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POR NUESTROS COMPAÑEROS MUERTOS EN ENFRENTAMIENTOS, POR LOS SECUESTRADOS Y DESAPARECIDOS, MIENTRAS REALIZABAN EL SERVICIO MILITAR OBLIGATORIO, POR LOS VETERANOS NO RECONOCIDOS, POR UN RECONOCIMIENTO
HISTÓRICO A LOS COMPAÑEROS DE MALVINAS, POR QUIENES SOBREVIVIMOS.


JUEVES 17:00 a 19:00 HORAS-AM 1010 ONDA LATINA


Realizan La Voz de los Colimbas...


Horacio Verstraeten- Gustavo Capra y Ricardo Righi.



Nosotros podríamos ser los Desaparecidos...Testimoniemos...

Nosotros podríamos ser los Desaparecidos...Testimoniemos...


Si cuando hiciste la colimba,
pasaste por situaciones extremas, hacia tu persona o viste gente secuestrada o algún compañero fue secuestrado o asesinado, no sigas sufriendo tu silencio...
"La Voz de los Colimbas" te escucha ponete en contacto y descarga esa mochila, los colimbas también fuimos victimas, nadie te va a entender mejor que otro colimba.
Si no deseas dar tus datos, te comunicas en forma anónima, no hay problemas...
Tu testimonio es confidencial y puede ayudar mucho.

Por correo a: lavozdeloscolimbas@yahoo.com.ar

Por teléfono: 154-091-1192

Ricardo Righi


viernes, 27 de agosto de 2010

“Clarín y La Nación nos Humillaron, fue un Afano”



De la entrevista a Isidoro Graiver



Publicado el 26 de Agosto de 2010
Por Juan Alonso y Cynthia Ottaviano

Fue el 11 de junio pasado. Sostuvo que desde las páginas de los diarios los presionaron, que el precio pagado “tuvo poca vinculación con el real”. Además, en sede judicial reconoció el vínculo de las tres armas con los tres diarios.
Llegó a la entrevista con Tiempo Argentino diez minutos después de lo pactado, a las 16:10, del 11 de junio pasado. Fumaba, ansioso, como lo hizo durante las dos horas y 12 minutos que duró el encuentro. Isidoro Graiver, de 62 años, el hermano de David, llegó al bar Finisterra, en la esquina de Uriarte y Honduras, del barrio de Palermo, como habíamos acordado. Andaba con el paso apurado. Nos saludamos en la puerta del bar y nos sentamos en una de las mesas dispuestas en la vereda. Hacía frío, y el sol le daba de lleno en el rostro. Vestía un pantalón de jean, zapatos náuticos marrones, campera negra y camisa celeste sin corbata, desabrochada en el primer botón. Un hombre clásico.
No era, sin embargo, la primera vez que hablábamos. En los tres meses que duró la investigación periodística que publicó este diario –en suplementos especiales que agotaron dos ediciones, el domingo 6 y el miércoles 9 de junio de 2010–, insistimos telefónicamente para entrevistarlo. Pero Isidoro –una víctima de la masacre y el latrocinio que impuso a sangre y fuego la última dictadura y sus socios civiles-, se negó con gentileza. No nos conocía. Dijo que tenía miedo por sus hijos. Le creímos. Se excusó en que había sellado un pacto familiar, que incluía sepultar los fantasmas de un pasado que los acorraló y los dejó solos. También le creímos.
Todo cambió con la publicación de nuestro trabajo, nos dijo, mucho antes de que el Estado confirmara el despojo de Papel Prensa. Cambió para bien. Explicó Isidoro, entonces: “No se equivocaron en casi nada.” Y decidió sentarse con nosotros. Con la campera puesta y sin dejar de fumar. Unos 40 minutos después, aceptó entrar a la redacción de Tiempo Argentino y tomar un café en la sala de editores, esta vez con un puro entre los dedos. La noticia corrió como reguero de pólvora. “Está Isidoro Graiver. Habla por primera vez con un medio periodístico”, se comentaba en las secciones. Isidoro reiteró su postura cautelosa de contarnos la verdad de la tragedia que azotó a su familia, bajo una condición: que no le atribuyéramos lo que decía. Quería cooperar con la verdad, pero sin aparecer. Otra vez usó el argumento familiar. Y se largó a hablar: “(La de Papel Prensa) fue una operación que era a todas luces un afano, lisa y llanamente un afano. Los diarios nos humillaron”, así comenzó.
Por eso ayer, miércoles 25 de agosto, cuando leímos la solicitada a página completa en Clarín y La Nación, y conocimos el contenido de la carta que le escribió a su sobrina María Sol Graiver –ante escribano público– publicada en la tapa coordinada de los dos diarios que lo humillaron hace 34 años, lo primero que nos sorprendió fue que accediera a una exigencia de sus antiguos victimarios. Ayer, cuando Isidoro Graiver se contradijo, cediendo a las presiones de los diarios acusados de cometer delitos de lesa humanidad en el despojo de Papel Prensa, nosotros, periodistas de este diario, quedamos automáticamente relevados del acuerdo de confidencialidad con él. Mantenerlo sería faltar a la verdad. O peor aun: contribuir a la operación de Clarín y La Nación para garantizarse la impunidad con falsedades en un caso que hoy es asunto de interés público.
Los lectores tienen derecho a recibir información. Nosotros estamos obligados a dárselas. La verdad no es nuestra: es de la sociedad. No podemos saber las razones secretas de Isidoro para cambiar sus dichos, después de entrevistarse con Tiempo. Tampoco sabemos por qué, desde la semana pasada, dejó de atender nuestros llamados. Sólo él lo sabe. Pero debe ser algo muy grave. Quizás el amor a su sobrina, a quien quiere como si fuera una hija, haya influido. Quizás tuvo temor a volver a sufrir. O todo eso junto. Lo que sí sabemos es que a María Sol Graiver, en julio pasado, “los adquirentes de las acciones de Papel Prensa SA”, es decir, los diarios Clarín y La Nación, “le efectuaron un requerimiento”: un “pedido”, según dejaron constancia ante escribano público. Tampoco sabemos con exactitud cuál fue ese “pedido”. Pero cualquier cosa que haya sido fue lo suficientemente grave como para que Isidoro abandonara una versión documentada de los hechos, por otra, que sólo sostiene las falacias de los que ayer lo despojaron.
Esa tarde fría de junio, Isidoro explicó a Tiempo su posición sobre Papel Prensa y la alianza de los tres diarios con las tres armas. Dijo que las presiones para arrebatarles Papel Prensa “eran permanentes”. Y nos dio una pista fundamental: que buscáramos los artículos periodísticos de Clarín y La Nación de octubre de 1976, un mes antes de que se concretara la venta “trucha” de las acciones a los diarios, el 2 de noviembre. Y nos dijo, textual: “Nos dedicaban las primeras planas todos los días, ‘la familia Graiver, los chorros’. Había un tema de intereses, que obviamente también existían, y además el tema de la humillación. En su momento fue casi una capitulación de la Unión Industrial Argentina (UIA) frente a la Confederación General Económica (CGE), en la época de José Ber Gelbard, y se debían la revancha. La revancha de las familias patricias o de las grandes empresas o bancos en la que estábamos insertados con fuerza. Nos destruyeron como grupo económico, porque ese era el objetivo, sacarnos de pista. Antes de la muerte de mi hermano, era uno de los grupos económicos más fuertes.”
–Algo así como “no los vamos a dejar crecer más”– le preguntamos.
–No le quepa la menor duda–nos contestó–. En algún momento alguien dijo: “hagamos esto”. Por eso, nada fue espontáneo ni casual.
–Y entre los cerebros estuvo el mismo José Alfredo Martínez de Hoz.
–No tengo dudas.

