Lo mas relevante de los últimos programas.........
Llamamos y saludamos, vía teléfono, al Sr. Bruno Palermo, papá del colimba c/54 secuestrado y desaparecido, Norberto Hugo Palermo, Don Bruno Palermo fue nuestro invitado el 10/09/2009 aquellos que lo deseen pueden ingresar a la nota cliqueando sobre este link: http://lavozdeloscolimbas.blogspot.com/2009/09/programa-del-10-de-septiembre-2009.html en este caso quisimos saludarlo ya que en oportunidad del acto homenaje realizado por el Ministerio de Defensa el pasado 29/03/2010 nos vimos pero no pudimos hablar, recordamos que en oportunidad del acto al que hacemos referencia, se reconoció a todos aquellos colimbas que figuraban como "desertores" (así catalogados por las FF.AA) la investigación que permitió corroborar la situación de los jóvenes, se originó con la resolución Nº 420 del Ministerio de Defensa, en mayo de 2009, pero vamos a la pequeña charla con Don Bruno Palermo..........
nos decia Don Bruno..."...mi hijo no fue desertor....se hizo Justicia con el y con todos los colimbas que figuraban como "desertores"...." "...estoy muy contento..." "...acá no se trata de venganzas, sino de que se haga Justicia..." "...siempre pensé que esto se iba a lograr, máxime con el Dr. Pablo Lllonto de por medio, ya que gracias a el esto se pudo conseguir..." Sentimos a Don Bruno Palermo un amigo y es un placer cada vez que hablamos con el.
También nos comunicamos con Ernesto Suarez hermano del colimba Roberto Daniel Suarez, secuestrado el 10/08/77 mientras realizaba el SMO en el Regimiento Ingenieros 101 de Santa Fe "....el estaba haciendo la colimba lo mandaron a hacer un mandado y ahí fue donde desapareció..." "....yo en ese momento estaba detenido por ser militante, así era en esa época..." "...inmediatamente mi madre fue a reclamar al cuartel, por la desaparición de mi hermano, allí la atendió el suboficial Mario Ferger quien le dijo: su hijo seguramente se fue con alguna chica....mi madre nunca fue atendida por el jefe del Regimiento Cnl José Tidio Lagomarsino de León, (a quien se sindica como autor de un disparo que mato a Roberto Suarez)..." "...los Habeas Corpus presentados por mi mamá fueron rechazados..." "....se dijo que Mario Ferger pareciera tener intención de aclarar como fue todo, en realidad lo que sucedió es que se acerco una persona desconocida a mi tío y le dijo: Ferger tiene ganas de hablar, pero el ex oficial Candioti lo apretó para que no hable, esto hay que tomarlo con pinzas, anda a saber...." "...nosotros hemos sufrido muchisimo, pero todo lo que sirva para esclarecer lo que sucedió, debemos escucharlo..." "...vamos a ver si durante el Juicio se pueden esclarecer las cosas..." Ojala así sea.
Tratamos el caso de la Dra.Beatriz Liliana Tello de Blanco, una abogada de esta Capital, quien patrocina a no sabemos cuantos ex colimbas, en juicio al Estado Argentino, los demandantes son ex conscriptos de las clases 1953/54/55/58/59 que vieron vulnerados sus derechos cuando realizaron el SMO es decir, el Servicio Militar Obligatorio, justo es decir que las clases antedichas han sido victimas tanto de tortura Psicológica como Física, pasando por golpes, humillaciones, servilismo, sin que hasta el momento el Estado haya tomado cartas en todos estos casos, la Dra. Blanco nos hacia referencia a un dictamen de la Corte Suprema de Justicia que resolvió se debe dirigir la demanda al Estado y no a las Pcias, (como hizo la Dra. Blanco), le preguntamos cuanto tiempo podría demorar esto y nos dijo que era prematuro saberlo, le preguntamos a la Dra. Blanco cuantos casos lleva adelante, nos dijo que muchos aunque no especifico cuantos....Cuando le preguntamos cuanto sale el tramite nos dijo 300 $. Aquí vale una aclaración....Nosotros tomamos conocimiento de la Dra. Blanco a partir de una publicación en el Foro Pensión Ejercito, la publicación en cuestión lleva el Nº 11.983 y es firmada por una persona que dice ser Ana Elizabeth Gauna de Gonzalez, por los dichos de esta persona se infiere que es la impulsora de todo esto, en anteriores notas al mismo foro en Abril del 2008 la misma asegura tener "mas de 15.000 ex soldados empadronados" (que actualmente deben ser el doble), ahora bien, si nos ponemos a atar cabos, por así decirlo, suponiendo que esos "mas de 15.000..." fuesen clientes de la Dra. Blanco a 300 $ c/u nos da la friolera de 4.500.000 $ vamos a suponer, que fuesen 10.000 los casos, nos da 3.000.000 $ no, no puede ser... Supongamos que sean 1.000 casos serian.... 300.000 $ no, no bajemos otro poco.... Supongamos que son 100 casos o clientes, serian unos... 30.000 $ no ?? Es obvio que suponemos, porque ignoramos las cifras, la Dra. Blanco no nos ha proveído cifras, ni Ana de Gonzalez tampoco.
Se me viene a la mente el perro callejero al que todos le tiran piedras..........Si te agachas a atar tus cordones seguro sale corriendo........!!!!
Algo que no alcance a preguntarle a la Dra. Blanco es cual era su opinión respecto al Dr. Ernesto Moreau patrocinante de los Testigos de Jehová, quien demoró, pese a su jerarquía y sapiencia profesional como diez años en lograr sentencia favorable, en fin.
Todos los Miércoles de 17 a 18 Hs.
Desde Parana, Entre Ríos.
Por FM San Agustín 91.3 escucha........
