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POR NUESTROS COMPAÑEROS MUERTOS EN ENFRENTAMIENTOS, POR LOS SECUESTRADOS Y DESAPARECIDOS, MIENTRAS REALIZABAN EL SERVICIO MILITAR OBLIGATORIO, POR LOS VETERANOS NO RECONOCIDOS, POR UN RECONOCIMIENTO
HISTÓRICO A LOS COMPAÑEROS DE MALVINAS, POR QUIENES SOBREVIVIMOS.


JUEVES 17:00 a 19:00 HORAS-AM 740 RADIO REBELDE


Realizan La Voz de los Colimbas...


Gustavo Capra y Ricardo Righi.




Nosotros podríamos ser los Desaparecidos...Hay que Testimoniar...

Nosotros podríamos ser los Desaparecidos...Hay que Testimoniar...


Si cuando hiciste la colimba,
pasaste por situaciones extremas, hacia tu persona o viste gente secuestrada o algún compañero fue secuestrado o asesinado, no sigas sufriendo tu silencio...
"La Voz de los Colimbas" te escucha ponete en contacto y descarga esa mochila, los colimbas también fuimos victimas, nadie te va a entender mejor que otro colimba.
Si no deseas dar tus datos, te comunicas en forma anónima, no hay problemas...
Tu testimonio es confidencial y puede ayudar mucho.

Por correo a: lavozdeloscolimbas@yahoo.com.ar

Por teléfono: 154-091-1192

Ricardo Righi


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viernes, 18 de julio de 2014

En el Nombre de los Padres...

Del Libro "El Escuadrón Perdido" de Jose Luis D´Andrea Mohr.

 
"El Vasco" Jose Luis D´Andrea Mohr.
Al jefe de aquel escuadrón:

Conozco su nombre, pero nunca antes pude dirigirme a usted. Ignoro si continúa en servicio, pero recuerdo que recibí una carta con su firma hace veinte años. En aquellas líneas leí con esperanza su disposición a comprender que la responsabilidad militar de su función crecía ante la disminución a dieciocho años de la edad de incorporación de nuestros soldados. Porque aquellos jóvenes eran nuestros... ¿o no, capitán? (lo llamo así, porque ignoro su situación actual).

Han pasado veinte años y no he cejado en la búsqueda de mi hijo, su soldado desaparecido. ¿Y usted? ¿Se conformó con hacer un "acta de investigación por deserción" para legalizar la falsedad? Porque mi hijo, capitán, no desertó: fue secuestrado bajo su mando y responsabilidad.

Si usted era inocente debió -lo sabe- agotar sus fuerzas para develar la verdad; pero, en lugar de eso, avaló la mentira, la infamia y el delito con su firma al pie del "acta".

No fue usted el único culpable. Hubo responsables bajo su mando y sobre usted, como el jefe de Regimiento, los comandantes de Zona y Subzona y los tenebrosos miembros de la Inteligencia militar, responsables todos de los centros clandestinos de detención.

La complicidad de tantos jueces les dio -a todos ustedes- una transitoria y ruin tranquilidad, renovada por las leyes y decretos exculpatorios. "Transitoria", capitán, porque en este libro aparece su nombre entre muchos de los responsables del escuadrón perdido.

Presentar a los soldados de este modo permite que cada uno de ellos se convierta en un guerrero en carga hacia la verdad. En cuanto a usted, capitán, también ha entrado en la historia, sí, pero con el estigma de los cobardes, porque cuando juró la bandera y aceptó "defenderla hasta perder la vida", se comprometió a morir por los demás y no a matar indefensos.

A partir de entonces, eso que usted considera su vida se convirtió, en realidad, en una existencia des * honrada, porque no fue capaz de impedir que un soldado suyo fuese secuestrado bajo sus narices y, en cambio, usted se complicó mansamente con los secuestradores.

Si "el honor es el único regalo que un hombre puede hacerse a sí mismo", capitán, usted no tendrá jamás ese placer. No obstante, puede corregir en parte su indignidad: diga qué pasó con mi hijo; por qué, si cometió una falta, no fue juzgado como correspondía.

De mi parte, continuaré con mi lucha civil y desarmada hasta que usted, en sede judicial, deba decir lo que sabe.

Mientras tanto, medite. Hágalo mientras mira a sus hijos. Yo no puedo hacerlo con el mío, aunque lo llevo en la memoria y en el alma. Desde allí tomo fuerzas, capitán, para recorrer la huella de los verdugos hasta llegar a la verdad.

Como soy un hombre esperanzado, y aun utópico, me ilusiono pensando que algún día sonará el timbre de mi casa vacía y será usted, capitán, quien acude para entregarme la verdad.

No sé si podré perdonar; le prometo intentarlo y, también, valorar su coraje tardío ante este padre herido, pero aún entero y sin rendirse.


José Luis D’ANDREA MOHR
Buenos Aires, abril de 1998.

martes, 17 de julio de 2012

Derogación del Servicio Militar Obligatorio.