Martínez de Hoz era el ministro de Economía del dictador Jorge Rafael Videla, el hombre que había pactado el silenciamiento del genocidio con los diarios a cambio de Papel Prensa.
En su propio relato, Isidoro reconoció que, tras la muerte de su hermano, fue Jorge Rubinstein, el abogado de la familia y hombre de “máxima confianza de David”, quien quedó “al frente de todos los negocios en Buenos Aires”.
El marginamiento en las decisiones y el rol cada vez más importante de Rubinstein, sumado a su habitual destrato, terminaron por alejar a Isidoro de todos los negocios. La separación fue sellada con un acuerdo económico. Por eso, Isidoro no tenía a su nombre ninguna acción de Papel Prensa. Por eso ni su nombre ni su firma fueron necesarios en el posterior traspaso. Ni quedaron rubricados en los documentos de la venta. Sólo participó en calidad de acompañante. En cambio, sí aparecen en los documentos las firmas de sus padres, Juan y Eva, y de su cuñada Lidia Papaleo, representante de los intereses de su hija María Sol. Isidoro explicó que la reunión, a la que terminaron cediendo por las presiones y el trato vejatorio desde los diarios interesados, se hizo en las oficinas del diario La Nación. Las mismas en las que Lidia asegura que Héctor Magnetto le dijo: “Firme o le costará la vida de su hija y la suya.” Estaban separados, según el testimonio de Lidia: “los padres de David por un lado, Isidoro con (Benito) Campos Carlés y yo con (Héctor) Magnetto”. De modo que difícilmente Isidoro haya podido ver y oír todo.
A pesar de que en la carta personal a su sobrina, Isidoro Graiver asegura que no le “consta que los diarios hayan actuado de acuerdo con las autoridades militares de ese momento para la compra de la compañía”, en sede judicial, donde nos dijo que fuéramos a buscar su testimonio (cosa que hicimos), dejó asentado lo contrario. Ante el fiscal Ricardo Molinas, el 6 de noviembre de 1985, declaró: “En el mes de octubre de 1976, el doctor Miguel de Anchorena, en ese entonces apoderado de la sucesión de Graiver, se puso en contacto con su cuñada (Lidia) para informarle que había recibido una información de Francisco Manrique cuyo contenido era, sintéticamente, que el gobierno nacional vería con agrado la desaparición del conjunto empresario Graiver como tal, para lo cual sería necesario la venta de los paquetes accionarios de Papel Prensa, estimando que los compradores lógicos eran los diarios Nación, Clarín y Razón.” El gobierno nacional, vale aclararlo, eran Videla y Martínez de Hoz. Y los beneficiarios, los que dijo Isidoro en sede judicial, no ante un escribano: Magnetto, Mitre y Herrera de Noble.
“El precio que recibimos fue el mejor que pudimos obtener”, afirmó Isidoro en la insólita solicitada publicada ayer por Clarín y La Nación. A nosotros nos dijo otra cosa. Hacemos una cita textual, nuevamente: “La presión era permanentemente. Los aprietes eran permanentes”. También en sede judicial, en plena democracia, Isidoro aseguró que en una reunión a la que lo convocó Guillermo Gainza Paz, del diario La Prensa, le hicieron “una oferta que consideraba totalmente inadecuada, quedando así suspendidas las tratativas. La situación quedó así hasta el día anterior al previsto para la asamblea en la cual debía autorizarse la transferencia de los paquetes accionarios comprados por el Grupo Graiver a los originales dueños, ante la certeza que esa transferencia no iba a ser autorizada (dado que el señor Manrique en el ínterin había ratificado lo adelantado por Anchorena) y se produciría el grave riesgo de no obtener el reintegro del precio abonado, más los intereses y lo invertido, ese día al efectuarse la asamblea en horas del mediodía tomó contacto el doctor Anchorena para decirles que los tres diarios mencionados proponían una reunión urgente con el propósito de hacer una oferta para la compra de las acciones”.
Los habían acorralado. Los diarios Clarín, La Nación y La Razón operaron con información confidencial, sabiendo que ese día la Junta Militar no le aprobaría la compra al Grupo Graiver y, por ende, lo descapitalizaría. “No tuvimos una oferta mejor que la aceptada por lo exiguo del tiempo de acuerdo”, aseguró Isidoro ante una autoridad judicial de la democracia. No les dejaron tiempo. “Nosotros perdíamos como mínimo los derechos políticos sobre las acciones, es decir, todo, y con el riesgo de tener que devolver las acciones, es decir una cosa asquerosa. Nos humillaron”, le aseguró a Tiempo.

