Molina en agosto de 2007. De aquellos exámenes pudo concluir que el imputado de dos homicidios calificados, 38 secuestros, torturas y violaciones a cautivas en el centro clandestino de detención “ La Cueva ”, es una persona lúcida y ubicada en tiempo y espacio. Que distingue lo lícito de lo ilícito y lo que perjudica de lo que beneficia.
La doctora Gaig fue la primera persona en prestar declaración en la tercera audiencia en el juicio que se realiza en el Tribunal Oral Federal 1 de Mar del Plata. Delante de los jueces Juan Leopoldo Velásquez (presidente), Beatriz Torterola, Juan Carlos París y Martín Bava aseguró que Molina no manifestó sentirse angustiado por la situación que atravesaba en ese momento.
Testimonio de un Ex Colimba

Luego del cuarto intermedio, la audiencia se retomó alrededor de las 15.30 con la presencia ante el tribunal de Enrique Rodríguez quien realizó el servicio militar obligatorio entre marzo de 1976 y noviembre de 1977 en la Base Aérea local.
Según explicó el testigo, durante el periodo en el que él tuvo que estar allí pudo notar que en el edificio del viejo radar alojaban detenidos. Incluso, Rodríguez denominó al lugar como “ La Cueva ”, ya que posteriormente identificó el lugar con los dichos de detenidos desaparecidos.
Además recordó que, mientras tenía que realizar guardias nocturnas en los puestos de entrada a la Base , a él y a otros soldados los obligaban a esconderse en los momentos en que entraban o salían los “grupos de tareas”.
El testimonio del ex colimba se extendió por casi dos horas y en él detalló la vida interna de la Base Aérea local. Entre las particularidades marcadas destacó que les estaba totalmente prohibido acercarse a la zona de La Cueva , sobre todo a los soldados oriundos de Mar del Plata. En este sentido, explicó que para las tareas que era necesario realizar allí los suboficiales –quienes tenían a cargo el funcionamiento del centro clandestino de detención- designaban a los conscriptos provenientes del interior del país. Sin embargo, una sola vez le tocó al testigo llevar una vianda de comida a La Cueva y allí constató la presencia de un joven encapuchado quien le pedía por favor que avisara de su existencia. El testigo remarco que el joven le dijo que su familia se dedicaba a fabricar dulces en la zona de Chascomús.
Otro dato sustancial aportado por el testimonio de Rodríguez tiene que ver con la existencia de los Vuelos de la Muerte. El testigo explicó que, una noche en la que le había tocado guardia en la torre pudo divisar la presencia de aviones bimotores de la Marina a donde subían a personas que estaban atadas.
Rodríguez fue contundente al describir a Molina: “era un loquito que andaba con tres revólveres y granadas colgando”. En este sentido hizo referencia a un chiste que se hacían entre los colimbas: “si Molina se cae explota”. Además pudo precisar que a Molina se lo conocía como “El Sapo” entre los soldados.
Además expresó que lo recuerda con carpetas en la mano y que esto no era común a otros suboficiales de la Base.
Rodríguez no dudó en decir que hubo momentos en los que escuchó gritos provenientes del viejo radar y que, además, esos gritos eran de mujer y desgarradores.
La existencia de listas con nombres de personas que eran buscadas es otro de los elementos aportados por este testimonio que posibilitó comprender cómo funcionaba el centro clandestino de detención en el interior de la Base Aérea.
Durante el testimonio el testigo recordó que en una de las salidas de los grupos de tareas pudo advertir a Eduardo Cativa Tolosa –miembro del Ejército- junto a personal de la Fuerza Aérea saliendo para un operativo y que llevaban a una joven que, en apariencia, esta pertenecía al grupo de detenidos que estaba en la Base.
Testimonio de Carlos Aurelio Bozzi

Carlos Bozzi, sobreviviente del centro clandestino de detención (CCD) La Cueva aseguró que el suboficial retirado Gregorio Rafael Molina fue quien lo secuestró junto a su socio Tomás Fresneda y a la mujer de éste en el operativo conocido como la “Noche de la Corbatas”.
El abogado declaró ayer en la quinta audiencia del juicio a Molina, suboficial mayor retirado de la Fuerza Aérea acusado de crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar. Al militar nacido en La Rioja se le imputan dos homicidios calificados, 38 casos de privaciones ilegitimas de la libertad agravada e imposición de tormentos y al menos dos abusos sexuales.