Visita la pagina informativa y de adhesiones para derogar el Servicio Militar Obligatorio, este es el link http://derogaciondelsmo.blogspot.com.ar/

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Derogación Ley 17.531 del S.M.O.

Buscamos poner fin a la Ley 17.531 del Servicio Militar Obligatorio, Ley que solo esta suspendida. Tratamos de que sea derogada en el Congreso Nacional.

Por que...?

"...Porque los Ciudadanos incorporados a cumplir el S.M.O. eran utilizados en los golpes de Estado... En contra del Pueblo....Porque educamos a nuestros Hijos para el Amor y no para la guerra... Porque creemos que una verdadera Democracia no necesita de leyes lesivas para los Ciudadanos...Porque fueron miles los colimbas que murieron al pasar por los cuarteles....Que no se institucionalice la muerte, que esta no sea "Obligatoria"

Derogación del Servicio Militar Obligatorio.


Sumamos adhesiones....!!!!

domingo, 3 de junio de 2012

Volver a Hablar del FOSMO


FOSMO Frente Opositor al Servicio Militar Obligatorio


Por Paula Pimentel* especial para La Voz de los Colimbas.


El 31 de agosto de 1994 tenía 9 años, y recuerdo con alegría ese día, cuando el Servicio Militar Obligatorio fue suspendido. Era una parada importante en un camino que no hemos terminado de recorrer.

Por esas jugadas del tiempo que a veces dan bronca, no conocí a mi abuelo Eduardo. Él se iba y yo estaba por llegar. Pero supe, desde antes de tener memoria, que fue un valiente gigante. Lo conozco desde sus hijos, desde mi papá, desde otros luchadores que tuvieron el placer de conocerlo. Escuché a Madres contar que en las marchas en tiempos de dictadura, se sentían seguras porque mi abuelo iba con ellas, del brazo y adelante. 

Supe que fue el primer padre en oponerse al Servicio Militar Obligatorio. Era 1982 y el tipo le mandó una carta documento al entonces presidente de facto, Reynaldo Bignone. Amparado en la patria potestad, se negó a que mi tío hiciera la colimba. Era el primero de los hermanos varones que salía sorteado para alejarse un año de su casa y aprender a manejar armas de guerra, para correr, barrer y limpiar a gusto y placer de los militares. “Los educamos bajo los valores de la paz y el amor, y le quieren enseñar a matar”, era el razonamiento tan simple y lógico de mis abuelos. 

Eduardo se plantó frente al regimiento donde habían llevado a uno de sus hijos, los medios no tardaron en llegar, el hombre de barba blanca comenzaba una huelga de hambre. Finalmente mi tío fue declarado como “no apto” para hacer la colimba.

Ese acto disparatado y valiente generó revuelo. Y el revuelo más lindo fue el Frente Opositor al Servicio Militar Obligatorio (FOSMO), donde padres con los mismos cuestionamientos que mis abuelos, comenzaron a juntarse y pensar formas de cambiar la obligatoriedad del SMO. 

Porque nadie se opone a la vocación de un hombre o mujer que elige la carrera militar, el asunto es obligar a los que no lo sienten. A eso se oponían. Mi abuelo dejó sus últimas fuerzas en un acto frente al Congreso. Era 6 de agosto y hacía mucho frío. Tres días más tarde, a los 61 años, murió. Seis meses después nacía yo.

Mi abuelo comenzó un camino que luego de su partida, siguió adelante. Pablo Pimentel, el mayor de sus hijos varones y mi padre, que ya acompañaba la militancia de Eduardo, siguió con el FOSMO, entre otros tales como Fernando Portillo, Alfredo Grande, y tantos padres que se fueron sumando a ese grito de “libertad de consciencia”.
Los recuerdo reunidos en casas viejas de la Capital Federal, con pisos de madera que sonaban mientras yo recorría indagando el edificio. Eudoro Palacios, ese padre que perdió a su hijo Daniel en abril del ’83, mientras hacía la colimba. No sólo les enseñaban a matar, cuando querían también los mataban. En la historia de Daniel se basó un capítulo de la miniserie Sin Condena, esa que cerraba con el Himno interpretado por Charly.

Festivales, actos, notas en diarios, radios y tv, una remera del FOSMO que tenía un casco tachado con el logo de prohibido, manifestaciones frente a cuarteles, eran cosas habituales en mis días de niña. Nueve años tenía y recuerdo que estaba junto a mi abuela, esposa de Eduardo, cuando vimos la noticia. “El SMO es suspendido, y será voluntario”. No me acuerdo exacto, pero dijo algo de su amado Eduardo. Y festejamos.

Fue una parada importante en el camino, pero hay que recordar que en 1901, el entonces presidente Julio Argentino Roca, promulgó la ley 4.301, comenzando con el SMO en nuestro país. Seis décadas más tarde, el gobierno de Onganía y Lanusse modifican la ley del genocida Roca poniendo en vigencia la que rige en nuestros días, la ley 17.531. Así como teníamos una ley de radiodifusión de la dictadura (1981) y se decidió de manera acertada modificarla, sepamos que tenemos una ley de otra dictadura (1967) que descansa en la Constitución argentina. Que ante cualquier conflicto interno y/o externo, básicamente una guerra, o cuando lo crea necesario el Estado, puede terminar con la suspensión del SMO y convocar a jóvenes de 18 años a realizar la colimba.