“Ustedes tienen los medios para hacerlo –nos dijo–. Si buscan archivos, los antecedentes previos a la operación, a mediados de octubre más o menos, en los diarios Clarín, La Nación y La Razón van a ver una historia muy sugerente. Todos los días sacaban primeras planas o primeras páginas con noticias del Grupo Graiver, desaparecido, tonterías, y de repente durante 48 horas no publicaron una sola línea. Fue la previa de la reunión.”
Buscamos las notas, como nos pidió. Tenía razón. Clarín calificaba de “actividades ilegales” las realizadas por el Grupo Graiver. Y llegó a dedicarle una editorial en la que le clamaron a la Junta Militar “una investigación necesaria” sobre los Graiver, porque “el prestigio de La Nación quedaría inadmisiblemente afectado si aquí no se promueven medidas”, les advirtieron. Como es de público conocimiento, la Junta cumplió.
Esta es la cronología “de la humillación” de la que habló Isidoro. Mientras recibían los llamados presionándolos para vender, La Nación publicó sobre Graiver, el 11 de octubre de 1976, que estaba supuestamente “implicado en la quiebra fraudulenta de dos bancos (…) por 150 millones de dólares”. Cuatro días después desplegó una publicidad a página completa de la revista Somos, con el título: “El caso Graiver”, en el que los habían escudriñado y hasta se preguntaban: “¿Está muerto… o no?” Ese mismo día, Clarín publicó que el grupo Graiver “involucra en un delicado problema a varios bancos de Buenos Aires”. Los acusaban con “informaciones extraoficiales” de usar uno de sus bancos “para exportar capitales de la Argentina”, de hacer “actividades ilegales”, “demostrándose que habían presentado sucesivos balances falsos que lucían una irreal prosperidad”. Para terminar ese artículo, que no estaba firmado por ningún periodista, aseguraban: “no se explican (…) cómo Graiver pudo haber gozado de impunidad”.
Nueve días después, ya en medio de las negociaciones, para La Nación no eran supuestos. Al referirse a David decían: “el millonario argentino al que se involucra en un gigantesco fraude”. El 22 de octubre, el tema llegó al ya mencionado editorial principal de Clarín. Primero destacaron que “el clima reinante antes del 24 de marzo (del golpe) era de corrupción administrativa del régimen”, y luego de describir las operatorias ilegales que le atribuían al grupo aseguraron: “(se) hace necesaria una más prolija investigación”. El 28 de octubre, después de detallar las “responsabilidad de Gelbard”, sostuvieron que el ex ministro de Economía de Perón, José Ber Gelbard, “fue sancionado, privándosele de sus derechos políticos y de su ciudadanía argentina”, se encargaron del Grupo Graiver: “con notoria vinculación con Gelbard, que le valió todo tipo de ventajas y privilegios y cuyos manejos financieros han culminado con un escándalo de proporciones internacionales”. Con ese grupo, Clarín, La Nación y La Razón se sentaron “a negociar”. No fue una venta libre. Fue un apriete. Las pruebas están a la vista. No lo decimos nosotros: lo afirmó Isidoro Graiver, que ahora intenta desmentir a su hermana. Cuanto más atacaban y satanizaban al Grupo Graiver, más rápido lo obligaban a desprenderse de las acciones. Fue en ese clima de “libertad”, cuando el terrorismo de Estado devoraba a una persona cada media hora, en medio de esa campaña psicológica, que los tres diarios en alianza con las tres armas concretaron la operación de traspaso. Es decir, consumaron su despojo.
“A todas luces era un afano, lisa y llanamente, un afano. El precio tuvo claramente poca vinculación con el valor real”, le aseguró Isidoro a este diario en junio. Y quedó registrado de este modo. Una vez más, la cita es textual:

–¿Usaban los diarios para extorsionarlos y quedarse con el gran negocio? Mitre, Herrera de Noble y Peralta Ramos publicaban a propósito.
–Yo creo que era una concurrencia. Los diarios usaban eso para meter presión. Tanto a nosotros como al gobierno.
“Cuando estábamos secuestrados, la venta de Papel Prensa ya estaba concluida”, sostiene Isidoro Graiver en la solicitada que se publicó ayer. A decir verdad, las acciones vendidas por los padres de David, (Juan y Eva) y Lidia Papaleo tenían que ser aprobadas por el juez que llevaba adelante la sucesión. En otras palabras: todos estaban secuestrados cuando el juez aún no había aprobado la operación. De hecho, nunca lo hizo.
Por otra parte, el otro paquete accionario que todos reconocen, incluido Isidoro, que estaba a nombre de Rafael Ianover, el testaferro de los Graiver, también debió integrar el acervo sucesorio. Pero esto no pasó. Los tres diarios le compraron las acciones a Ianover sin decirle cuánto le pagaban. Le dijeron que si firmaba no le iba a pasar nada, es decir que no lo secuestrarían: sabían que no eran de él, sino de David Graiver. Lo secuestraron igual.
Toda esta historia huele mal. Hay sangre, hay torturas y hay mucho dinero en juego.
Este verdadero drama que tiene tres décadas y media de existencia continúa dando coletazos.
Lo resuelve la justicia de la democracia. O los diarios Clarín y La Nación que, hoy como ayer, mienten desde sus tapas y usan de manera siniestra, en su beneficio, un conflicto familiar.
Quizás el cambio de opinión de Isidoro Graiver se justifique en una frase que nos quedó grabada, a modo de despedida en aquel encuentro de junio, que hoy revelamos: “Me importa un carajo lo que piensen o dejen de pensar. Porque siempre tiene razón el que gana.”
Ojalá, esta vez, gane la verdad.