"La Hora de los Ex Conscriptos"
Conducción: Oscar A. Mendoza
Locución:Osvaldo Basilchicoff
Producción: Jesús Mendoza
Realizamos una entrevista telefónica a Carlos Aurelio Bozzi, a quien consideramos un amigo de La Voz de los Colimbas Carlos es abogado sobreviviente de lo que se conoció en Mar del Plata como "La Noche de las Corbatas" y hace pocos días brindo testimonio en el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata, en el juzgamiento que se le realiza al represor, torturador y violador Gregorio Rafael Molina, a quien se indica como el encargado del Centro Clandestino de Detención y Exterminio "La Cueva" También paso por nuestros micrófonos Roberto Oscar Pagni quien en el año 1979 realizo su Servicio Militar en la Base Aérea Mar del Plata, en dicha Base funciono el C.C.D. y E conocido como "La Cueva"Pagni nos relato que lo que se conoce como "La Cueva" los colimbas lo llamaban "El Bunker"su jefe directo era el represor Molina, recuerda que le tenia miedo, miedo que es entendible dada la edad (18) en que realizó el SMO mas hoy día Roberto Pagni nos ha demostrado a todos que no le falta valentía en ir y declarar ante los Tribunales Marplatenses y lo destacamos porque ello habla de compromiso, de poner su grano de arena para que la Justicia caiga con todo su peso sobre quienes son responsables de uno de los periodos mas oscuros de la Argentina.
Ricardo Righi.
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No al regreso de la Colimba
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sábado, 29 de mayo de 2010
viernes, 28 de mayo de 2010
Bofetada de Brasil a EE.UU y al Mundo
Durante una visita a Estados Unidos, (año 2000), le preguntaron al ex gobernador del Distrito Federal, ex Ministro de Educación de Brasil y actual Senador Cristovao Chico Buarque, qué pensaba sobre la internacionalización de la Amazonia, quien pregunto, ecologista, le pidio una respuesta como humanista y no de un brasileño.Ésta fue la respuesta del Sr. Cristóvão Buarque:
Realmente, como brasileño, sólo hablaría en contra de la internacionalización de la Amazonia. Por más que nuestros gobiernos no cuiden debidamente ese patrimonio, él es nuestro.
Como humanista, sintiendo el riesgo de la degradación ambiental que sufre la Amazonia, puedo imaginar su internacionalización, como también de todo lo demás, que es de suma importancia para la humanidad.
Si la Amazonia, desde una ética humanista, debe ser internacionalizada, internacionalicemos también las reservas de petróleo del mundo entero. El petróleo es tan importante para el bienestar de la humanidad como la Amazonia para nuestro futuro. A pesar de eso, los dueños de las reservas creen tener el derecho de aumentar o disminuir la extracción de petróleo y subir o no su precio.
De la misma forma, el capital financiero de los países ricos debería ser internacionalizado. Si la Amazonia es una reserva para todos los seres humanos, no se debería quemar solamente por la voluntad de un dueño o de un país. Quemar la Amazonia es tan grave como el desempleo provocado por las decisiones arbitrarias de los especuladores globales.
No podemos permitir que las reservas financieras sirvan para quemar países enteros en la voluptuosidad de la especulación.
También, antes que la Amazonia, me gustaría ver la internacionalización de los grandes museos del mundo. El Louvre no debe pertenecer solo a Francia. Cada museo del mundo es el guardián de las piezas más bellas producidas por el genio humano. No se puede dejar que ese patrimonio
cultural, como es el patrimonio natural amazónico, sea manipulado y destruido por el sólo placer de un propietario o de un país.
Si EEUU quiere internacionalizar la Amazonia, para no correr el riesgo de dejarla en manos de los brasileños,internacionalicemos todos los arsenales nucleares. Basta pensar que ellos ya demostraron que son capaces de usar esas armas, provocando una destrucción miles de veces mayor que las lamentables quemas realizadas en los bosques de Brasil.
En sus discursos, los actuales candidatos a la presidencia de los Estados Unidos han defendido la idea de internacionalizar las reservas forestales del mundo a cambio de la deuda.
Comencemos usando esa deuda para garantizar que cada niño del mundo tenga la posibilidad de comer y de ir a la escuela. Internacionalicemos a los niños, tratándolos a todos ellos sin importar el país donde nacieron, como patrimonio merecen los cuidados del mundo entero. Mucho más de lo que se merece la Amazonia.
Cuando los dirigentes traten a los niños pobres del mundo como Patrimonio de la Humanidad, no permitirán que trabajen cuando deberían estudiar; que mueran cuando deberían vivir.
------------------Como humanista, acepto defender la internacionalización del mundo; pero, mientras el mundo me trate como brasileño, lucharé para que la Amazonia, sea nuestra. ¡Solamente nuestra!
------------------Como humanista, acepto defender la internacionalización del mundo; pero, mientras el mundo me trate como brasileño, lucharé para que la Amazonia, sea nuestra. ¡Solamente nuestra!
Cristovam Buarque (PDT - DF) cristovam@senado.gov.br
martes, 25 de mayo de 2010
Otro valiente testimonio de un Ex Colimba
A Roberto Oscar Pagni le tocó hacer el servicio militar en abril de 1979. Luego de un periodo de instrucción fue derivado a la Base Aérea local. Junto a otros seis conscriptos formaron el equipo de custodia del comodoro Cuello, titular del regimiento, su jefe directo era Gregorio Rafael Molina.
El escribano y ex funcionario de la administración del intendente Daniel Katz, contó ante el tribunal que Molina era la persona que se encargaba de instruirlos en tiro con diferentes armas y ejercicios para posibles enfrentamientos con “guerrilleros”.
Dijo que el imputado era un hombre muy severo y que llevaba la voz de mando dentro de la Base Aérea. Era quien daba las órdenes. “Era la autoridad le teníamos miedo”, definió Pagni.
La función del colimba, de apenas 18 años, era custodiar la casa y el traslado del comodoro Cuello. Debía revisar el auto cada mañana para asegurase que no haya un explosivo y debía tener siempre su pistola 11.25 con una bala en recamara y martillada por cualquier eventualidad.