Por eso, apoyo con plena convicción la derogación de la ley 17.531. A los 18 años los chicos comienzan a vivir, a elegir, a buscar. Alejarlos de los suyos y encerrarlos en un cuartel por un año me parece una locura, y cuesta comprender cómo la sociedad argentina naturalizó por tantos años el SMO; y más cuesta entender, cómo está vigente la misma ley. “Si Menem -se dice- lo suspendió”, propongamos entonces a este gobierno que lo termine. Y si no, al siguiente.

Pasaron 18 años desde la suspensión del SMO, desde el asesinato del soldado Carrasco en Zapala; 18, como la edad de los chicos obligados a hacerlo. Pongamos en debate si es necesario mantener con vigencia esta ley. 

Muchos creen que el SMO fue abolido, comencemos aclarando esta confusión. No fue así.

Por los soldados torturados y asesinados en los cuarteles, por los pibes de Malvinas, por los objetores de consciencia, por los que fueron obligados y no querían hacerlo, por los padres que se opusieron, y por nuestros hijos, terminemos con la ley del Servicio Militar Obligatorio.


Adolfo Perez Esquivel, Luis Farinello, Eduardo Pimentel y Jorge Novak.






*Paula Pimentel, hija de Pablo Pimentel y nieta de Eduardo Pimentel, Periodista y autora del Blog "Algo Habré Dicho"




                                                                                                    

sábado, 4 de febrero de 2012

Programa del Jueves 22 de Diciembre del 2011

Contamos con el testimonio, desgarrador, de Elida Genes, hermana de Carlos Rolando Genes colimba secuestrado y asesinado en el Regimiento de Monte 29 de Formosa.
La barbarie en una Institución del Estado, como en muchos otros Regimientos, era el año 1976 el Segundo Jefe de Regimiento el Teniente Coronel Pleichot, le dijo a la familia Genes "...el soldado esta acusado de bailar con una extremista(?)..." 
Carlos Rolando Genes colimba asesinado en Formosa año 76


Posteriormente contamos con el testimonio de Anibal Gomez, quien hizo el Servicio Militar Obligatorio en el Regimiento de Monte 29 y hace muy pocos días se presento ante el Tribunal Oral y Federal de Formosa para contar lo que vio y vivió en aquellos aciagos días, en exclusiva se hizo presente en "La Voz de los Colimbas" e hizo oír su voz...
Anibal Gomez
Como era realizar el Servicio Militar Obligatorio, en el año 1976 en Formosa....?

Anibal Gomez y lo que pasaba haciendo la colimba...
Anibal Gomez otro colimba que ha tenido la valentía de contar lo que vio  



Anibal Gomez en La Voz de los Colimbas


Picar el siguiente link para oír el programa


lunes, 26 de diciembre de 2011

“Un alegato contra la militarización de las sociedades”

DIALOGOS › MARCELO GOYENECHE, DIRECTOR DE UN DOCUMENTAL SOBRE LOS CONSCRIPTOS QUE SIRVIERON A LAS ORDENES DE BUSSI
Algunos conscriptos denuncian cómo torturaba Bussi y las lecciones que les daba sobre tortura. Otros están orgullosos del papel que jugaron en el Operativo Independencia. El “estancamiento” era común como castigo.