Bozzi pasó once días cautivo en La Cueva tras ser secuestrado la tarde del 8 de julio de 1977. Ayer frente al Tribunal contó que el militar que dirigió el operativo de secuestro, el que lo interrogó y el que le comunicó su libertad fue siempre la misma persona y que por determinados indicios asegura que fue Molina. Lo describió como el hombre de sobretodo gris, con una voz y perfume característicos. También lo reconocía por su anillo y los cigarrillos que fumaba.
La primera vez que el testigo vio al “hombre del sobretodo gris” fue el 8 de julio de 1977. Bozzi lo recordó como la persona que ingresó al estudio que compartía con Tomás Fresneda y le apoyó una pistola en la cara. Luego le propinó dos trompadas cuando el testigo le dijo que no sabía la dirección de la casa de su socio.
Tomás Fresneda, su mujer María de las Mercedes Argarañaz y Bozzi ingresaron a la Cueva esa misma noche. Su secuestro se incluye en el operativo denominado “Noche de las Corbatas” cuando los militares capturaron a un grupo de abogados laboralistas entre el 8 y 9 de julio del ‘77. Fresneda y su mujer continúan desaparecidos.
Antes de empezar su relato Carlos Bozzi repartió a las partes y al tribunal fotocopias de un plano de La Cueva. El testigo había señalizado cada habitación en la que estuvo durante su cautiverio.
Contó que la primera noche estuvieron los tres juntos y que los habían atado y encapuchado. Sintió que gente se iba del lugar y quedaba una radio prendida que pasó el himno nacional. Enseguida un a voz que dijo: “Portense bien que no están en su casa, no queremos matar a nadie más”. El testigo asoció esa advertencia con la muerte abogado Norberto Centeno, secuestrado y asesinado en La Cueva. El certificado de defunción está fechado el 8 de julio de 1977.
Al día siguiente un hombre se llevó a Argarañaz y a los 15 minutos la trajo a Mercedes y se llevó a Fresneda y por último a Bozzi. Era la voz del hombre del sobretodo gris, era el mismo perfume en las manos. El abogado contó que lo pusieron sobre una mesa y le ataron un cable en cada uno de los pies. Después de algunas preguntas vagas, la voz le dijo que si había mentido lo mataba.
Esa noche, calcula que era la segunda, Fresneda le contó que en el interrogatorio le dijeron que lo largaban pero que él y su mujer se quedaban. Cuando se levantó al otro día, el matrimonio Fresneda ya no estaba.
Bozzi también relató que tiempo después, ya en libertad, investigó algunas fechas y supo que durante su encierro había llevado a La Cueva a los García, un matrimonio que fue secuestrado durante julio del ‘77.
Bozzi fue liberado en medio de un simulacro que organizaron sus captores. La idea era hacerle creer a la opinión pública que los abogados habían sido secuestrados y en algunos casos asesinados por Montoneros. La voz le dijo que se habían equivocado con su secuestro. Le dijo que estaba en manos de una célula montonera y que si quería se podía unir a ellos para enfrentar al régimen militar. Bozo dijo que no y fue subido al baúl de un auto con las manos atadas y los ojos vendados. Después de un largo trecho el auto se frenó. Escuchó tiros, un quejido y un grupo de militares que lo liberó. Le dijeron “que hubo un enfrentamiento, que murieron dos extremistas y que el abogado Norberto Centeno estaba muerto en el interior del auto”. Tiempo después se supo que los supuestos “guerrilleros” eran dos jóvenes que habían sido secuestrados en La Plata.
Por Bozzi, Fresneda y Argarañaz se presentó un recurso de habeas corpus en el juzgado de Pedro Federico Hooft, el tramite nunca prosperó. Bozzi fue llamado a declarar por su secuestro pero no se presentó. Vivió en Corrientes varios años hasta que regresó a la ciudad. Los diarios de la época titularon que Bozzi había sido "liberado" por el Ejército y que en el enfrentamiento murieron dos “extremistas”. Nunca corrigieron el error.
Con testimonios desgarradores y el análisis de una perito psiquiátrica sobre el ex militar se desarrolló una nueva audiencia del juicio por delitos de lesa humanidad perpetrados en nuestra ciudad.
Las conclusiones de la perito psicóloga que examinó a Gregorio Rafael Molina, imputado de crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar, complican la situación del suboficial de la Fuerza Aérea.