Según Pagni, Molina y otro suboficial eran los únicos que ingresaban al “bunker” así llamaban al edificio del viejo radar sonde funcionaba “La Cueva”. Los conscriptos tenían prohibido pasar por allí.
Lo recordó como un hombre de humor cambiante y una sola vez lo vio borracho. Fue en la cena de despedida cuando la promoción de Pagni se iba de baja. Con algunas copas de más, Molina les contó el episodio en el que murió el teniente del Ejército Fernando Cativa Tolosa, durante un presunto enfrentamiento con un grupo Montonero. Por eso hecho culpó a un militar de apellido Cerutti, dijo que había sido “un cagón” que no acompañó a Tolosa.
Por último mencionó que Molina tenía un anillo muy grande y una pulsera de oro o plata. El anillo grande fue mencionado por otros testigos.
Fuente: http://juiciomolina.blogspot.com/
El escribano y ex funcionario de la administración del intendente Daniel Katz, contó ante el tribunal que Molina era la persona que se encargaba de instruirlos en tiro con diferentes armas y ejercicios para posibles enfrentamientos con “guerrilleros”.
Dijo que el imputado era un hombre muy severo y que llevaba la voz de mando dentro de la Base Aérea. Era quien daba las órdenes. “Era la autoridad le teníamos miedo”, definió Pagni.
La función del colimba, de apenas 18 años, era custodiar la casa y el traslado del comodoro Cuello. Debía revisar el auto cada mañana para asegurase que no haya un explosivo y debía tener siempre su pistola 11.25 con una bala en recamara y martillada por cualquier eventualidad.
Según Pagni, Molina y otro suboficial eran los únicos que ingresaban al “bunker” así llamaban al edificio del viejo radar sonde funcionaba “La Cueva”. Los conscriptos tenían prohibido pasar por allí.
Lo recordó como un hombre de humor cambiante y una sola vez lo vio borracho. Fue en la cena de despedida cuando la promoción de Pagni se iba de baja. Con algunas copas de más, Molina les contó el episodio en el que murió el teniente del Ejército Fernando Cativa Tolosa, durante un presunto enfrentamiento con un grupo Montonero. Por eso hecho culpó a un militar de apellido Cerutti, dijo que había sido “un cagón” que no acompañó a Tolosa.
Por último mencionó que Molina tenía un anillo muy grande y una pulsera de oro o plata. El anillo grande fue mencionado por otros testigos.
Fuente: http://juiciomolina.blogspot.com/
Valiente testimonio de Ex Colimbas
Dos ex conscriptos de la Base Aérea aseguraron que el suboficial violaba a las cautivas, hablaron de “vuelos de la muerte” y dijeron que un juez y un abogado decidían la suerte de los detenidos
Dos colimbas clase ’57, (sic***)que hicieron el servicio militar en la Base Aérea desde enero de 1976 hasta marzo del ’77, complicaron la situación del suboficial Gregorio Rafael Molina acusado de crímenes de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino de detención (CCD) “La Cueva” que funcionó en el edificio del viejo radar.
Ambos testigos, cuyos nombres no pueden ser develados por orden de la Justicia, brindaron detalles del funcionamiento de la Base Aérea después del golpe de Estado. Además, aseguraron que como segundo responsable de Inteligencia, Molina “era el jefe de todo”. Uno de ellos vio como subían a prisioneros a un avión que regresaba vacío y el otro, dijo que el abogado Eduardo Cincotta y el juez Pedro Federico Hooft llamaban a la Base y pedían hablar con el sector de Inteligencia. De esos llamados dependía la suerte de algunos detenidos desaparecidos.
El primer testigo cumplió funciones en la compañía de servicio. Estaba a cargo del conmutador. Todas las llamadas telefónicas que entraban a la Base Aérea pasaban por él. El hombre con acento provinciano recordó que después del golpe de Estado, se habilitó un nuevo el interno, el número 2 y correspondía al viejo radar. Según el testigo, “un nido de ratas, un lugar abandonado” que acondicionaron para los detenidos desaparecidos.
Al ex colimba le tocó dos veces hacer guardia en “La Cueva”. Dijo que allí había al menos 18 personas encapuchadas y maniatadas. En una oportunidad tuvo que acompañar a uno de los detenidos al baño. Dijo ser un abogado y se ofreció para llevarle una carta a la familia. El testigo cumplió su promesa. Dejó la esquela debajo de la puerta de una casa del barrio Chauvín.
Ambos testigos dijeron que Molina representaba la autoridad en la Base Aérea. Era el segundo jefe de Inteligencia después del oficial Cerutti y siempre andaba muy armado. Aseguraron que el viejo suboficial había violado a algunas prisioneras. Participaba de los de los operativos de secuestro y lo llamaban “Charles Bronnson o Sapo”. “Siempre andaba con carpetas y una tenía fotos de las personas que buscaban”. Una de esas imágenes era de un hombre que llamaban “Pájaro” y que lo acusaban de haber matado al teniente Fernando Cativa Tolosa.
Los colimbas contaron que durante la noche ingresaban autos de civil con gente encapuchada adentro y se dirigían directamente a La Cueva, al fondo del predio. También recordaron que el Casino de Oficiales era un lugar en que se alojaban presos. Lo llamaron los “presos vip”. Estaban en mejores condiciones y no eran torturados como los otros.
Los dos testigos coincidieron en que a la noche se escuchaban gritos y quejidos en La Cueva. Uno de ellos contó que había dos hombres de civil que venían desde el GADA 601 a interrogar a los detenidos.
A medida que pasaban los días, los colimbas se enteraban de aquellas cosas que en un primer momento fueron secretas y luego se transformaron en cotidianas. Los autos sin identificación llegaban con prisioneros cada vez más seguidos. Un Torino blanco, un Falcón y una Chevy eran los vehículos utilizados para los secuestros.