 Por Leonardo Castillo - Pagina 12
–¿SMO (Servicio Militar Obligatorio) El Batallón olvidado es una historia que surgió cuando trabajaba para contar otra cosa?
–Sí, mi primera intención era hacer un documental sobre el Operativo Independencia en Tucumán, que comenzó en 1975 con el pretexto de aniquilar a las formaciones guerrilleras del ERP que operaban en el monte, pero que en realidad fue un amplio dispositivo de represión sobre la población civil y las organizaciones de trabajadores azucareros que desde hacía una década venían movilizándose contra el cierre de los ingenios. El 35 por ciento de las desapariciones que tuvieron lugar en la provincia se produjeron entre enero de 1975 y marzo de 1976. Además, funcionó allí el primer centro clandestino de represión, La Escuelita, en Famaillá. Al iniciar la investigación preliminar, al recabar las primeras informaciones sobre aquellos años en la provincia y las consecuencias del Operativo que comenzó bajo las órdenes de Acdel Vila y que luego siguió Domingo Bussi, me encontré con que en Orán, Salta, existía una asociación de ex conscriptos que había tomado parte del accionar del Ejército contra la guerrilla. Noté que había una historia silenciada, que merecía ser indagada y contada, por eso el nombre del documental, El Batallón Olvidado. Se trataba de jóvenes de 18 años, que siete años antes de la Guerra de Malvinas fueron expuestos a situaciones traumáticas que los marcaron para siempre.
–Lo que muestra la película es que muchos de esos ex soldados reivindican el papel que cumplieron durante la colimba en Tucumán. –Sí, es así. Muchos reproducen aún ese discurso de la oficialidad, que rezaba que el Operativo Independencia era un acto de servicio para “salvar a la patria de la agresión marxista”. Encontrarse con esa versión de la historia de aquellos años implicó un desafío para mí, pues significaba una visión contraria a la que tengo como documentalista, una confrontación con mi propia mirada. Entonces, el reto que me impuse pasó por entender por qué subsiste esa mirada en varios de los ex conscriptos.
–¿Y por qué cree que todavía muchos de esos ex soldados avalan la tarea que el Ejército llevó a cabo en Tucumán durante el Operativo Independencia? –Muchos de esos jóvenes provenían de poblaciones rurales de Salta, Jujuy y las provincias cuyanas, y el Servicio Militar Obligatorio constituía para ellos una experiencia de socialización muy fuerte. Está claro que el propósito del Ejército era llevar a Tucumán jóvenes de otros lugares para que no tuvieran que enfrentarse con vecinos, con gente que tal vez conocieran. Incluso así, para muchos de ellos, la colimba era la primera oportunidad que tenían de ver el mundo, de encontrase con otra realidad, y lo hicieron desde una perspectiva castrense, verticalista, que aún pervive en muchos de ellos. Hay que entender que muchos de esos pibes, la primera vez que se subieron a un micro fue para ir al cuartel donde se alistaron. Ese viaje constituyó el primero que muchos de ellos hicieron en sus vidas y es una experiencia que deja huellas muy profundas en la conciencia. Ahí me vi obligado a tomar distancia de mi ideología, de algunos de mis preconceptos para tratar de entender por qué perdura entre esos ex soldados una mirada tan autoritaria.
–Pero también está la mirada de muchos ex soldados que hicieron la colimba en aquel Tucumán, que padecieron maltratos y fueron testigos de abusos y torturas. –Sí, eso es parte del relato y era algo que también buscábamos reflejar. Así como me encontré con gente que decía “estar orgullosa” de haber tomado parte del Operativo Independencia, otros tenían mucha necesidad de hablar, de sacar a relucir hechos que durante años estuvieron muy reprimidos y noté que todavía persiste mucho miedo, dolor, angustia, pese a que habían pasado más de 35 años. Durante mucho tiempo, en el imaginario colectivo se instaló la idea de que los estacamientos eran un castigo que se aplicó a algunos soldados durante la Guerra de Malvinas, pero en el documental mostramos que esta era una práctica muy difundida en el Ejército y muchos soldados la sufrieron en Tucumán, bajo un sol abrasador. Uno de los testimonios que recabé y que más me reconfortó fue el de Domingo Jerez, a quien entrevisté en 2009 y pusimos en contacto con la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, y volvió a declarar en 2010, esta vez ante un tribunal, en el juicio que se le siguió al genocida Antonio Domingo Bussi (gobernador militar de Tucumán entre 1976-1977) por los crímenes cometidos en la Jefatura de Policía de Tucumán. En ese juicio, Jerez brindó información muy importante, contó cómo Bussi molía a garrotazos a los detenidos y las lecciones de tortura que les daba a los soldados. La información que aportó fue de mucha importancia. Espero que ahora la película se difunda, se vea y se comente en muchos espacios y pueda movilizar a que otros ex soldados puedan aportar más testimonios en otras causas, como por ejemplo la de Campo de Mayo. La Secretaría de Derechos Humanos está convocando a quienes hicieron la colimba entre 1975 y 1983 para que puedan aportar datos. Si esta película contribuye con eso, me voy a sentir muy conforme.
–¿Contribuir con la Justicia es el objetivo principal de este documental? –El objetivo era dar testimonio contra el Servicio Militar Obligatorio, denunciarlo como una forma de maltrato y sometimiento. En Argentina operó como una forma de disciplinar a la población civil, y en el caso de muchos de estos ex soldados todavía se percibe como algo positivo, un complemento de la educación inicial y secundaria. Una visión que el documental procura rechazar de plano.
–¿Actualmente, es en el Norte del país donde más arraigada se encuentra esta valoración positiva del Servicio Militar, como lo deja entrever la película? –No sólo en el Norte, en Buenos Aires y en otras grandes ciudades se reproduce esa idea de la colimba como un corrector social, un freno ante las drogas y la inseguridad. Una noción que incluso difunden personalidades vinculadas al mundo del espectáculo y la política. Encerrar a un pibe en un cuartel durante un año no nos otorga una persona mejor. Es lo que genera, por ejemplo, experimentos como el de las policías infantiles, que se llevan a cabo en Salta, Misiones, Chubut y Mendoza. Es un sistema por el cual se somete a pibes de entre 6 y 15 años a prácticas diarias de instrucción militar, lo que significa una constante violación de sus derechos. ¿Para qué se prepara a esos chicos? ¿Para que sean policías? ¿Pero al servicio de quién y con qué propósito? Son los interrogantes que intentan plantearse en la película si proponemos una mirada hacia el futuro y el presente.
–¿Se podría decir que ése es el concepto que se busca transmitir? –Digamos que se trata de un alegato contra la militarización de las sociedades y lo perjudicial que esta idea representa para los intereses de los sectores populares. Por ejemplo, la gente hoy tiene en claro que la colimba no existe más, pero son pocos los jóvenes que saben que se terminó porque hace más de 15 años un soldado, Omar Carrasco, tuvo que morir a golpes en un cuartel a manos de dos compañeros que seguían órdenes de un superior. Y lo que es llamativo es que, cuando se cancela el Servicio Militar, comienzan a crearse las policías infantiles en varias provincias. ¿Cuántas generaciones de jóvenes pasaron por este sistema de formación y qué terminan haciendo después? Cuándo el Servicio militar se instituyó, en 1901, se lo presentó como “un instrumento de moralización pública”. Pero a lo largo del siglo XX quedó demostrado que ese ejército, que pretendía encauzar y formar ciudadanía terminó, siendo una amenaza real para las instituciones del país y los trabajadores.