La doctora Adriana Gaig entrevistó a Molina en agosto de 2007. De aquellos exámenes pudo concluir que el imputado de dos homicidios calificados, 38 secuestros, torturas y violaciones a cautivas en el centro clandestino de detención “ La Cueva ”, es una persona lúcida y ubicada en tiempo y espacio. Que distingue lo lícito de lo ilícito y lo que perjudica de lo que beneficia.
La doctora Gaig fue la primera persona en prestar declaración en la tercera audiencia en el juicio que se realiza en el Tribunal Oral Federal 1 de Mar del Plata. Delante de los jueces Juan Leopoldo Velásquez (presidente), Beatriz Torterola, Juan Carlos París y Martín Bava aseguró que Molina no manifestó sentirse angustiado por la situación que atravesaba en ese momento.
Testimonio de un Ex Colimba
Luego del cuarto intermedio, la audiencia se retomó alrededor de las 15.30 con la presencia ante el tribunal de Enrique Rodríguez quien realizó el servicio militar obligatorio entre marzo de 1976 y noviembre de 1977 en la Base Aérea local.
Según explicó el testigo, durante el periodo en el que él tuvo que estar allí pudo notar que en el edificio del viejo radar alojaban detenidos. Incluso, Rodríguez denominó al lugar como “ La Cueva ”, ya que posteriormente identificó el lugar con los dichos de detenidos desaparecidos.
Además recordó que, mientras tenía que realizar guardias nocturnas en los puestos de entrada a la Base , a él y a otros soldados los obligaban a esconderse en los momentos en que entraban o salían los “grupos de tareas”.
El testimonio del ex colimba se extendió por casi dos horas y en él detalló la vida interna de la Base Aérea local. Entre las particularidades marcadas destacó que les estaba totalmente prohibido acercarse a la zona de La Cueva , sobre todo a los soldados oriundos de Mar del Plata. En este sentido, explicó que para las tareas que era necesario realizar allí los suboficiales –quienes tenían a cargo el funcionamiento del centro clandestino de detención- designaban a los conscriptos provenientes del interior del país. Sin embargo, una sola vez le tocó al testigo llevar una vianda de comida a La Cueva y allí constató la presencia de un joven encapuchado quien le pedía por favor que avisara de su existencia. El testigo remarco que el joven le dijo que su familia se dedicaba a fabricar dulces en la zona de Chascomús.
Otro dato sustancial aportado por el testimonio de Rodríguez tiene que ver con la existencia de los Vuelos de la Muerte. El testigo explicó que, una noche en la que le había tocado guardia en la torre pudo divisar la presencia de aviones bimotores de la Marina a donde subían a personas que estaban atadas.
Rodríguez fue contundente al describir a Molina: “era un loquito que andaba con tres revólveres y granadas colgando”. En este sentido hizo referencia a un chiste que se hacían entre los colimbas: “si Molina se cae explota”. Además pudo precisar que a Molina se lo conocía como “El Sapo” entre los soldados.
Además expresó que lo recuerda con carpetas en la mano y que esto no era común a otros suboficiales de la Base.
Rodríguez no dudó en decir que hubo momentos en los que escuchó gritos provenientes del viejo radar y que, además, esos gritos eran de mujer y desgarradores.
La existencia de listas con nombres de personas que eran buscadas es otro de los elementos aportados por este testimonio que posibilitó comprender cómo funcionaba el centro clandestino de detención en el interior de la Base Aérea.
Durante el testimonio el testigo recordó que en una de las salidas de los grupos de tareas pudo advertir a Eduardo Cativa Tolosa –miembro del Ejército- junto a personal de la Fuerza Aérea saliendo para un operativo y que llevaban a una joven que, en apariencia, esta pertenecía al grupo de detenidos que estaba en la Base.
Testimonio de Carlos Aurelio Bozzi
Carlos Bozzi, sobreviviente del centro clandestino de detención (CCD) La Cueva aseguró que el suboficial retirado Gregorio Rafael Molina fue quien lo secuestró junto a su socio Tomás Fresneda y a la mujer de éste en el operativo conocido como la “Noche de la Corbatas”.
El abogado declaró ayer en la quinta audiencia del juicio a Molina, suboficial mayor retirado de la Fuerza Aérea acusado de crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar. Al militar nacido en La Rioja se le imputan dos homicidios calificados, 38 casos de privaciones ilegitimas de la libertad agravada e imposición de tormentos y al menos dos abusos sexuales.