lunes, 23 de agosto de 2010

Un Manual para Represores

Julio 2009

El texto establece como medios “ocultos” de acción psicológica la “tortura, el secuestro y el terrorismo”. La Cámara Federal ordenó reabrir una causa para investigar el contenido del reglamento, al que tuvo acceso Página 12

Por Adriana Meyer - Pagina 12

La dictadura en retirada barrió con todo tipo de pruebas del plan criminal que había ejecutado, pero en ciertos reglamentos militares dejó escrito parte de su sustento doctrinario y su metodología del terror. Uno de ellos, referido a las “operaciones psicológicas”, establece como medios “ocultos” de acción psicológica la “tortura, el secuestro y el terrorismo”. Documentos similares son parte de las causas por delitos de lesa humanidad cometidos por los sicarios del Estado, como el “Plan del Ejército, operaciones contra elementos subversivos”, que describe las acciones concretas para la toma del poder y habla de “aniquilar la subversión”. Pero hasta ahora no había aparecido una admisión tan clara de directivas basadas en acciones ilegales. Por eso la Justicia acaba de ordenar la reapertura de una causa para investigar el contenido “explícitamente delictivo” de este manual, que estuvo vigente hasta 1997.

Aunque parezca una paradoja, fue el defensor de un genocida quien puso el foco en el reglamento RC-5-1 del Ejército Argentino sobre Operaciones Sicológicas, dictado por el general Alejandro Lanusse el 8 de noviembre de 1968. Hace cuatro años, el abogado Florencio Varela, en representación del general retirado Santiago Riveros, quiso mostrar que su contenido daría legitimidad institucional al accionar de su defendido, con el absurdo argumento de que un simple reglamento militar es superior a la Constitución y a la legislación. A contramano de todas las herramientas legales que hicieron posible el juzgamiento de las violaciones a los derechos humanos, desde el Juicio a las Juntas hasta la anulación de los leyes de impunidad pasando por la incorporación de los tratados internacionales a la Constitución, Varela pretendió justificar aquellos crímenes en el marco de la aplicación de la denominada Doctrina de Seguridad Nacional. Dijo el letrado que “el secuestro, el terrorismo, la tortura, el sabotaje y la muerte eran, entre otras similares, acciones de guerra expresamente previstas en los reglamentos militares”. La línea de pensamiento es que las “acciones contra la subversión no fueron delitos de lesa humanidad sino que estaban en las tácticas militares de la contraguerrilla”.

El abogado Alberto Pedroncini, querellante en la causa sobre el Plan Cóndor en la que está imputado Riveros junto a otros represores, tomó contacto con la presentación de Varela y consideró que los reglamentos citados contenían la descripción de delitos de manera “explícita”. Por eso hizo una denuncia ante la Procuración que fue impulsada por el fiscal federal Federico Delgado y que recayó en el juzgado de Daniel Rafecas. Así, mediante un oficio al Ministerio de Defensa, obtuvo el texto autenticado y completo de los manuales en cuestión, en los que abundan instrucciones entre banales y terroríficas. Rafecas avanzó al principio con entusiasmo pero luego de tres años mandó el expediente al archivo porque no encontró conexión entre el manual y algún suceso que materializara sus directivas. Para el magistrado, la creación misma del reglamento no constituía delito penal. El fiscal Gerardo Pollicita apeló y el mismo criterio mantuvo el fiscal de Cámara Germán Moldes. A principios de julio, la sala I de la Cámara Federal porteña ordenó reabrir el caso.

Página/12 tuvo acceso al RC-5-1 sobre “Operaciones Sicológicas”, que en uno de sus párrafos describe el “método de acción compulsiva” como “toda acción que tienda a motivar conductas y actitudes por apelaciones instintivas, actuará sobre el instinto de conservación y demás tendencias básicas del hombre, lo inconsciente (sic). La presión insta por acción compulsiva apelando casi siempre al factor miedo. La presión sicológica engendrará angustia, la angustia masiva y generalizada podrá derivar en terror, y eso basta para tener al público (blanco) a merced de cualquier influencia posterior. La fuerza implicará la coacción y hasta la violencia mental (...) la fuerza y el vigor reemplazarán a los instrumentos de la razón. La técnica de los hechos físicos y los medios ocultos de acción sicológica transitarán por este método de acción compulsiva”.

Las 170 páginas del reglamento RC-5-1 reflejan la estructura de la cadena de mando prevista para las OS (Operaciones Sicológicas), divide las OS de las fuerzas terrestres en “operaciones de represión militar, de inteligencia y de asuntos civiles”, y establece que “las OS se dirigirán directamente contra el insurgente armado, contra los elementos que apoyen a los insurgentes y hacia la población civil”. En cuanto a la ejecución de las OS, sostiene que sus planes y programas “tratarán de crear la imagen de que el movimiento guerrillero ha penetrado en todos los niveles de la sociedad y del gobierno”. En cuanto a los “blancos” de las OS enumera: “elementos irregulares enemigos, elementos clandestinos, civiles que simpaticen con el movimiento subversivo, civiles que simpaticen con el gobierno legal, civiles no comprometidos, fuerzas militares legales y naciones que apoyen a las fuerzas irregulares”. Y en uno de los párrafos en que describe los medios y técnicas de las OS, señala que “las fuerzas militares legales podrán contribuir a aislar a las fuerzas irregulares enemigas, apelando a su función de protectores y guardianes de la paz. Las demostraciones en masa, el contacto personal entre soldados y pobladores civiles, la participación en deportes comunes y las reuniones de todo tipo contribuirán a crear fe en el gobierno legal y evitar el apoyo a los elementos irregulares. La tropa deberá estar perfectamente instruida a efectos de lograr un impacto sicológico positivo en la población”.

Los medios “ocultos”

En la última página del articulado el reglamento RC-5-1 divide los medios previstos y autorizados de acción psicológica en tres campos: naturales, técnicos y ocultos. Entre los dos primeros menciona el “cara a cara, agentes visuales y orales, actos públicos, altavoces, la radio y la televisión”, y en “ocultos” incluye “compulsión física: torturas de tercer grado. Compulsión síquica: anónimos, amenaza, chantaje, seguimiento físico, persecución, secuestros, calumnias, terrorismo, desmanes, sabotaje, toxicomanía, alcoholismo y drogas. Lavado de cerebro”.