–Mencionó el caso Carrasco, sin embargo fueron muchísimas las denuncias de abusos y muertes que se verificaron a lo largo de la historia del Servicio Militar. –Es cierto, la colimba siempre estuvo vinculada con el abuso y la tortura. En la década del ’10, se conoció una práctica denominada como el submarino, que consistía en atar de pies y manos a los conscriptos, obligarlos a sumergirse en el río y bucear por debajo de un barco. Fue una práctica que provocó la muerte de 30 soldados en Corrientes. Es más, durante la pasada dictadura se produjo la desaparición de más de 200 soldados de los cuarteles. Eso sin mencionar los bailes y metodologías siniestras, como aplaudir cardos o tormentos que provocaban principios de deshidratación. Los ex soldados con los que hablé me contaron que a veces, como castigo, algunos eran atados en el interior de las carpas debajo del sol, con un tarro de agua en el pecho porque con el calor, la persona siente la sensación de que se ahoga dentro de un horno.
–Esos abusos tuvieron consecuencias psíquicas y físicas que aún hoy los ex soldados siguen padeciendo. –Sí, las secuelas de esos abusos siguen durante muchos años. Esto es algo que se toca en la película. Hay casos de alcoholismo, problemas psicológicos y físicos que todavía hoy afectan a quienes tuvieron que hacer la conscripción en el monte tucumano. Entre 1975 y 1983, los años más álgidos de la represión estatal en Argentina, más de 400.000 jóvenes pasaron por los cuarteles, contando además los que debieron ser movilizados al Atlántico Sur como consecuencia del conflicto con Gran Bretaña. Eso solo nos da la pauta de que, entre nosotros, tenemos toda una generación que padeció abusos sistemáticos en las unidades militares.
–¿Con qué propósito utilizó en El Batallón Olvidado el recurso de la animación? –Como una forma de recrear, de generar proximidad y dramatismo. El documental permite trabajar con mucha libertad, da la posibilidad de combinar distintos elementos y soportes. Reconozco que me inspiré un poco en Waltz with Bashir, un film israelí animado que cuenta las peripecias de un grupo de soldados durante la Guerra del Líbano, en 1982. Me gustó mucho esa película y pensé en un momento en hacer todo en animación pero era muy costoso, por eso me limité a unas escenas.
–¿Y el material fílmico dónde lo consiguió? –Una fuente de buenos recursos fílmicos fue el archivo visual que tiene la Universidad Nacional de Córdoba, donde me proveí de mucho material como filmaciones periodísticas, cinematográficas y noticieros de la época.
–Además de documentalista, también es delegado sindical en Aerolíneas Argentinas. –Lo que me interesa es retratar las luchas, las historias de resistencia y victimización que vivieron los sectores populares en Argentina. Las epopeyas olvidadas, los relatos silenciados. Son composiciones que apuntan a generar conciencia, a fomentar un aprendizaje colectivo que nos permita sacar lo mejor y lo peor de cada experiencia para que ciertos hechos no se repitan. Soy hijo de laburantes, y mi compromiso es con esa clase. Busco retratar a los trabajadores desde sus memorias. Narrar es para mí una manera de intervenir sobre el presente, y el futuro. Si uno es fiel a esos principios, contar se convierte en una acción política. Eso es lo que intento.
–¿Es lo que buscó en sus anteriores trabajos documentales, El día que bombardearon Buenos Aires (2004) y Carne Viva (2007)? –Ambas son realizaciones que cuentan hechos silenciados por la historia oficial, que hablaban de la resistencia a un modelo económico. En El día que bombardearon... busqué contar el bombardeo a Plaza de Mayo de junio de 1955 contra el gobierno de Juan Domingo Perón como un ataque a la clase trabajadora. Un atentado terrorista provocado por un cuerpo estatal como la Marina que le costó más de 400 vidas. Se trataba de dar una lección a las masas que apoyaban ese proceso de transformación que llevaba a cabo el peronismo. Ese es el inicio de un largo período de resistencia, de lucha de mucho heroísmo, que tras muchas marchas y contramarchas desemboca en el 2001. En Carne Viva intenté reflejar la gran gesta que significó la huelga de los trabajadores del frigorífico Lisandro de la Torre, en Mataderos, en 1960. Fue una medida de fuerza comandada por el dirigente Sebastián Borro, que contó con la participación de 9000 obreros de la carne. Y ahí también logré relacionar esa gesta con el presente, con los trabajadores que tras la crisis de 2001 salieron a recuperar fábricas; en esta película tomé el caso del frigorífico Yaguané, en La Matanza. Uno de sus trabajadores era Angel Vivaldelli, que había estado en la huelga del ‘60 y a los 81 años asesoraba a la cooperativa en la sección cortes.
–¿Y cuál es el correlato con el presente que se puede hacer desde El Batallón Olvidado? –Relacionar lo que se cuenta con el discurso de mano dura que se reproduce desde algunos medios de comunicación y sectores políticos de derecha. Aun hoy, desde cierta mirada reaccionaria, el Servicio Militar es una manera de combatir la inseguridad y la delincuencia. Entonces, trato de probar que, en realidad, el Servicio Militar nunca fue eficaz a la hora de generar ciudadanía, sino más bien todo lo contrario. Por eso, a diferencia de las dos anteriores, ésta no es una historia en la que se narren grandes gestas de resistencia y heroísmo, más bien es un relato sobre víctimas que, en muchos casos, se identificaron con sus victimarios.
–En esta línea de marcar una continuidad histórica con cada realización, ¿cuál es su próximo proyecto? –Me gustaría contar la historia del sindicalismo argentino, y en particular las luchas que se desarrollaron durante el menemismo y el modelo neoliberal. Me parece que en este aspecto hay mucha tela por cortar. El proyecto es arrancar con las primeras organizaciones anarquistas y socialistas para llegar al sindicalismo actual, tan contaminado, de las prácticas empresariales.
–En términos económicos, ¿producir estos documentales implica ir siempre a pérdida? –La verdad que sí. Para esta producción conté con respaldo del Incaa y la CTA, a la cual pertenezco. Es muy difícil filmar documentales si uno no cuenta con un buen respaldo. Prácticamente no existe el circuito comercial. Pero bueno, uno no puede pretender hacer un negocio redondo cuando cuenta historias como éstas. La apuesta pasa por otro lado. El propósito es movilizar, concientizar. Me conformo con que dentro de unos meses, la película sea difundida por el canal Encuentro y se difunda en escuelas. La idea es que cuando a las generaciones jóvenes les hablen sobre el Servicio Militar, vean este trabajo y asuman que se trata de un capítulo cerrado en la historia argentina y que no debe volver a repetirse.
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viernes, 10 de septiembre de 2010