Bozzi pasó once días cautivo en La Cueva tras ser secuestrado la tarde del 8 de julio de 1977. Ayer frente al Tribunal contó que el militar que dirigió el operativo de secuestro, el que lo interrogó y el que le comunicó su libertad fue siempre la misma persona y que por determinados indicios asegura que fue Molina. Lo describió como el hombre de sobretodo gris, con una voz y perfume característicos. También lo reconocía por su anillo y los cigarrillos que fumaba.
La primera vez que el testigo vio al “hombre del sobretodo gris” fue el 8 de julio de 1977. Bozzi lo recordó como la persona que ingresó al estudio que compartía con Tomás Fresneda y le apoyó una pistola en la cara. Luego le propinó dos trompadas cuando el testigo le dijo que no sabía la dirección de la casa de su socio.
Tomás Fresneda, su mujer María de las Mercedes Argarañaz y Bozzi ingresaron a la Cueva esa misma noche. Su secuestro se incluye en el operativo denominado “Noche de las Corbatas” cuando los militares capturaron a un grupo de abogados laboralistas entre el 8 y 9 de julio del ‘77. Fresneda y su mujer continúan desaparecidos.
Antes de empezar su relato Carlos Bozzi repartió a las partes y al tribunal fotocopias de un plano de La Cueva. El testigo había señalizado cada habitación en la que estuvo durante su cautiverio.
Contó que la primera noche estuvieron los tres juntos y que los habían atado y encapuchado. Sintió que gente se iba del lugar y quedaba una radio prendida que pasó el himno nacional. Enseguida un a voz que dijo: “Portense bien que no están en su casa, no queremos matar a nadie más”. El testigo asoció esa advertencia con la muerte abogado Norberto Centeno, secuestrado y asesinado en La Cueva. El certificado de defunción está fechado el 8 de julio de 1977.
Al día siguiente un hombre se llevó a Argarañaz y a los 15 minutos la trajo a Mercedes y se llevó a Fresneda y por último a Bozzi. Era la voz del hombre del sobretodo gris, era el mismo perfume en las manos. El abogado contó que lo pusieron sobre una mesa y le ataron un cable en cada uno de los pies. Después de algunas preguntas vagas, la voz le dijo que si había mentido lo mataba.
Esa noche, calcula que era la segunda, Fresneda le contó que en el interrogatorio le dijeron que lo largaban pero que él y su mujer se quedaban. Cuando se levantó al otro día, el matrimonio Fresneda ya no estaba.
Bozzi también relató que tiempo después, ya en libertad, investigó algunas fechas y supo que durante su encierro había llevado a La Cueva a los García, un matrimonio que fue secuestrado durante julio del ‘77.
Bozzi fue liberado en medio de un simulacro que organizaron sus captores. La idea era hacerle creer a la opinión pública que los abogados habían sido secuestrados y en algunos casos asesinados por Montoneros. La voz le dijo que se habían equivocado con su secuestro. Le dijo que estaba en manos de una célula montonera y que si quería se podía unir a ellos para enfrentar al régimen militar. Bozo dijo que no y fue subido al baúl de un auto con las manos atadas y los ojos vendados. Después de un largo trecho el auto se frenó. Escuchó tiros, un quejido y un grupo de militares que lo liberó. Le dijeron “que hubo un enfrentamiento, que murieron dos extremistas y que el abogado Norberto Centeno estaba muerto en el interior del auto”. Tiempo después se supo que los supuestos “guerrilleros” eran dos jóvenes que habían sido secuestrados en La Plata.
Por Bozzi, Fresneda y Argarañaz se presentó un recurso de habeas corpus en el juzgado de Pedro Federico Hooft, el tramite nunca prosperó. Bozzi fue llamado a declarar por su secuestro pero no se presentó. Vivió en Corrientes varios años hasta que regresó a la ciudad. Los diarios de la época titularon que Bozzi había sido "liberado" por el Ejército y que en el enfrentamiento murieron dos “extremistas”. Nunca corrigieron el error.