Para Pedroncini, este reglamento “revela el perfil más perverso” de las instrucciones para la represión ilegal. Página/12 le preguntó en qué se diferencia de los manuales militares que ya se conocen, como las “Instrucciones para operaciones de seguridad” que establecía separar a los detenidos entre “hombres, mujeres y niños luego de su captura”, documento que integra el expediente sobre el plan sistemático de apropiación de menores. “Lo que hacen esas normas tramposas es legalizar el comienzo del procedimiento, darle una forma que permita cometer el delito sin decirlo, como la que habla de esos allanamientos en casas particulares y marcaba que había que separar a hombres, mujeres y niños, luego en el resto del reglamento aparecía como si esos grupos fueran tratados de acuerdo a la ley. En cambio acá no hay máscara”, respondió el letrado, y remarcó que por esa razón lo eligieron para hacer una denuncia específica que investigue el contenido explícitamente delictivo de este tipo de manuales. “Cuando Florencio Varela presentó su escrito en el expediente hizo una referencia más categórica a ese reglamento, era el que les justificaba más cosas, por eso decidimos zambullirnos en ése. Con el doctor (David) Baigún nunca antes habíamos visto nada tan explícito en cuanto a describir por su nombre a los delitos, como torturas de tercer grado, o una serie de acciones que derivan en delito, como la descripción del método de la acción compulsiva, que menciona que ‘la fuerza implicará coacción y hasta la violencia mental’”, agregó Pedroncini.

Reglamentar las atrocidades

La sentencia del Juicio a las Juntas Militares de 1984 mencionó la falta de constancias escritas de las órdenes criminales, al expresar que “no es de extrañar que del análisis de normas escritas que efectuara el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas resultaran todas formalmente inobjetables”. Sin embargo, militares de todas las épocas pusieron en blanco sobre negro muchas de las prácticas habituales que constituyen delito. “En la Escuela de las Américas enseñaban directamente cómo quebrar la voluntad del oponente con la tortura. Estos métodos están escritos. Estaquear al soldado está por escrito, le llaman calabozo de campaña”, dijo el coronel retirado Horacio Ballester, presidente del Centro de Militares para la Democracia (Cemida). “El plan del genocidio está estipulado en la Doctrina de Seguridad Nacional, bajo la tutela de Estados Unidos, y la prueba es que todas las dictaduras de la región hicieron lo mismo. Hoy mismo la acción psicológica sigue rigiendo en Honduras”, completó. Página/12 le preguntó sobre la tortura “de tercer grado” que menciona el reglamento RC–5-1. “Sería la más leve, si es que puede haber grados en esta atrocidad, como cuando (George) Bush decía que el submarino estaba permitido, o algunos países que avalan la tortura hablan de ‘leve descarga eléctrica’”, respondió Ballester. Y reveló una experiencia personal: “Yo estaba en el candelero y todavía estaba Lanusse en el poder, entonces hicieron circular que yo me había ido con una guerrillera, la llamaban a mi señora para decirle eso, estaban usando la calumnia”.

El abogado Pedroncini cree ver la impronta de la llamada Escuela Francesa en materia represiva, pero al coronel Ballester le parece que el reglamento en cuestión puede ser una traducción de algún manual norteamericano de la Escuela de las Américas. “Cuando me recibí, los oficiales no podían usar bigote y los solteros tenían que vivir en el cuartel. Hay reglas que fueron quedando a través de los siglos, que trajo San Martín, como los tribunales de honor; unas absurdas y otras atroces.” Con el objetivo de dar una respuesta concreta a las continuas demandas de la justicia sobre documentación referida a la represión ilegal, en marzo de 2000 el Ejército ordenó una intensa búsqueda que culminó con el hallazgo de varios manuales. Encontraron reglamentos sobre la “lucha contrainsurgente” que los propios militares definieron como “viejos manuales del terrorismo de Estado que son copias de los elaborados por Estados Unidos para combatir en Vietnam”. El hallazgo puso los pelos de punta a más de uno, por lo cual el entonces ministro de Defensa, Ricardo López Murphy, se apresuró a ponerlos en manos de la Justicia. El ex jefe del Ejército Martín Balza había acusado al represor Cristino Nicolaides de haber incinerado toda la documentación referida a la represión ilegal. El ex general replicó exigiendo que mostrara las actas de incineración, de modo que en enero de 2000 Balza comunicó en forma oficial que no existían más instructivos de los sicarios del Estado. Sin embargo, reglamentos cada vez más comprometedores siguen apareciendo

domingo, 22 de agosto de 2010

Burgueño-Vattino-33 Años-Terrorismo de Estado



Hace algunos días se cumplieron 33 años del Secuestro y Desaparición de Ada Margaret Burgueño, uruguaya, 24 años y de Daniel Omar Vattino, argentino, 23 años.

¿Por quienes fueron secuestrados? Ud. arriesgará delicuentes comunes .....Casi.....
Pues delincuentes eran y comunes también, pero pertenecían a Fuerzas de Seguridad (?)

Los delincuentes secuestradores y torturadores, pertenecían a la Policía, tanto Federal como de la Pcia. de Bs.As. a Prefectura, Gendarmería, F.Aérea, F.Naval y Ejercito

Si, los secuestradores, eran parte del Terrorismo de Estado, que se aplicó en Argentina desde 1974 a 1983.


A continuación texto del libro "El Escuadrón Perdido" de José L. D`Andrea Mohr


El 4 de febrero de 1947 Julio Roberto Vattino y cientos de jóvenes conscriptos recién incorporados recibieron la orden: "¡Embarquen!". Estaban en la estación Chacarita, a cargo del sargento Ledesma, y su destino era el Regimiento 4 de Infantería, en Monte Caseros, Corrientes, al mando del teniente coronel Miguel Juan Semeraro.