Según uno de los testigos, un tal “Pepé” –morocho grandote-, era quien manejaba la picana a la hora de los interrogatorios. “Los interrogatorios livianos eran a la tarde y los pesados a la noche”, dijo el ex conscripto. Sus dichos coincidieron con los de su compañero de promoción que relató que los gritos en La Cueva se escuchaban a la noche. La radio a todo volumen no podía tapar el quejido de los prisioneros durante la tortura.
Ambos reforzaron las declaraciones de una sobreviviente. Recordaron el día que una prisionera se cortó al frente tras caer de la escalera de entrada al viejo radar y los enfermeros Silva y Roldán la cosieron sin anestesia. También hablaron del asesinato de unos de los detenidos, el cura Domingo Cachiamani, que se trabó en lucha con uno de los carceleros y éste le pegó un tiro.
Los vuelos de la muerte
Uno de los testigos declaró que una noche mientras hacía guardia a unos cuantos metros de La Cueva pudo ver que un avión de la Armada que se guardaba en el hangar del aeropuerto carreteó hasta unos 150 metros de La Cueva y vio como sacaban bolsas que cargaban de a dos soldados. Eran personas semidormidas. El avión regresaba a la medía hora pero sin los prisioneros. El comentario entre los colimbas era que los arrojaban al mar.
En otra oportunidad el testigo vio que los prisioneros no eran embolsados y arrastrados sino que los sacaban con los pies maniatados y despiertos. Una vez más el avión volvió vacío.
A propósito de los vuelos de la muerte, uno de los ex conscriptos recordó que entre sus compañeros había un joven de apellido Quiroga. Había pedido prórroga para poder terminar la carrera de bioquímico. Luego hizo carrera dentro de la Fuerza Aérea y un día le confesó al grupo que se quería ir porque “el no había nacido para hacer ciertas cosas”. Le habían ordenado hacer un anestésico para adormecer a los prisioneros antes de subirlos a los aviones.
El conscripto que estaba a cargo del conmutador tenía la función de contestar cada llamada telefónica y derivarla a las distintas dependencias de la Base Aérea. Del GADA 601 llamaba el coronel Pedro Barda, jefe de la subzona militar XV. También lo hacía Alfredo Arrillaga, subjefe del GADA y responsable del servicio de Inteligencia de la zona. Desde la Base Naval se comunicaban Juan José Lombardo y Juan Carlos Malugani. Todos hablaban con el jefe de la Base.
Otros llamados eran directamente para los oficiales de Inteligencia Molina o Cerutti. El titular de la comisaría cuarta, el abogado Eduardo Cincotta y el juez Pedro Cornelio Federico Hooft se comunicaban seguido.
El ex colimba contó que recordaba el nombre del abogado por la firma que fabricaba neumáticos. Contó que cada vez que llamaba Cncotta “había revuelo”. El abogado pedía hablar con Cerutti o Molina. Ese día había movimiento en el Casino de Oficiales porque alguien se iba. Al rato venía el abogado y se llevaba a algunos de los “presos vip”.
Cincotta fue militante de la Concentración Universitaria Nacional (CNU) y después del golpe de Estado pasó a colaborar con la represión como informante. En el 2008 fue procesado por delitos de lesa humanidad y encarcelado. El septiembre de 2009 murió sin ser juzgado a causa de un cáncer fulminante.
Según el testigo, Hooft llamaba para informar sobre algunos recursos de amparos. Lo llamativo era que el magistrado pedía hablar con los oficiales de inteligencia, los encargados de los secuestros y no con la máxima autoridad militar en aquel entonces, el coronel Pedro Barda.
Los colimbas que sabían lo que pasaban celebraban que llamara el juez porque sabían que ese llamado implicaba que alguien era liberado. Uno de los detenidos del casino de Oficiales se iba a su casa. En más de una ocasión –contó el testigo-, el juez llamaba y como no lo podían atender avisaba que mandaba a Cincotta a la Base Aérea.
La declaración del ex conscripto refuerza algunas de las denuncias que pesan sobre el juez con pedido de juicio político. Hooft sabía que en la Base Aérea funcionaba un centro clandestino de detención que había un grupo de militares que secuestraba personas y elegía a quien liberar y a quien no. A sabiendas que aquellos que quedaban a merced de los militares terminarían muertos o desaparecidos.
Fuente: http://juiciomolina.blogspot.com/
***Las clases 56 y 57 no hicieron el SMO, se copio la nota tal como fue publicada
Dos colimbas clase ’57, (sic***)que hicieron el servicio militar en la Base Aérea desde enero de 1976 hasta marzo del ’77, complicaron la situación del suboficial Gregorio Rafael Molina acusado de crímenes de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino de detención (CCD) “La Cueva” que funcionó en el edificio del viejo radar.
Ambos testigos, cuyos nombres no pueden ser develados por orden de la Justicia, brindaron detalles del funcionamiento de la Base Aérea después del golpe de Estado. Además, aseguraron que como segundo responsable de Inteligencia, Molina “era el jefe de todo”. Uno de ellos vio como subían a prisioneros a un avión que regresaba vacío y el otro, dijo que el abogado Eduardo Cincotta y el juez Pedro Federico Hooft llamaban a la Base y pedían hablar con el sector de Inteligencia. De esos llamados dependía la suerte de algunos detenidos desaparecidos.
El primer testigo cumplió funciones en la compañía de servicio. Estaba a cargo del conmutador. Todas las llamadas telefónicas que entraban a la Base Aérea pasaban por él. El hombre con acento provinciano recordó que después del golpe de Estado, se habilitó un nuevo el interno, el número 2 y correspondía al viejo radar. Según el testigo, “un nido de ratas, un lugar abandonado” que acondicionaron para los detenidos desaparecidos.
Al ex colimba le tocó dos veces hacer guardia en “La Cueva”. Dijo que allí había al menos 18 personas encapuchadas y maniatadas. En una oportunidad tuvo que acompañar a uno de los detenidos al baño. Dijo ser un abogado y se ofreció para llevarle una carta a la familia. El testigo cumplió su promesa. Dejó la esquela debajo de la puerta de una casa del barrio Chauvín.