Ex Conscrptos de Chile y Argentina

"Pelados" y "Colimbas" Chile - Argentina

En ambos países quienes realizaron el Servicio Militar Obligatorio durante la dictadura, debieron sufrir infinitos vejamenes y las mas variadas humillaciones, en algunos casos la muerte, por parte de los mandos de las Fuerzas Armadas de sus respectivos países.

El 11 de Septiembre de 1973 y el 24 de Marzo 1976 representa en Chile y Argentina, el comienzo de una de las etapas mas tétricas y oscuras de la Historia.

Ambas Ciudadanias sufrieron los embates del terror, el terror era personificado por Oficiales y Suboficiales de distintas fuerzas, tal el caso de la Policía, Carabineros, Gendarmes, Ejercito, Marina y Fuerza Aérea, estos émulos del Averno, secuestraron, torturaron y mataron a su antojo y fue allí en esa cárcel disfrazada de Servicio Militar que otros ciudadanos, menores de edad, adolecentes, con la ternura propia de esa edad, cayeron al abismo del Infierno, "colimbas" y "pelados"hubieron de sufrir entre un año y medio y dos años, de sus jóvenes vidas, situaciones que los marcaron para siempre.

Fueron jóvenes que cumplieron con la Ley, con el Estado, lo que debería ser "solo" tiempo perdido, fue Terrorismo de Estado, ya en Democracia y en el ocaso de sus Vidas, aquellos Jóvenes de ayer, siguen esperando que el Estado de hoy se acuerde de ellos.

Por Memoria, Verdad y Justicia.


Los "Pelados"** reclamando ante su Presidenta Sra. Michelle Bachelett.