Llegaron a destino y los alojaron en carpas, porque la unidad estaba en construcción y los conscriptos iban a ser utilizados como mano de obra para esa tarea.
Roberto Vattino fue designado furriel de una compañía al mando del teniente Juan José Narciso Cantarell, quien años después entraría en esta historia.

A pocos días de llegar, la compañía recibió la orden, precedida por un toque de silbato: "¡Al pie de la cama!". Los soldados saltaron al piso y formaron en dos filas separadas por el pasillo central.
Un conscripto, medio dormido, cayó al piso desde la cama de arriba y tardó en pararse más de lo deseado por el cabo Notaro, suboficial de semana. Este hombre, enfurecido y tal vez ebrio, se abalanzó sobre el recluta y lo pateó en las costillas. Pese a que el muchacho se desmayó, el cabo continuó paseándolo. Lo llevaron a la enfermería y murió allí a los dos días de la cobarde agresión. Se hizo el velatorio en el Regimiento 4 y los soldados se enteraron de que el compañero asesinado era judío cuando un suboficial retiró el crucifijo de la capilla ardiente.

El cadáver del soldado fue entregado a los padres en cajón cerrado con la explicación de "muerte por accidente al caer de la cama superior". El parte médico rezaba "Muerte por destrucción del bazo y fractura de dos costillas". El médico del Regimiento 4 de Infantería era el teniente primero Radamés Angel Fioretta y al asesino, el cabo Notaro, lo cambiaron de compañía como castigo.

En septiembre de 1947, por su excelente desempeño, Roberto Vattino salió con la primera baja.

Lejos estaba de imaginar que treinta años después padecería un infierno parecido al de los padres del soldado judío asesinado a patadas por un suboficial del Ejército Argentino, cuyo crimen quedó impune.

El 6 de mayo de 1977 Daniel Omar Vattino ingresó al servicio militar como soldado de la Escuela de Suboficiales "Sargento Cabral".

Tenía 23 años, había pedido prórroga, era profesor de piano y estudiaba Filosofía. Conoció en Buenos Aires a Ada Margaret Burgueño, descendiente de Tomás Burgueño, militar uruguayo integrante de los "33 Orientales". La muchacha, después de revalidar en la Argentina su título secundario, se anotó en la Facultad de Ciencias Económicas.

Daniel y Marga se enamoraron y, después de algún tiempo, una enfermedad pasajera de la joven hizo que los padres del muchacho decidieron alojaría en su casa, donde compartió la habitación con Alicia Vattino, hermana de Daniel. Casi un año después de la mudanza de Ada, los jóvenes decidieron casarse y obtuvieron fecha en el Registro Civil de San Martín para el 22 de agosto.

Daniel Omar Vattino, inicialmente, fue designado, (NdeR: en la colimba), conductor de un Unimog; poco después lo cambiaron de vehículo y pasó a manejar un colectivo pintado exactamente igual que los de la línea 176. En él viajaban entre Palermo y la Escuela "Sargento Cabral" los oficiales que residían en la Capital Federal.

Durante su desempeño como conductor del Unimog, Daniel narró a sus padres lo que sigue: "Tuve que que llevar varias veces mucha comida en cilindros a Campo de Mayo. Me hacían detener a doscientos metros de la Plaza de Tiro y allí cargábamos los tachos en un rastrojero, nos llevábamos los vacíos y volvíamos a la Escuela". (Daniel no podía saber, aunque intuyera algo muy extraño, que la comida que transportaba era para los secuestrados en uno de los centros clandestinos de detención de Campo de Mayo.)

El 19 de agosto de 1977 Roberto Vattino llevó a Daniel a la Escuela de Suboficiales en su automóvil y lo dejó allí a las seis y media de la tarde. Se despidieron con alegría: tres días después sería el casamiento con Marga y, con un poco de suerte, llegaría la baja.

Al día siguiente por la madrugada, la casa de los Vattino en Villa Ballester fue allanada por varias personas vestidas de civil. Abrieron la puerta con una llave del llavero de Daniel Omar y uno de los bandoleros llegó hasta el dormitorio del matrimonio.

Despertó a Roberto poniéndole una pistola en la sien y se presentó como "José Giordano, de Coordinación Federal" (aunque uno de sus subordinados lo llamó "mi capitán").

Giordano obligó a Vattino a conducirlo a la habitación donde dormían la novia y la hermana de Daniel, enferma de cólico renal.

-¿Cuál es la enferma? -preguntó Giordano.
-Yo, ¿qué pasa? -contestó Alicia Vattino.
-Con usted nada. Usted, vístase -ordenó Giordano a Marga.

La muchacha le pidió que saliera mientras se vestía, pero el individuo permaneció en la habitación hasta que Marga estuvo lista. La llevaron a la cocina para interrogarla, mientras el resto de la familia, encañonado por uno de los bandidos, permanecía en otra habitación.

Luego del interrogatorio, que se llevó a cabo sin violencia, Giordano obligó a Roberto Vattino a firmar una suerte de acta mediante la cual reconocía que no se habían producido maltratos ni robos.

Lo cierto fue que los incursores se llevaron un pasacasettes antes de retirarse, con Marga detenida, en un Fíat y dos Peugeot 504, que días después Roberto Vattino vería en la Escuela de Suboficiales y en el Comando de Institutos Militares. La muchacha secuestrada llevaba en la cartera 80.000 pesos ahorrados y regalos para el inminente casamiento con Daniel.

A la mañana siguiente Roberto Vattino se entrevistó con el director de la Escuela de Suboficiales, coronel Norberto Chiappari, quien le dijo que el hijo no se había presentado el día 19 como debía. Indignado, el padre de Daniel le recordó al coronel que él mismo había dejado a su hijo dentro del cuartel. El militar, entre tartamudeos propios de su personalidad timorata, admitió la veracidad de lo dicho por Vattino, pero dijo: "Entonces. .. se habrá fu...gado". El indignado padre hizo hincapié vehementemente en lo absurdo de una fuga a tres días de casarse, pero el director mantuvo su teoría.