Ambos testigos dijeron que Molina representaba la autoridad en la Base Aérea. Era el segundo jefe de Inteligencia después del oficial Cerutti y siempre andaba muy armado. Aseguraron que el viejo suboficial había violado a algunas prisioneras. Participaba de los de los operativos de secuestro y lo llamaban “Charles Bronnson o Sapo”. “Siempre andaba con carpetas y una tenía fotos de las personas que buscaban”. Una de esas imágenes era de un hombre que llamaban “Pájaro” y que lo acusaban de haber matado al teniente Fernando Cativa Tolosa.
Los colimbas contaron que durante la noche ingresaban autos de civil con gente encapuchada adentro y se dirigían directamente a La Cueva, al fondo del predio. También recordaron que el Casino de Oficiales era un lugar en que se alojaban presos. Lo llamaron los “presos vip”. Estaban en mejores condiciones y no eran torturados como los otros.
Los dos testigos coincidieron en que a la noche se escuchaban gritos y quejidos en La Cueva. Uno de ellos contó que había dos hombres de civil que venían desde el GADA 601 a interrogar a los detenidos.
A medida que pasaban los días, los colimbas se enteraban de aquellas cosas que en un primer momento fueron secretas y luego se transformaron en cotidianas. Los autos sin identificación llegaban con prisioneros cada vez más seguidos. Un Torino blanco, un Falcón y una Chevy eran los vehículos utilizados para los secuestros.
Según uno de los testigos, un tal “Pepé” –morocho grandote-, era quien manejaba la picana a la hora de los interrogatorios. “Los interrogatorios livianos eran a la tarde y los pesados a la noche”, dijo el ex conscripto. Sus dichos coincidieron con los de su compañero de promoción que relató que los gritos en La Cueva se escuchaban a la noche. La radio a todo volumen no podía tapar el quejido de los prisioneros durante la tortura.
Ambos reforzaron las declaraciones de una sobreviviente. Recordaron el día que una prisionera se cortó al frente tras caer de la escalera de entrada al viejo radar y los enfermeros Silva y Roldán la cosieron sin anestesia. También hablaron del asesinato de unos de los detenidos, el cura Domingo Cachiamani, que se trabó en lucha con uno de los carceleros y éste le pegó un tiro.
Los vuelos de la muerte
Uno de los testigos declaró que una noche mientras hacía guardia a unos cuantos metros de La Cueva pudo ver que un avión de la Armada que se guardaba en el hangar del aeropuerto carreteó hasta unos 150 metros de La Cueva y vio como sacaban bolsas que cargaban de a dos soldados. Eran personas semidormidas. El avión regresaba a la medía hora pero sin los prisioneros. El comentario entre los colimbas era que los arrojaban al mar.
En otra oportunidad el testigo vio que los prisioneros no eran embolsados y arrastrados sino que los sacaban con los pies maniatados y despiertos. Una vez más el avión volvió vacío.
A propósito de los vuelos de la muerte, uno de los ex conscriptos recordó que entre sus compañeros había un joven de apellido Quiroga. Había pedido prórroga para poder terminar la carrera de bioquímico. Luego hizo carrera dentro de la Fuerza Aérea y un día le confesó al grupo que se quería ir porque “el no había nacido para hacer ciertas cosas”. Le habían ordenado hacer un anestésico para adormecer a los prisioneros antes de subirlos a los aviones.
El conscripto que estaba a cargo del conmutador tenía la función de contestar cada llamada telefónica y derivarla a las distintas dependencias de la Base Aérea. Del GADA 601 llamaba el coronel Pedro Barda, jefe de la subzona militar XV. También lo hacía Alfredo Arrillaga, subjefe del GADA y responsable del servicio de Inteligencia de la zona. Desde la Base Naval se comunicaban Juan José Lombardo y Juan Carlos Malugani. Todos hablaban con el jefe de la Base.
Otros llamados eran directamente para los oficiales de Inteligencia Molina o Cerutti. El titular de la comisaría cuarta, el abogado Eduardo Cincotta y el juez Pedro Cornelio Federico Hooft se comunicaban seguido.
El ex colimba contó que recordaba el nombre del abogado por la firma que fabricaba neumáticos. Contó que cada vez que llamaba Cncotta “había revuelo”. El abogado pedía hablar con Cerutti o Molina. Ese día había movimiento en el Casino de Oficiales porque alguien se iba. Al rato venía el abogado y se llevaba a algunos de los “presos vip”.
Cincotta fue militante de la Concentración Universitaria Nacional (CNU) y después del golpe de Estado pasó a colaborar con la represión como informante. En el 2008 fue procesado por delitos de lesa humanidad y encarcelado. El septiembre de 2009 murió sin ser juzgado a causa de un cáncer fulminante.
Según el testigo, Hooft llamaba para informar sobre algunos recursos de amparos. Lo llamativo era que el magistrado pedía hablar con los oficiales de inteligencia, los encargados de los secuestros y no con la máxima autoridad militar en aquel entonces, el coronel Pedro Barda.
Los colimbas que sabían lo que pasaban celebraban que llamara el juez porque sabían que ese llamado implicaba que alguien era liberado. Uno de los detenidos del casino de Oficiales se iba a su casa. En más de una ocasión –contó el testigo-, el juez llamaba y como no lo podían atender avisaba que mandaba a Cincotta a la Base Aérea.
La declaración del ex conscripto refuerza algunas de las denuncias que pesan sobre el juez con pedido de juicio político. Hooft sabía que en la Base Aérea funcionaba un centro clandestino de detención que había un grupo de militares que secuestraba personas y elegía a quien liberar y a quien no. A sabiendas que aquellos que quedaban a merced de los militares terminarían muertos o desaparecidos.