** En Chile, soldado conscripto.


martes, 25 de mayo de 2010

Otro valiente testimonio de un Ex Colimba

A Roberto Oscar Pagni le tocó hacer el servicio militar en abril de 1979. Luego de un periodo de instrucción fue derivado a la Base Aérea local. Junto a otros seis conscriptos formaron el equipo de custodia del comodoro Cuello, titular del regimiento, su jefe directo era Gregorio Rafael Molina.
El escribano y ex funcionario de la administración del intendente Daniel Katz, contó ante el tribunal que Molina era la persona que se encargaba de instruirlos en tiro con diferentes armas y ejercicios para posibles enfrentamientos con “guerrilleros”.
Dijo que el imputado era un hombre muy severo y que llevaba la voz de mando dentro de la Base Aérea. Era quien daba las órdenes. “Era la autoridad le teníamos miedo”, definió Pagni.
La función del colimba, de apenas 18 años, era custodiar la casa y el traslado del comodoro Cuello. Debía revisar el auto cada mañana para asegurase que no haya un explosivo y debía tener siempre su pistola 11.25 con una bala en recamara y martillada por cualquier eventualidad.
Según Pagni, Molina y otro suboficial eran los únicos que ingresaban al “bunker” así llamaban al edificio del viejo radar sonde funcionaba “La Cueva”. Los conscriptos tenían prohibido pasar por allí.
Lo recordó como un hombre de humor cambiante y una sola vez lo vio borracho. Fue en la cena de despedida cuando la promoción de Pagni se iba de baja. Con algunas copas de más, Molina les contó el episodio en el que murió el teniente del Ejército Fernando Cativa Tolosa, durante un presunto enfrentamiento con un grupo Montonero. Por eso hecho culpó a un militar de apellido Cerutti, dijo que había sido “un cagón” que no acompañó a Tolosa.
Por último mencionó que Molina tenía un anillo muy grande y una pulsera de oro o plata. El anillo grande fue mencionado por otros testigos.


Fuente: http://juiciomolina.blogspot.com/

domingo, 16 de mayo de 2010

Testimonio de C.A.Bozzi y un Ex Colimba

Fuente: http://www.subzona15.blogspot.com.ar/


Con testimonios desgarradores y el análisis de una perito psiquiátrica sobre el ex militar se desarrolló una nueva audiencia del juicio por delitos de lesa humanidad perpetrados en nuestra ciudad.

Las conclusiones de la perito psicóloga que examinó a Gregorio Rafael Molina, imputado de crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar, complican la situación del suboficial de la Fuerza Aérea.

La doctora Adriana Gaig entrevistó a Molina en agosto de 2007. De aquellos exámenes pudo concluir que el imputado de dos homicidios calificados, 38 secuestros, torturas y violaciones a cautivas en el centro clandestino de detención “ La Cueva ”, es una persona lúcida y ubicada en tiempo y espacio. Que distingue lo lícito de lo ilícito y lo que perjudica de lo que beneficia.

La doctora Gaig fue la primera persona en prestar declaración en la tercera audiencia en el juicio que se realiza en el Tribunal Oral Federal 1 de Mar del Plata. Delante de los jueces Juan Leopoldo Velásquez (presidente), Beatriz Torterola, Juan Carlos París y Martín Bava aseguró que Molina no manifestó sentirse angustiado por la situación que atravesaba en ese momento.





Testimonio de un Ex Colimba


Luego del cuarto intermedio, la audiencia se retomó alrededor de las 15.30 con la presencia ante el tribunal de Enrique Rodríguez quien realizó el servicio militar obligatorio entre marzo de 1976 y noviembre de 1977 en la Base Aérea local.


Según explicó el testigo, durante el periodo en el que él tuvo que estar allí pudo notar que en el edificio del viejo radar alojaban detenidos. Incluso, Rodríguez denominó al lugar como “ La Cueva ”, ya que posteriormente identificó el lugar con los dichos de detenidos desaparecidos.
Además recordó que, mientras tenía que realizar guardias nocturnas en los puestos de entrada a la Base , a él y a otros soldados los obligaban a esconderse en los momentos en que entraban o salían los “grupos de tareas”.

El testimonio del ex colimba se extendió por casi dos horas y en él detalló la vida interna de la Base Aérea local. Entre las particularidades marcadas destacó que les estaba totalmente prohibido acercarse a la zona de La Cueva , sobre todo a los soldados oriundos de Mar del Plata. En este sentido, explicó que para las tareas que era necesario realizar allí los suboficiales –quienes tenían a cargo el funcionamiento del centro clandestino de detención- designaban a los conscriptos provenientes del interior del país. Sin embargo, una sola vez le tocó al testigo llevar una vianda de comida a La Cueva y allí constató la presencia de un joven encapuchado quien le pedía por favor que avisara de su existencia. El testigo remarco que el joven le dijo que su familia se dedicaba a fabricar dulces en la zona de Chascomús.

Otro dato sustancial aportado por el testimonio de Rodríguez tiene que ver con la existencia de los Vuelos de la Muerte. El testigo explicó que, una noche en la que le había tocado guardia en la torre pudo divisar la presencia de aviones bimotores de la Marina a donde subían a personas que estaban atadas.

Rodríguez fue contundente al describir a Molina: “era un loquito que andaba con tres revólveres y granadas colgando”. En este sentido hizo referencia a un chiste que se hacían entre los colimbas: “si Molina se cae explota”. Además pudo precisar que a Molina se lo conocía como “El Sapo” entre los soldados.

Además expresó que lo recuerda con carpetas en la mano y que esto no era común a otros suboficiales de la Base.

Rodríguez no dudó en decir que hubo momentos en los que escuchó gritos provenientes del viejo radar y que, además, esos gritos eran de mujer y desgarradores.
La existencia de listas con nombres de personas que eran buscadas es otro de los elementos aportados por este testimonio que posibilitó comprender cómo funcionaba el centro clandestino de detención en el interior de la Base Aérea.