miércoles, 12 de mayo de 2010
"La Noche de las Corbatas" por Carlos A. Bozzi
Diario "La Capital" de Mar del Plata del 21 de Julio de 19777
Relato de Carlos Aurelio Bozzi
"..............Yo fui sacado de la Base en el baúl de un automóvil el 19 de julio de 1977 y se pudo establecer en esta inspección ocular la posibilidad de que transitando por caminos internos se llegue al GADA 601 o al camino que une la ruta hacia Santa Clara del Mar y la Ruta Nacional Numero Dos, evitando la presencia de gente curiosa"
"Precisamente el coche en el que era transportado y que atravesó esos caminos internos aquella noche de julio, fué "interceptado" por una patrulla militar. En el supuesto enfrentamiento mataron a sus ocupantes***. Por el hecho el Ejercito difundió un comunicado atribuyendo mi secuestro a Montoneros, identificando a los muertos como miembros de esa organización"
"Se tardó tiempo, pero se llegó a descubrir que dos de los jóvenes ocupantes del automóvil era estudiantes secuestrados 20 días antes en la Ciudad de La Plata, tambien situada en la Provincia de Buenos Aires. Nunca se citó judicialmente a los integrantes de la patrulla militar que intervino aquella noche"
Relato de Carlos Aurelio Bozzi"..............Yo fui sacado de la Base en el baúl de un automóvil el 19 de julio de 1977 y se pudo establecer en esta inspección ocular la posibilidad de que transitando por caminos internos se llegue al GADA 601 o al camino que une la ruta hacia Santa Clara del Mar y la Ruta Nacional Numero Dos, evitando la presencia de gente curiosa"
"Precisamente el coche en el que era transportado y que atravesó esos caminos internos aquella noche de julio, fué "interceptado" por una patrulla militar. En el supuesto enfrentamiento mataron a sus ocupantes***. Por el hecho el Ejercito difundió un comunicado atribuyendo mi secuestro a Montoneros, identificando a los muertos como miembros de esa organización"
"Se tardó tiempo, pero se llegó a descubrir que dos de los jóvenes ocupantes del automóvil era estudiantes secuestrados 20 días antes en la Ciudad de La Plata, tambien situada en la Provincia de Buenos Aires. Nunca se citó judicialmente a los integrantes de la patrulla militar que intervino aquella noche"
***NdeR: Uno de los cuerpos ametrallados, asesinados, que se encontraron a bordo del Ford Falcon, (propiedad del Dr. Norberto Centeno), pertenecia al Colimba Carlos A. Weber secuestrado el 29 de Junio de 1977 del Regimiento 601 Comunicaciones, City Bell, La Plata y de quien fuera su amiga, Stella Maris Giourgas, secuestrada el 1º de julio de 1977
sábado, 8 de mayo de 2010
Ex Colimbas testifican en Mar del Plata
Podrán seguir el juicio de Molina, en el Blog. http://www.subzona15.blogspot.com.ar/
Comenzó el juicio al Verdugo de “La Cueva”
Gregorio Rafael Molina, alias “Charles Bronson” acusado de crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar, dio una vez más la misma respuesta. Frente a los jueces que comenzaron a juzgarlo ayer en el Tribunal Oral Federal 1, dijo que se negaba a declarar.
Después de más de 33 años, el viejo suboficial de la Fuerza Aérea que cumplió funciones en el centro clandestino de detención (CCD) conocido como La Cueva, se sentó ayer frente a un tribunal para ser juzgado por el asesinato de los abogados Jorge Candeloro y Norberto Centeno; por la privación ilegal de la libertad y los tormentos a 38 personas y por violaciones reiteradas a dos detenidas desaparecidas.
La primera audiencia del juicio oral y público comenzó con dos horas de atraso. En representación del ministerio público fiscal se encontraba Horacio Azzolín, el fiscal federal general Daniel Adler y el subrogante Juan Portela. Por las querellas Alfredo Jozami, Alberto Rodríguez y Sivo. Eduardo San Emeterio, conocido defensor de militares en desgracia, acompañó a Molina.
Durante dos horas se leyeron las imputaciones contra Molina y la querella solicitó se tenga en cuenta nuevas pruebas.
El abogado Sivo solicitó se llame a declarar a tres ex conscriptos de la Base Aérea local que durante el periodo 76-78 vieron partir aviones cargado con prisioneros semi dormidos que nunca volvieron, que saben de un militar que mató a un detenido cuando se le escapó un tiro y que tuvieron que servirle la comida a los cautivos.