Fuente: http://juiciomolina.blogspot.com/
***Las clases 56 y 57 no hicieron el SMO, se copio la nota tal como fue publicada
domingo, 16 de mayo de 2010
Testimonio de C.A.Bozzi y un Ex Colimba
Fuente: http://www.subzona15.blogspot.com.ar/
Con testimonios desgarradores y el análisis de una perito psiquiátrica sobre el ex militar se desarrolló una nueva audiencia del juicio por delitos de lesa humanidad perpetrados en nuestra ciudad.
Las conclusiones de la perito psicóloga que examinó a Gregorio Rafael Molina, imputado de crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar, complican la situación del suboficial de la Fuerza Aérea.
La doctora Adriana Gaig entrevistó a Molina en agosto de 2007. De aquellos exámenes pudo concluir que el imputado de dos homicidios calificados, 38 secuestros, torturas y violaciones a cautivas en el centro clandestino de detención “ La Cueva ”, es una persona lúcida y ubicada en tiempo y espacio. Que distingue lo lícito de lo ilícito y lo que perjudica de lo que beneficia.
La doctora Gaig fue la primera persona en prestar declaración en la tercera audiencia en el juicio que se realiza en el Tribunal Oral Federal 1 de Mar del Plata. Delante de los jueces Juan Leopoldo Velásquez (presidente), Beatriz Torterola, Juan Carlos París y Martín Bava aseguró que Molina no manifestó sentirse angustiado por la situación que atravesaba en ese momento.
Testimonio de un Ex Colimba

Luego del cuarto intermedio, la audiencia se retomó alrededor de las 15.30 con la presencia ante el tribunal de Enrique Rodríguez quien realizó el servicio militar obligatorio entre marzo de 1976 y noviembre de 1977 en la Base Aérea local.
Según explicó el testigo, durante el periodo en el que él tuvo que estar allí pudo notar que en el edificio del viejo radar alojaban detenidos. Incluso, Rodríguez denominó al lugar como “ La Cueva ”, ya que posteriormente identificó el lugar con los dichos de detenidos desaparecidos.
Además recordó que, mientras tenía que realizar guardias nocturnas en los puestos de entrada a la Base , a él y a otros soldados los obligaban a esconderse en los momentos en que entraban o salían los “grupos de tareas”.
El testimonio del ex colimba se extendió por casi dos horas y en él detalló la vida interna de la Base Aérea local. Entre las particularidades marcadas destacó que les estaba totalmente prohibido acercarse a la zona de La Cueva , sobre todo a los soldados oriundos de Mar del Plata. En este sentido, explicó que para las tareas que era necesario realizar allí los suboficiales –quienes tenían a cargo el funcionamiento del centro clandestino de detención- designaban a los conscriptos provenientes del interior del país. Sin embargo, una sola vez le tocó al testigo llevar una vianda de comida a La Cueva y allí constató la presencia de un joven encapuchado quien le pedía por favor que avisara de su existencia. El testigo remarco que el joven le dijo que su familia se dedicaba a fabricar dulces en la zona de Chascomús.
Otro dato sustancial aportado por el testimonio de Rodríguez tiene que ver con la existencia de los Vuelos de la Muerte. El testigo explicó que, una noche en la que le había tocado guardia en la torre pudo divisar la presencia de aviones bimotores de la Marina a donde subían a personas que estaban atadas.
Rodríguez fue contundente al describir a Molina: “era un loquito que andaba con tres revólveres y granadas colgando”. En este sentido hizo referencia a un chiste que se hacían entre los colimbas: “si Molina se cae explota”. Además pudo precisar que a Molina se lo conocía como “El Sapo” entre los soldados.
Además expresó que lo recuerda con carpetas en la mano y que esto no era común a otros suboficiales de la Base.
Rodríguez no dudó en decir que hubo momentos en los que escuchó gritos provenientes del viejo radar y que, además, esos gritos eran de mujer y desgarradores.
La existencia de listas con nombres de personas que eran buscadas es otro de los elementos aportados por este testimonio que posibilitó comprender cómo funcionaba el centro clandestino de detención en el interior de la Base Aérea.
Durante el testimonio el testigo recordó que en una de las salidas de los grupos de tareas pudo advertir a Eduardo Cativa Tolosa –miembro del Ejército- junto a personal de la Fuerza Aérea saliendo para un operativo y que llevaban a una joven que, en apariencia, esta pertenecía al grupo de detenidos que estaba en la Base.
Testimonio de Carlos Aurelio Bozzi

Carlos Bozzi, sobreviviente del centro clandestino de detención (CCD) La Cueva aseguró que el suboficial retirado Gregorio Rafael Molina fue quien lo secuestró junto a su socio Tomás Fresneda y a la mujer de éste en el operativo conocido como la “Noche de la Corbatas”.
El abogado declaró ayer en la quinta audiencia del juicio a Molina, suboficial mayor retirado de la Fuerza Aérea acusado de crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar. Al militar nacido en La Rioja se le imputan dos homicidios calificados, 38 casos de privaciones ilegitimas de la libertad agravada e imposición de tormentos y al menos dos abusos sexuales.
Bozzi pasó once días cautivo en La Cueva tras ser secuestrado la tarde del 8 de julio de 1977. Ayer frente al Tribunal contó que el militar que dirigió el operativo de secuestro, el que lo interrogó y el que le comunicó su libertad fue siempre la misma persona y que por determinados indicios asegura que fue Molina. Lo describió como el hombre de sobretodo gris, con una voz y perfume característicos. También lo reconocía por su anillo y los cigarrillos que fumaba.
La primera vez que el testigo vio al “hombre del sobretodo gris” fue el 8 de julio de 1977. Bozzi lo recordó como la persona que ingresó al estudio que compartía con Tomás Fresneda y le apoyó una pistola en la cara. Luego le propinó dos trompadas cuando el testigo le dijo que no sabía la dirección de la casa de su socio.
