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POR NUESTROS COMPAÑEROS MUERTOS EN ENFRENTAMIENTOS, POR LOS SECUESTRADOS Y DESAPARECIDOS, MIENTRAS REALIZABAN EL SERVICIO MILITAR OBLIGATORIO, POR LOS VETERANOS NO RECONOCIDOS, POR UN RECONOCIMIENTO
HISTÓRICO A LOS COMPAÑEROS DE MALVINAS, POR QUIENES SOBREVIVIMOS.


JUEVES 17:00 a 19:00 HORAS-AM 1010 ONDA LATINA


Realizan La Voz de los Colimbas...


Horacio Verstraeten- Gustavo Capra y Ricardo Righi.



Nosotros podríamos ser los Desaparecidos...Testimoniemos...

Nosotros podríamos ser los Desaparecidos...Testimoniemos...


Si cuando hiciste la colimba,
pasaste por situaciones extremas, hacia tu persona o viste gente secuestrada o algún compañero fue secuestrado o asesinado, no sigas sufriendo tu silencio...
"La Voz de los Colimbas" te escucha ponete en contacto y descarga esa mochila, los colimbas también fuimos victimas, nadie te va a entender mejor que otro colimba.
Si no deseas dar tus datos, te comunicas en forma anónima, no hay problemas...
Tu testimonio es confidencial y puede ayudar mucho.

Por correo a: lavozdeloscolimbas@yahoo.com.ar

Por teléfono: 154-091-1192

Ricardo Righi


domingo, 22 de agosto de 2010

Burgueño-Vattino-33 Años-Terrorismo de Estado



Hace algunos días se cumplieron 33 años del Secuestro y Desaparición de Ada Margaret Burgueño, uruguaya, 24 años y de Daniel Omar Vattino, argentino, 23 años.

¿Por quienes fueron secuestrados? Ud. arriesgará delicuentes comunes .....Casi.....
Pues delincuentes eran y comunes también, pero pertenecían a Fuerzas de Seguridad (?)

Los delincuentes secuestradores y torturadores, pertenecían a la Policía, tanto Federal como de la Pcia. de Bs.As. a Prefectura, Gendarmería, F.Aérea, F.Naval y Ejercito

Si, los secuestradores, eran parte del Terrorismo de Estado, que se aplicó en Argentina desde 1974 a 1983.


A continuación texto del libro "El Escuadrón Perdido" de José L. D`Andrea Mohr


El 4 de febrero de 1947 Julio Roberto Vattino y cientos de jóvenes conscriptos recién incorporados recibieron la orden: "¡Embarquen!". Estaban en la estación Chacarita, a cargo del sargento Ledesma, y su destino era el Regimiento 4 de Infantería, en Monte Caseros, Corrientes, al mando del teniente coronel Miguel Juan Semeraro.

Llegaron a destino y los alojaron en carpas, porque la unidad estaba en construcción y los conscriptos iban a ser utilizados como mano de obra para esa tarea.
Roberto Vattino fue designado furriel de una compañía al mando del teniente Juan José Narciso Cantarell, quien años después entraría en esta historia.

A pocos días de llegar, la compañía recibió la orden, precedida por un toque de silbato: "¡Al pie de la cama!". Los soldados saltaron al piso y formaron en dos filas separadas por el pasillo central.
Un conscripto, medio dormido, cayó al piso desde la cama de arriba y tardó en pararse más de lo deseado por el cabo Notaro, suboficial de semana. Este hombre, enfurecido y tal vez ebrio, se abalanzó sobre el recluta y lo pateó en las costillas. Pese a que el muchacho se desmayó, el cabo continuó paseándolo. Lo llevaron a la enfermería y murió allí a los dos días de la cobarde agresión. Se hizo el velatorio en el Regimiento 4 y los soldados se enteraron de que el compañero asesinado era judío cuando un suboficial retiró el crucifijo de la capilla ardiente.

El cadáver del soldado fue entregado a los padres en cajón cerrado con la explicación de "muerte por accidente al caer de la cama superior". El parte médico rezaba "Muerte por destrucción del bazo y fractura de dos costillas". El médico del Regimiento 4 de Infantería era el teniente primero Radamés Angel Fioretta y al asesino, el cabo Notaro, lo cambiaron de compañía como castigo.

En septiembre de 1947, por su excelente desempeño, Roberto Vattino salió con la primera baja.

Lejos estaba de imaginar que treinta años después padecería un infierno parecido al de los padres del soldado judío asesinado a patadas por un suboficial del Ejército Argentino, cuyo crimen quedó impune.

El 6 de mayo de 1977 Daniel Omar Vattino ingresó al servicio militar como soldado de la Escuela de Suboficiales "Sargento Cabral".

Tenía 23 años, había pedido prórroga, era profesor de piano y estudiaba Filosofía. Conoció en Buenos Aires a Ada Margaret Burgueño, descendiente de Tomás Burgueño, militar uruguayo integrante de los "33 Orientales". La muchacha, después de revalidar en la Argentina su título secundario, se anotó en la Facultad de Ciencias Económicas.

Daniel y Marga se enamoraron y, después de algún tiempo, una enfermedad pasajera de la joven hizo que los padres del muchacho decidieron alojaría en su casa, donde compartió la habitación con Alicia Vattino, hermana de Daniel. Casi un año después de la mudanza de Ada, los jóvenes decidieron casarse y obtuvieron fecha en el Registro Civil de San Martín para el 22 de agosto.

Daniel Omar Vattino, inicialmente, fue designado, (NdeR: en la colimba), conductor de un Unimog; poco después lo cambiaron de vehículo y pasó a manejar un colectivo pintado exactamente igual que los de la línea 176. En él viajaban entre Palermo y la Escuela "Sargento Cabral" los oficiales que residían en la Capital Federal.