También propuso como nuevos testigos al hermano y una amiga de una detenida desaparecida. Al hijo de Leda Barreiro, madre de Plaza Mayo y sobreviviente de La Cueva y a Martín Fresneda, hijo del abogado Tomás Fresneda y de Mercedes Argarañaz, ambos detenidos durante “La Noche de las Corbatas”.
Como prueba documental solicitó se tenga en cuenta el informe del Nunca Más, una inspección ocular al edificio donde funcionó La Cueva y varios testimonios recolectados durante las audiencias de Juicio por la Verdad.
Por su parte, el defensor de Molina se opuso al requerimiento de la querella y la fiscalía. Desde su visión son pruebas que aportan un marco histórico pero no están dirigidas a aportar datos fehacientes sobre la inocencia o culpabilidad del imputado.
Luego de un cuarto intermedio de dos horas, el tribunal compuesto por Juan Leopoldo Velázquez, Beatriz Torterola, y los conjueces Juan Carlos Paris y Martín Bava decidió incluir la inspección ocular al centro clandestino y el informe del Nunca Más. En cuanto a la inclusión de los nuevos testigos manifestó que se irá analizando la posibilidad durante el desarrollo de las audiencias.
Molina llegó al Tribunal ubicado en la avenida Luro en un colectivo del Servicio Penitenciario Bonaerense. Sin que pudiera ingresar hasta el interior del garaje, el imputado tuvo que caminar unos metros para ingresar al tribunal. El chaleco antibala negro sobre el equipo de gimnasia azul no pudo impedir que escuchara el grito de “asesino”.
Unas 50 personas de distintas organizaciones sociales y políticas cortaron la avenida Luro para manifestar su repudio al suboficial acusado de crímenes de lesa humanidad.
Martín Fresneda hijo de uno de los abogados desaparecido durante La Noche de las Corbatas y víctima de Molina, llegó desde Córdoba para la primera audiencia del primer juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en esta ciudad. Ante las cámaras de televisión dijo: “Este es un día histórico, es un punto de inflexión que cambiará la calidad de vida de Mar del Plata”.
El primer testimonio
Alrededor de las 15, la primera testigo del juicio, una sobreviviente de La Cueva se sentó frente a tribunal. Por orden de los jueces y por pedido de las querellas la prensa y el público no pudieron presenciar la declaración. Tampoco fue necesario pedirle al imputado que abandone la sala, por decisión propia Molina no estará presente durante la declaración de los testigos. Deberá permanecer en la celda que se encuentra en el salón contiguo.
La mayor privacidad posible a la hora de testimoniar tiene un fundamento, la mujer contó por más de tres horas el infierno que vivió en el CCD que funcionó en la Base Aérea. Parte de ese sufrimiento fueron las vejaciones a las que la sometió Molina. Una fuente judicial comentó que el testimonio fue “tremendo y lapidario”. Allí vio morir a otros prisioneros y escuchó los gritos de otros torturados. La testigo le puso nombre y apellido a detenidos y carceleros que durante muchos años fueron solo rostros y voces.
Fue la defensa de Molina quien solicitó, después de tres horas de declaración ininterrumpida, que el resto del testimonio que ya figura en la causa fuese introducido por lectura. La querella y la Fiscalía aceptaron.
Comenzó el juicio al Verdugo de “La Cueva”
Gregorio Rafael Molina, alias “Charles Bronson” acusado de crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar, dio una vez más la misma respuesta. Frente a los jueces que comenzaron a juzgarlo ayer en el Tribunal Oral Federal 1, dijo que se negaba a declarar.
Después de más de 33 años, el viejo suboficial de la Fuerza Aérea que cumplió funciones en el centro clandestino de detención (CCD) conocido como La Cueva, se sentó ayer frente a un tribunal para ser juzgado por el asesinato de los abogados Jorge Candeloro y Norberto Centeno; por la privación ilegal de la libertad y los tormentos a 38 personas y por violaciones reiteradas a dos detenidas desaparecidas.
La primera audiencia del juicio oral y público comenzó con dos horas de atraso. En representación del ministerio público fiscal se encontraba Horacio Azzolín, el fiscal federal general Daniel Adler y el subrogante Juan Portela. Por las querellas Alfredo Jozami, Alberto Rodríguez y Sivo. Eduardo San Emeterio, conocido defensor de militares en desgracia, acompañó a Molina.