Tomás Fresneda, su mujer María de las Mercedes Argarañaz y Bozzi ingresaron a la Cueva esa misma noche. Su secuestro se incluye en el operativo denominado “Noche de las Corbatas” cuando los militares capturaron a un grupo de abogados laboralistas entre el 8 y 9 de julio del ‘77. Fresneda y su mujer continúan desaparecidos.
Antes de empezar su relato Carlos Bozzi repartió a las partes y al tribunal fotocopias de un plano de La Cueva. El testigo había señalizado cada habitación en la que estuvo durante su cautiverio.
Contó que la primera noche estuvieron los tres juntos y que los habían atado y encapuchado. Sintió que gente se iba del lugar y quedaba una radio prendida que pasó el himno nacional. Enseguida un a voz que dijo: “Portense bien que no están en su casa, no queremos matar a nadie más”. El testigo asoció esa advertencia con la muerte abogado Norberto Centeno, secuestrado y asesinado en La Cueva. El certificado de defunción está fechado el 8 de julio de 1977.
Al día siguiente un hombre se llevó a Argarañaz y a los 15 minutos la trajo a Mercedes y se llevó a Fresneda y por último a Bozzi. Era la voz del hombre del sobretodo gris, era el mismo perfume en las manos. El abogado contó que lo pusieron sobre una mesa y le ataron un cable en cada uno de los pies. Después de algunas preguntas vagas, la voz le dijo que si había mentido lo mataba.
Esa noche, calcula que era la segunda, Fresneda le contó que en el interrogatorio le dijeron que lo largaban pero que él y su mujer se quedaban. Cuando se levantó al otro día, el matrimonio Fresneda ya no estaba.
Bozzi también relató que tiempo después, ya en libertad, investigó algunas fechas y supo que durante su encierro había llevado a La Cueva a los García, un matrimonio que fue secuestrado durante julio del ‘77.
Bozzi fue liberado en medio de un simulacro que organizaron sus captores. La idea era hacerle creer a la opinión pública que los abogados habían sido secuestrados y en algunos casos asesinados por Montoneros. La voz le dijo que se habían equivocado con su secuestro. Le dijo que estaba en manos de una célula montonera y que si quería se podía unir a ellos para enfrentar al régimen militar. Bozo dijo que no y fue subido al baúl de un auto con las manos atadas y los ojos vendados. Después de un largo trecho el auto se frenó. Escuchó tiros, un quejido y un grupo de militares que lo liberó. Le dijeron “que hubo un enfrentamiento, que murieron dos extremistas y que el abogado Norberto Centeno estaba muerto en el interior del auto”. Tiempo después se supo que los supuestos “guerrilleros” eran dos jóvenes que habían sido secuestrados en La Plata.
Por Bozzi, Fresneda y Argarañaz se presentó un recurso de habeas corpus en el juzgado de Pedro Federico Hooft, el tramite nunca prosperó. Bozzi fue llamado a declarar por su secuestro pero no se presentó. Vivió en Corrientes varios años hasta que regresó a la ciudad. Los diarios de la época titularon que Bozzi había sido "liberado" por el Ejército y que en el enfrentamiento murieron dos “extremistas”. Nunca corrigieron el error.
Con testimonios desgarradores y el análisis de una perito psiquiátrica sobre el ex militar se desarrolló una nueva audiencia del juicio por delitos de lesa humanidad perpetrados en nuestra ciudad.
Las conclusiones de la perito psicóloga que examinó a Gregorio Rafael Molina, imputado de crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar, complican la situación del suboficial de la Fuerza Aérea.
La doctora Adriana Gaig entrevistó a Molina en agosto de 2007. De aquellos exámenes pudo concluir que el imputado de dos homicidios calificados, 38 secuestros, torturas y violaciones a cautivas en el centro clandestino de detención “ La Cueva ”, es una persona lúcida y ubicada en tiempo y espacio. Que distingue lo lícito de lo ilícito y lo que perjudica de lo que beneficia.
La doctora Gaig fue la primera persona en prestar declaración en la tercera audiencia en el juicio que se realiza en el Tribunal Oral Federal 1 de Mar del Plata. Delante de los jueces Juan Leopoldo Velásquez (presidente), Beatriz Torterola, Juan Carlos París y Martín Bava aseguró que Molina no manifestó sentirse angustiado por la situación que atravesaba en ese momento.
Testimonio de un Ex Colimba
Luego del cuarto intermedio, la audiencia se retomó alrededor de las 15.30 con la presencia ante el tribunal de Enrique Rodríguez quien realizó el servicio militar obligatorio entre marzo de 1976 y noviembre de 1977 en la Base Aérea local.
Según explicó el testigo, durante el periodo en el que él tuvo que estar allí pudo notar que en el edificio del viejo radar alojaban detenidos. Incluso, Rodríguez denominó al lugar como “ La Cueva ”, ya que posteriormente identificó el lugar con los dichos de detenidos desaparecidos.
Además recordó que, mientras tenía que realizar guardias nocturnas en los puestos de entrada a la Base , a él y a otros soldados los obligaban a esconderse en los momentos en que entraban o salían los “grupos de tareas”.
El testimonio del ex colimba se extendió por casi dos horas y en él detalló la vida interna de la Base Aérea local. Entre las particularidades marcadas destacó que les estaba totalmente prohibido acercarse a la zona de La Cueva , sobre todo a los soldados oriundos de Mar del Plata. En este sentido, explicó que para las tareas que era necesario realizar allí los suboficiales –quienes tenían a cargo el funcionamiento del centro clandestino de detención- designaban a los conscriptos provenientes del interior del país. Sin embargo, una sola vez le tocó al testigo llevar una vianda de comida a La Cueva y allí constató la presencia de un joven encapuchado quien le pedía por favor que avisara de su existencia. El testigo remarco que el joven le dijo que su familia se dedicaba a fabricar dulces en la zona de Chascomús.