Roberto regresó a su casa muy asustado. Poco después se presentó un oficial de la Comisaría de Villa Ballester con "orden del Ejército de hacer un plano de la casa". Mientras lo hacía, comentó su hartazgo con la familia: "Yo me voy a ir porque está todo podrido".

A partir del momento de la desaparición de Marga y Daniel, el calvario de los Vattino y los Burgueño recorrió todos los lugares imaginables, mientras soportaban interrogatorios y humillaciones de los terroristas de Estado.

Entre tantas vueltas, Roberto Vattino logró contactar a Juan José Narciso Cantarell, su antiguo jefe de compañía, ahora coronel. Después de escuchar el relato del padre de Daniel, en el que incluyó lo de la comida entregada en Campo de Mayo, el coronel dijo: "Su hijo tiene que estar en Campo de Mayo".

Pasaba el tiempo y ninguna autoridad reconocía la detención de Marga y de Daniel. La casa de los Vattino comenzó a ser visitada por el capellán de la Escuela de Suboficiales, hombre que se desplazaba en una motoneta.

¿El sacerdote pretendía brindar ayuda y apoyo o averiguaba las actividades de la familia para encontrar al hijo? Tiempo después, el padre Benzi -de él se trataba- recibió con asombro el perdón de Roberto Vattino en su cama del sanatorio San Camilo, donde agonizaba víctima de leucemia.

En 1979 el general Cristino Nicolaides, entonces comandante de Institutos Militares, recibió a Roberto Vattino en su despacho. Su hipocresía quedó demostrada cuando se sacó las jinetas y dijo: 'Hablemos de padre a padre". Vattino, asqueado, ironizó ácidamente: "Usted, por su forma de ser, llegará a comandante en jefe". Así ocurrió.

Ada Margaret Burgueño, la novia de Daniel y su esposa en la eternidad, había sido miembro de la Juventud de Estudiantes Católicos del Uruguay. Ese grupo de jóvenes recogía y ponía en práctica las enseñanzas del obispo Caidjin respecto de la opción ineludible por los pobres. Consultado Caidjin por un periodista acerca de qué método iba a utilizar "para la pesca de almas", si el anzuelo o la red, contestó: "En realidad no me propongo pescar sino cambiar el agua de los peces".

Lo mismo que el obispo, querían Ada Margaret Burgueño y Daniel Omar Vattino. Pero el agua siguió podrida y ellos dos, están desaparecidos.

Colimbas Secuestrados y Desaparecidos

"Sí, juro"

"Rememorando una fecha y un acontecimiento clave de un período también clave de la historia de nuestro país, a la vez que la presencia y acción de un gran hombre civil ante una gran acción militar, que legó a su patria algo más que dos símbolos y algunos triunfos bélicos, nuestra agenda patriótica ha señalado el día 20 de junio de todos los años como el “día de la bandera”. La expresión atesora para la Argentina, sus hombres y sus tierras, un retazo vital de su elaborada historia"

"Las normas militares asignaron a la fecha, como bien escogido broche de oro de una alhaja confeccionada con los mejores afanes, la prestación de juramento de lealtad al emblema y a lo que él representa, por parte de los jóvenes que transitan por las filas del Ejército, cumpliendo un período de vida militar que es de rigor. Así, como los anteriores, como los que vendrán, el último 20 de junio mezcló con las tempranas caricias del sol, un nítido, vigoroso y expansivo pronunciamiento brotado de miles de gargantas de soldados, exclamando al unísono ¡Sí, juro! "

"El juramento fue largado al viento en voluntaria atadura de miles de destinos al de la patria madre en directa y ardiente promesa de amor a millones de compatriotas, en amante e indestructible desposorio con la tierra nativa, en consciente ofrecimiento de servicio incondicionado al interés de la comunidad nacional y su 'hábitat' -que eso es la Patria para el hombre incorrupto-, en ofrenda de lo mejor de sí mismo a los hermanos del país natal... Y, en consecuencia, en sagrado propósito de defender de la destrucción los frutos del amor y del trabajo brotados del suelo común"

"Miles, varios miles de soldados volcaron su desbordante pureza y grandeza de sentimientos y de anhelos en ese amante y resuelto ¡Sí, juro! de su “propio 20 de junio

"Pero “su propio 20 de junio” no ha sido para todos esos miles de generosos jóvenes que alzaron al cielo su promesa de consagración y sus planes para una vida de servicio a su Argentina el inicio del cumplimiento de la gran promesa del hombre a favor de los hombres, como herederos dignos de un HOMBRE perdurable. No. “Su 20 de junio” fue, para un grupo de nuestros soldados, su último 20 de junio en libertad, en tremenda contradicción con su sentido sublime"

"Con su juramento, valiente y grandioso de amor, del real amor surgido del Evangelio, recibieron el golpe cobarde del odio de unos pocos (dolorosamente compatriotas)"

"Mientras juraban de frente, cara al sol y a la humanidad, caía sobre sus espaldas la respuesta inesperada y traidora que los hundió, sin explicación, en el alejamiento del mundo libre y conocido, en cruel incertidumbre, sumiendo en el dolor indescriptible a varios seres más por cada uno de ellos.

"Ellos ofrecieron a Dios y a su patria, en 'su 20 de junio', un mundo empeñoso y sus mejores propósitos, que la fuerza física y la mezquindad de unos pocos (compatriotas, dolorosamente) frustró, prepotente, incomprensivamente, brutalmente.