Durante dos horas se leyeron las imputaciones contra Molina y la querella solicitó se tenga en cuenta nuevas pruebas.
El abogado Sivo solicitó se llame a declarar a tres ex conscriptos de la Base Aérea local que durante el periodo 76-78 vieron partir aviones cargado con prisioneros semi dormidos que nunca volvieron, que saben de un militar que mató a un detenido cuando se le escapó un tiro y que tuvieron que servirle la comida a los cautivos.
También propuso como nuevos testigos al hermano y una amiga de una detenida desaparecida. Al hijo de Leda Barreiro, madre de Plaza Mayo y sobreviviente de La Cueva y a Martín Fresneda, hijo del abogado Tomás Fresneda y de Mercedes Argarañaz, ambos detenidos durante “La Noche de las Corbatas”.
Como prueba documental solicitó se tenga en cuenta el informe del Nunca Más, una inspección ocular al edificio donde funcionó La Cueva y varios testimonios recolectados durante las audiencias de Juicio por la Verdad.
Por su parte, el defensor de Molina se opuso al requerimiento de la querella y la fiscalía. Desde su visión son pruebas que aportan un marco histórico pero no están dirigidas a aportar datos fehacientes sobre la inocencia o culpabilidad del imputado.
Luego de un cuarto intermedio de dos horas, el tribunal compuesto por Juan Leopoldo Velázquez, Beatriz Torterola, y los conjueces Juan Carlos Paris y Martín Bava decidió incluir la inspección ocular al centro clandestino y el informe del Nunca Más. En cuanto a la inclusión de los nuevos testigos manifestó que se irá analizando la posibilidad durante el desarrollo de las audiencias.
Molina llegó al Tribunal ubicado en la avenida Luro en un colectivo del Servicio Penitenciario Bonaerense. Sin que pudiera ingresar hasta el interior del garaje, el imputado tuvo que caminar unos metros para ingresar al tribunal. El chaleco antibala negro sobre el equipo de gimnasia azul no pudo impedir que escuchara el grito de “asesino”.
Unas 50 personas de distintas organizaciones sociales y políticas cortaron la avenida Luro para manifestar su repudio al suboficial acusado de crímenes de lesa humanidad.
Martín Fresneda hijo de uno de los abogados desaparecido durante La Noche de las Corbatas y víctima de Molina, llegó desde Córdoba para la primera audiencia del primer juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en esta ciudad. Ante las cámaras de televisión dijo: “Este es un día histórico, es un punto de inflexión que cambiará la calidad de vida de Mar del Plata”.
El primer testimonio
Alrededor de las 15, la primera testigo del juicio, una sobreviviente de La Cueva se sentó frente a tribunal. Por orden de los jueces y por pedido de las querellas la prensa y el público no pudieron presenciar la declaración. Tampoco fue necesario pedirle al imputado que abandone la sala, por decisión propia Molina no estará presente durante la declaración de los testigos. Deberá permanecer en la celda que se encuentra en el salón contiguo.
La mayor privacidad posible a la hora de testimoniar tiene un fundamento, la mujer contó por más de tres horas el infierno que vivió en el CCD que funcionó en la Base Aérea. Parte de ese sufrimiento fueron las vejaciones a las que la sometió Molina. Una fuente judicial comentó que el testimonio fue “tremendo y lapidario”. Allí vio morir a otros prisioneros y escuchó los gritos de otros torturados. La testigo le puso nombre y apellido a detenidos y carceleros que durante muchos años fueron solo rostros y voces.
Fue la defensa de Molina quien solicitó, después de tres horas de declaración ininterrumpida, que el resto del testimonio que ya figura en la causa fuese introducido por lectura. La querella y la Fiscalía aceptaron.
domingo, 25 de abril de 2010
Chile: Absuelven a la documentalista Elena Varela.
La documentalista quedó en libertad tras decisión unánime, cerrando el caso que se había iniciado con su detención en mayo del 2008.


EFE Jueves 22 de Abril de 2010 14:52
Foto: Mario Quilodrán, El Mercurio
SANTIAGO.- El Tribunal Oral de Villarrica absolvió hoy por unanimidad a la documentalista Elena Varela, acusada de participar en dos asaltos a mano armada ocurridos en 2004 y 2005 en distintas localidades del país, informaron fuentes judiciales.
La fiscalía pedía un a pena de 15 años de prisión para Varela, detenida en mayo de 2008 por la policía, pero los tres jueces la declararon inocente.