Durante el testimonio el testigo recordó que en una de las salidas de los grupos de tareas pudo advertir a Eduardo Cativa Tolosa –miembro del Ejército- junto a personal de la Fuerza Aérea saliendo para un operativo y que llevaban a una joven que, en apariencia, esta pertenecía al grupo de detenidos que estaba en la Base.

Testimonio de Carlos Aurelio Bozzi





Carlos Bozzi, sobreviviente del centro clandestino de detención (CCD) La Cueva aseguró que el suboficial retirado Gregorio Rafael Molina fue quien lo secuestró junto a su socio Tomás Fresneda y a la mujer de éste en el operativo conocido como la “Noche de la Corbatas”.
El abogado declaró ayer en la quinta audiencia del juicio a Molina, suboficial mayor retirado de la Fuerza Aérea acusado de crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar. Al militar nacido en La Rioja se le imputan dos homicidios calificados, 38 casos de privaciones ilegitimas de la libertad agravada e imposición de tormentos y al menos dos abusos sexuales.
Bozzi pasó once días cautivo en La Cueva tras ser secuestrado la tarde del 8 de julio de 1977. Ayer frente al Tribunal contó que el militar que dirigió el operativo de secuestro, el que lo interrogó y el que le comunicó su libertad fue siempre la misma persona y que por determinados indicios asegura que fue Molina. Lo describió como el hombre de sobretodo gris, con una voz y perfume característicos. También lo reconocía por su anillo y los cigarrillos que fumaba.
La primera vez que el testigo vio al “hombre del sobretodo gris” fue el 8 de julio de 1977. Bozzi lo recordó como la persona que ingresó al estudio que compartía con Tomás Fresneda y le apoyó una pistola en la cara. Luego le propinó dos trompadas cuando el testigo le dijo que no sabía la dirección de la casa de su socio.
Tomás Fresneda, su mujer María de las Mercedes Argarañaz y Bozzi ingresaron a la Cueva esa misma noche. Su secuestro se incluye en el operativo denominado “Noche de las Corbatas” cuando los militares capturaron a un grupo de abogados laboralistas entre el 8 y 9 de julio del ‘77. Fresneda y su mujer continúan desaparecidos.
Antes de empezar su relato Carlos Bozzi repartió a las partes y al tribunal fotocopias de un plano de La Cueva. El testigo había señalizado cada habitación en la que estuvo durante su cautiverio.
Contó que la primera noche estuvieron los tres juntos y que los habían atado y encapuchado. Sintió que gente se iba del lugar y quedaba una radio prendida que pasó el himno nacional. Enseguida un a voz que dijo: “Portense bien que no están en su casa, no queremos matar a nadie más”. El testigo asoció esa advertencia con la muerte abogado Norberto Centeno, secuestrado y asesinado en La Cueva. El certificado de defunción está fechado el 8 de julio de 1977.
Al día siguiente un hombre se llevó a Argarañaz y a los 15 minutos la trajo a Mercedes y se llevó a Fresneda y por último a Bozzi. Era la voz del hombre del sobretodo gris, era el mismo perfume en las manos. El abogado contó que lo pusieron sobre una mesa y le ataron un cable en cada uno de los pies. Después de algunas preguntas vagas, la voz le dijo que si había mentido lo mataba.
Esa noche, calcula que era la segunda, Fresneda le contó que en el interrogatorio le dijeron que lo largaban pero que él y su mujer se quedaban. Cuando se levantó al otro día, el matrimonio Fresneda ya no estaba.
Bozzi también relató que tiempo después, ya en libertad, investigó algunas fechas y supo que durante su encierro había llevado a La Cueva a los García, un matrimonio que fue secuestrado durante julio del ‘77.
Bozzi fue liberado en medio de un simulacro que organizaron sus captores. La idea era hacerle creer a la opinión pública que los abogados habían sido secuestrados y en algunos casos asesinados por Montoneros. La voz le dijo que se habían equivocado con su secuestro. Le dijo que estaba en manos de una célula montonera y que si quería se podía unir a ellos para enfrentar al régimen militar. Bozo dijo que no y fue subido al baúl de un auto con las manos atadas y los ojos vendados. Después de un largo trecho el auto se frenó. Escuchó tiros, un quejido y un grupo de militares que lo liberó. Le dijeron “que hubo un enfrentamiento, que murieron dos extremistas y que el abogado Norberto Centeno estaba muerto en el interior del auto”. Tiempo después se supo que los supuestos “guerrilleros” eran dos jóvenes que habían sido secuestrados en La Plata.

Por Bozzi, Fresneda y Argarañaz se presentó un recurso de habeas corpus en el juzgado de Pedro Federico Hooft, el tramite nunca prosperó. Bozzi fue llamado a declarar por su secuestro pero no se presentó. Vivió en Corrientes varios años hasta que regresó a la ciudad. Los diarios de la época titularon que Bozzi había sido "liberado" por el Ejército y que en el enfrentamiento murieron dos “extremistas”. Nunca corrigieron el error.