'Sus nombres y sus semblanzas van grabándose con creciente nitidez en la memoria y el corazón de sus compañeros, de sus amantes familias, de las páginas de la historia, de la humanidad entera. Bastan algunos de ellos para representar, en estas modestas líneas del más emocionado homenaje a esa legión de héroes auténticos, para ese grupo de soldados argentinos que en "su 20 de junio” fueron despojados de la libertad, el más preciado don entregado por Dios a sus hijos:

Varsavsky, David
Rodríguez Rojas, Julián
Gómez Barrionuevo, José
Begega Tripodi, Guillermo
Chab Tarab, David
Rinaldi, Raúl
Gimenez D’Imperio, Luís
Coltzau, Gerardo
Ríos, Enrique
Maggio, Rubén
Bedne, Darío
Tarsitano, Francisco Manuel
Molina, Luís Alberto
Carloni, Oscar Marcos
Robles, Alberto Horacio
Navajas Jáuregui, Eduardo Enrique
Aleksosky, José David
Della Flora, José
Vicini, José Luís
Morandi, Héctor Victorio
Thomas Molina, Alfredo
Hartung, Marcelo Reinaldo
Bonvino, Horacio
Reale, Eduardo
Scognamillo, Rubén Oscar
Weber, Carlos Alberto
Romay, Alfredo
González Figoli, Hernán
Cantis, Ricardo Aníbal
Calabrese, Héctor Claudio
Martínez Lagrava, Atilio Cesar
Andrade, José Eduardo
Pironi, Aldo Antonio
Fernández, Oscar Alejandro
Guerci, Eduardo
Finguerut, Pablo Alberto
Margeli, Horacio Daniel
Conte Mac Donnell, Augusto Maria
Vodovossoff, Hugo Diego
Vila, Juan de Dios
Saipe, Miguel Domingo
Miller, Oscar Alfredo
Salerni, Gino Luís
Fanchi, Raúl Edgardo
García Castelu, Horacio
Hoyo, Miguel Ángel
Papetti, Jorge Emilio
González, Argentino Vicente
Lera, Francisco Domingo
Suárez, Roberto Daniel
Arce Gómez, Abel
Belluz, Juan Pablo
Robles, Julio Secundino
Parente, Hugo
Gómez, Ricardo Alberto
Genes, Carlos Rolando
Reyna, Francisco Ireneo
Brizuela Cortes, José
Coronel, Alfredo Antonio
Hernández, José
González, Víctor Hugo
Oliva, Néstor Alberto
Tosi, Aníbal Dante
Canizzo, Juan Antonio
Amaya, Luís Segundo
Lafitte, Paulo Alberto
Brizzi, Víctor Mario
Flores, Mario Ivan
Gauto Duarte, Miguel Ángel
Ledo, Alberto Agapito
Concha López, Julio Milsciades
Pastori, Juan Carlos
Soldati, Luís Alberto
Furth, Adolfo
Juárez, Máximo José
Parada, Ernesto Mario
Steimberg, Pablo Luís
García, Luís Daniel
Eder, Rodolfo Mario
Vattino, Daniel Omar
Monges, Norberto Hugo
Albarracin, Eduardo Pablo
Ostroñux, Fernando
Luna, Néstor Horacio
Miño Aguirre, Luís Alberto
Palermo, Norberto Hugo
Lenzi, Augusto María
Corrales, Osvaldo Raúl
Barbona, Luís Alberto
Bignasco, Claudio Daniel
Rodríguez, Raúl Orlando
García Martegani, Alejandro
Colella, Eduardo Alberto
Irastorza, Héctor Manuel
Jiménez, Miguel Ángel
Méndez, José Delinio
Saubiette, Leonel Eduardo
Aguilar, Guillermo Aníbal
Bonfiglio, Teodoro Alfredo
Llanivelli, Ramón Antonio
Crosetto, Víctor
Campora, Gerardo José
Escobar, Carlos Robustiano
Valle, Juan Carlos
Musmeci, José Luís
Gutiérrez, Ramón Carlos
Varela, José Manuel
Fiorito, Miguel Ángel
Zatylny Rizzo, Ricardo Héctor
Leguia Benítez, Enrique Guillermo
Arkatyn, Miguel Ángel
Waciarz, José Miguel
González Baldovin, Sergio
Bonil, Jorge Antonio (también esta como Jorge Alberto)
**
Bravo, Jesus Mario (también esta como Jesus Maria)
**
Guerrero, Norberto
Cantos, Germán Francisco
Bustos Toloza, Jorge Dante
Molfino, Mario Vicente
Colombo, Sergio Vicente
Mazzochi, Pedro Luís
Ritter Rosenfeld, Guillermo Daniel
Sulkies, Pablo Alberto
Tarnopolsky, Sergio
Lasalle, Juan José
Rodríguez, José Luís
Mellino Schwartz, Helvio Alcides
Vila Acosta, Juan de Dios
Juárez, Máximo José
Araujo, Wenceslao
Castellano, Eduardo
Roveda Daniel
Lizondo Roberto Daniel
Mainer Gómez Pablo Joaquín
Fossatti, Rubén Leonardo
Barbona, Luís Alberto
Ledesma, Juan Carlos
D’ Agostino Alberto Hugo
Nadal Raúl Eduardo
Burucua Luís Martín
Monzón Reinaldo José
Lazarte, Juan Rene
Gargaglione Rubén Horacio
Cabral, Raúl Roque
Díaz, Martín Enrique
Blanco Adrián Eloy
Ávila, Luís María
Molinillo, Guillermo Mario


'Legión de héroes auténticos, sí; seguidores del gigante de Belén, encarnación de la prodigalidad; soldados de la Cruz; sembradores de paz; estad seguros de que, hasta su retorno a la libertad, tras el aborto provocado desde tus espaldas, 365 amaneceres del año, refrescarán, con sus primeras luces y tibieza solar, aquel juramento de servicio y amor inmaculado que llegó al propio cielo en “tu 20 de junio”, en las sílabas de tu “Sí, juro!”



"Homenaje de Mercedes LAGRAVA DE MARTINEZ**
a su hijo y a todos los soldados argentinos
desaparecidos bajo la represión militar"



** En los archivos, tal vez por equivocación, figuran con otro nombre.

** El 21 de junio de 1977, mientras cumplía el servicio militar obligatorio en el Distrito Militar de La Plata, después de haber jurado la bandera el día anterior, Atilio César Martínez Lagrava, fue enviado en comisión al Regimiento de Infantería Nro. 7 de esa ciudad por el entonces jefe del distrito Carlos José María Martínez. Desde entonces no se supo más sobre su paradero.