El tribunal también absolvió a otros dos acusados, Kenny Sánchez y Sergio Reyes, para quienes la Fiscalía pedía 20 años de prisión.
Sánchez, en todo caso, fue condenado a una pena menor por el porte ilegal de un arma de fuego, la que se dio por cumplida por el tiempo que ha permanecido en prisión preventiva.
Los jueces fundamentaron su decisión en que la Fiscalía no logró acreditar, a través de los distintos medios de prueba presentados en el juicio, la participación de los acusados en los delitos investigados.
Según el Ministerio Público, el 20 de diciembre de 2004 los ahora absueltos ingresaron a una sucursal del Banco Estado de Loncoche y robaron 20 millones de pesos. En este asalto resultó herido uno de los guardias de la sucursal bancaria.
Varela, Sánchez y Reyes también fueron acusados de participar, el 10 de junio de 2005, en un asalto a una oficina de pagos de pensiones en Machalí, en la región de O'Higgins. En este atraco murieron cuatro personas, un guardia de seguridad, un cuidador de automóviles y dos atracadores.
Ambos asaltos fueron reconocidos por el Ejército Guerrillero de los Pobres-Patria Libre, un grupo escindido del antiguo Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).
Durante el juicio, la cineasta aseguró que no conocía a los otros imputados y que su único vínculo con ellos fue el haber mantenido, hace algunos años, una relación sentimental con Juan Moreno Venegas, sindicado como jefe del grupo guerrillero.
Tras su detención, ocurrida mientras filmaba un documental sobre el conflicto mapuche, a Varela le fueron incautadas por la policía más de 330 grabaciones de imágenes y entrevistas relativas a la situación de los indígenas.
Para filmar el documental, Varela había obtenido, por concurso, financiación del estatal Consejo de la Cultura y las Artes.
Uno los abogados defensores de la cineasta fue el ex juez Juan Guzmán, el primero en procesar en Chile a Augusto Pinochet.
Foto: Mario Quilodrán, El Mercurio
SANTIAGO.- El Tribunal Oral de Villarrica absolvió hoy por unanimidad a la documentalista Elena Varela, acusada de participar en dos asaltos a mano armada ocurridos en 2004 y 2005 en distintas localidades del país, informaron fuentes judiciales.
La fiscalía pedía un a pena de 15 años de prisión para Varela, detenida en mayo de 2008 por la policía, pero los tres jueces la declararon inocente.
El tribunal también absolvió a otros dos acusados, Kenny Sánchez y Sergio Reyes, para quienes la Fiscalía pedía 20 años de prisión.
Sánchez, en todo caso, fue condenado a una pena menor por el porte ilegal de un arma de fuego, la que se dio por cumplida por el tiempo que ha permanecido en prisión preventiva.
Los jueces fundamentaron su decisión en que la Fiscalía no logró acreditar, a través de los distintos medios de prueba presentados en el juicio, la participación de los acusados en los delitos investigados.
Según el Ministerio Público, el 20 de diciembre de 2004 los ahora absueltos ingresaron a una sucursal del Banco Estado de Loncoche y robaron 20 millones de pesos. En este asalto resultó herido uno de los guardias de la sucursal bancaria.
Varela, Sánchez y Reyes también fueron acusados de participar, el 10 de junio de 2005, en un asalto a una oficina de pagos de pensiones en Machalí, en la región de O'Higgins. En este atraco murieron cuatro personas, un guardia de seguridad, un cuidador de automóviles y dos atracadores.
Ambos asaltos fueron reconocidos por el Ejército Guerrillero de los Pobres-Patria Libre, un grupo escindido del antiguo Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).
Durante el juicio, la cineasta aseguró que no conocía a los otros imputados y que su único vínculo con ellos fue el haber mantenido, hace algunos años, una relación sentimental con Juan Moreno Venegas, sindicado como jefe del grupo guerrillero.
Tras su detención, ocurrida mientras filmaba un documental sobre el conflicto mapuche, a Varela le fueron incautadas por la policía más de 330 grabaciones de imágenes y entrevistas relativas a la situación de los indígenas.
Para filmar el documental, Varela había obtenido, por concurso, financiación del estatal Consejo de la Cultura y las Artes.
Uno los abogados defensores de la cineasta fue el ex juez Juan Guzmán, el primero en procesar en Chile a Augusto Pinochet.
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