Durante su desempeño como conductor del Unimog, Daniel narró a sus padres lo que sigue: "Tuve que que llevar varias veces mucha comida en cilindros a Campo de Mayo. Me hacían detener a doscientos metros de la Plaza de Tiro y allí cargábamos los tachos en un rastrojero, nos llevábamos los vacíos y volvíamos a la Escuela". (Daniel no podía saber, aunque intuyera algo muy extraño, que la comida que transportaba era para los secuestrados en uno de los centros clandestinos de detención de Campo de Mayo.)

El 19 de agosto de 1977 Roberto Vattino llevó a Daniel a la Escuela de Suboficiales en su automóvil y lo dejó allí a las seis y media de la tarde. Se despidieron con alegría: tres días después sería el casamiento con Marga y, con un poco de suerte, llegaría la baja.

Al día siguiente por la madrugada, la casa de los Vattino en Villa Ballester fue allanada por varias personas vestidas de civil. Abrieron la puerta con una llave del llavero de Daniel Omar y uno de los bandoleros llegó hasta el dormitorio del matrimonio.

Despertó a Roberto poniéndole una pistola en la sien y se presentó como "José Giordano, de Coordinación Federal" (aunque uno de sus subordinados lo llamó "mi capitán").

Giordano obligó a Vattino a conducirlo a la habitación donde dormían la novia y la hermana de Daniel, enferma de cólico renal.

-¿Cuál es la enferma? -preguntó Giordano.
-Yo, ¿qué pasa? -contestó Alicia Vattino.
-Con usted nada. Usted, vístase -ordenó Giordano a Marga.

La muchacha le pidió que saliera mientras se vestía, pero el individuo permaneció en la habitación hasta que Marga estuvo lista. La llevaron a la cocina para interrogarla, mientras el resto de la familia, encañonado por uno de los bandidos, permanecía en otra habitación.

Luego del interrogatorio, que se llevó a cabo sin violencia, Giordano obligó a Roberto Vattino a firmar una suerte de acta mediante la cual reconocía que no se habían producido maltratos ni robos.

Lo cierto fue que los incursores se llevaron un pasacasettes antes de retirarse, con Marga detenida, en un Fíat y dos Peugeot 504, que días después Roberto Vattino vería en la Escuela de Suboficiales y en el Comando de Institutos Militares. La muchacha secuestrada llevaba en la cartera 80.000 pesos ahorrados y regalos para el inminente casamiento con Daniel.

A la mañana siguiente Roberto Vattino se entrevistó con el director de la Escuela de Suboficiales, coronel Norberto Chiappari, quien le dijo que el hijo no se había presentado el día 19 como debía. Indignado, el padre de Daniel le recordó al coronel que él mismo había dejado a su hijo dentro del cuartel. El militar, entre tartamudeos propios de su personalidad timorata, admitió la veracidad de lo dicho por Vattino, pero dijo: "Entonces. .. se habrá fu...gado". El indignado padre hizo hincapié vehementemente en lo absurdo de una fuga a tres días de casarse, pero el director mantuvo su teoría.

Roberto regresó a su casa muy asustado. Poco después se presentó un oficial de la Comisaría de Villa Ballester con "orden del Ejército de hacer un plano de la casa". Mientras lo hacía, comentó su hartazgo con la familia: "Yo me voy a ir porque está todo podrido".

A partir del momento de la desaparición de Marga y Daniel, el calvario de los Vattino y los Burgueño recorrió todos los lugares imaginables, mientras soportaban interrogatorios y humillaciones de los terroristas de Estado.

Entre tantas vueltas, Roberto Vattino logró contactar a Juan José Narciso Cantarell, su antiguo jefe de compañía, ahora coronel. Después de escuchar el relato del padre de Daniel, en el que incluyó lo de la comida entregada en Campo de Mayo, el coronel dijo: "Su hijo tiene que estar en Campo de Mayo".

Pasaba el tiempo y ninguna autoridad reconocía la detención de Marga y de Daniel. La casa de los Vattino comenzó a ser visitada por el capellán de la Escuela de Suboficiales, hombre que se desplazaba en una motoneta.

¿El sacerdote pretendía brindar ayuda y apoyo o averiguaba las actividades de la familia para encontrar al hijo? Tiempo después, el padre Benzi -de él se trataba- recibió con asombro el perdón de Roberto Vattino en su cama del sanatorio San Camilo, donde agonizaba víctima de leucemia.

En 1979 el general Cristino Nicolaides, entonces comandante de Institutos Militares, recibió a Roberto Vattino en su despacho. Su hipocresía quedó demostrada cuando se sacó las jinetas y dijo: 'Hablemos de padre a padre". Vattino, asqueado, ironizó ácidamente: "Usted, por su forma de ser, llegará a comandante en jefe". Así ocurrió.

Ada Margaret Burgueño, la novia de Daniel y su esposa en la eternidad, había sido miembro de la Juventud de Estudiantes Católicos del Uruguay. Ese grupo de jóvenes recogía y ponía en práctica las enseñanzas del obispo Caidjin respecto de la opción ineludible por los pobres. Consultado Caidjin por un periodista acerca de qué método iba a utilizar "para la pesca de almas", si el anzuelo o la red, contestó: "En realidad no me propongo pescar sino cambiar el agua de los peces".

Lo mismo que el obispo, querían Ada Margaret Burgueño y Daniel Omar Vattino. Pero el agua siguió podrida y ellos dos, están desaparecidos.

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