Otro dato sustancial aportado por el testimonio de Rodríguez tiene que ver con la existencia de los Vuelos de la Muerte. El testigo explicó que, una noche en la que le había tocado guardia en la torre pudo divisar la presencia de aviones bimotores de la Marina a donde subían a personas que estaban atadas.
Rodríguez fue contundente al describir a Molina: “era un loquito que andaba con tres revólveres y granadas colgando”. En este sentido hizo referencia a un chiste que se hacían entre los colimbas: “si Molina se cae explota”. Además pudo precisar que a Molina se lo conocía como “El Sapo” entre los soldados.
Además expresó que lo recuerda con carpetas en la mano y que esto no era común a otros suboficiales de la Base.
Rodríguez no dudó en decir que hubo momentos en los que escuchó gritos provenientes del viejo radar y que, además, esos gritos eran de mujer y desgarradores.
La existencia de listas con nombres de personas que eran buscadas es otro de los elementos aportados por este testimonio que posibilitó comprender cómo funcionaba el centro clandestino de detención en el interior de la Base Aérea.
Durante el testimonio el testigo recordó que en una de las salidas de los grupos de tareas pudo advertir a Eduardo Cativa Tolosa –miembro del Ejército- junto a personal de la Fuerza Aérea saliendo para un operativo y que llevaban a una joven que, en apariencia, esta pertenecía al grupo de detenidos que estaba en la Base.
Testimonio de Carlos Aurelio Bozzi
Carlos Bozzi, sobreviviente del centro clandestino de detención (CCD) La Cueva aseguró que el suboficial retirado Gregorio Rafael Molina fue quien lo secuestró junto a su socio Tomás Fresneda y a la mujer de éste en el operativo conocido como la “Noche de la Corbatas”.
El abogado declaró ayer en la quinta audiencia del juicio a Molina, suboficial mayor retirado de la Fuerza Aérea acusado de crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar. Al militar nacido en La Rioja se le imputan dos homicidios calificados, 38 casos de privaciones ilegitimas de la libertad agravada e imposición de tormentos y al menos dos abusos sexuales.
Bozzi pasó once días cautivo en La Cueva tras ser secuestrado la tarde del 8 de julio de 1977. Ayer frente al Tribunal contó que el militar que dirigió el operativo de secuestro, el que lo interrogó y el que le comunicó su libertad fue siempre la misma persona y que por determinados indicios asegura que fue Molina. Lo describió como el hombre de sobretodo gris, con una voz y perfume característicos. También lo reconocía por su anillo y los cigarrillos que fumaba.
La primera vez que el testigo vio al “hombre del sobretodo gris” fue el 8 de julio de 1977. Bozzi lo recordó como la persona que ingresó al estudio que compartía con Tomás Fresneda y le apoyó una pistola en la cara. Luego le propinó dos trompadas cuando el testigo le dijo que no sabía la dirección de la casa de su socio.
Tomás Fresneda, su mujer María de las Mercedes Argarañaz y Bozzi ingresaron a la Cueva esa misma noche. Su secuestro se incluye en el operativo denominado “Noche de las Corbatas” cuando los militares capturaron a un grupo de abogados laboralistas entre el 8 y 9 de julio del ‘77. Fresneda y su mujer continúan desaparecidos.
Antes de empezar su relato Carlos Bozzi repartió a las partes y al tribunal fotocopias de un plano de La Cueva. El testigo había señalizado cada habitación en la que estuvo durante su cautiverio.
Contó que la primera noche estuvieron los tres juntos y que los habían atado y encapuchado. Sintió que gente se iba del lugar y quedaba una radio prendida que pasó el himno nacional. Enseguida un a voz que dijo: “Portense bien que no están en su casa, no queremos matar a nadie más”. El testigo asoció esa advertencia con la muerte abogado Norberto Centeno, secuestrado y asesinado en La Cueva. El certificado de defunción está fechado el 8 de julio de 1977.
Al día siguiente un hombre se llevó a Argarañaz y a los 15 minutos la trajo a Mercedes y se llevó a Fresneda y por último a Bozzi. Era la voz del hombre del sobretodo gris, era el mismo perfume en las manos. El abogado contó que lo pusieron sobre una mesa y le ataron un cable en cada uno de los pies. Después de algunas preguntas vagas, la voz le dijo que si había mentido lo mataba.
Esa noche, calcula que era la segunda, Fresneda le contó que en el interrogatorio le dijeron que lo largaban pero que él y su mujer se quedaban. Cuando se levantó al otro día, el matrimonio Fresneda ya no estaba.
Bozzi también relató que tiempo después, ya en libertad, investigó algunas fechas y supo que durante su encierro había llevado a La Cueva a los García, un matrimonio que fue secuestrado durante julio del ‘77.
Bozzi fue liberado en medio de un simulacro que organizaron sus captores. La idea era hacerle creer a la opinión pública que los abogados habían sido secuestrados y en algunos casos asesinados por Montoneros. La voz le dijo que se habían equivocado con su secuestro. Le dijo que estaba en manos de una célula montonera y que si quería se podía unir a ellos para enfrentar al régimen militar. Bozo dijo que no y fue subido al baúl de un auto con las manos atadas y los ojos vendados. Después de un largo trecho el auto se frenó. Escuchó tiros, un quejido y un grupo de militares que lo liberó. Le dijeron “que hubo un enfrentamiento, que murieron dos extremistas y que el abogado Norberto Centeno estaba muerto en el interior del auto”. Tiempo después se supo que los supuestos “guerrilleros” eran dos jóvenes que habían sido secuestrados en La Plata.
Por Bozzi, Fresneda y Argarañaz se presentó un recurso de habeas corpus en el juzgado de Pedro Federico Hooft, el tramite nunca prosperó. Bozzi fue llamado a declarar por su secuestro pero no se presentó. Vivió en Corrientes varios años hasta que regresó a la ciudad. Los diarios de la época titularon que Bozzi había sido "liberado" por el Ejército y que en el enfrentamiento murieron dos “extremistas”. Nunca corrigieron el error.
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